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Cuando Sánchez quiso hacer un Borgen con vendetta a los suyos

26/12/2015 12:09 CET | Actualizado 25/12/2016 11:12 CET

No hay tregua, ni paréntesis, ni concordia... Fuera caretas e imposturas. El espíritu navideño no ha pasado este año por Ferraz. Escuchen la banda sonora porque los socialistas han cambiado los villancicos por los tambores de guerra y las postales por las advertencias. ¿La excusa? La política de alianzas para el Gobierno de cambio que persigue su secretario general. ¿El motivo de fondo? La batalla por el liderazgo. Un déjà vu.

El recogimiento del PP

Así que este repertorio semanal lo llenan solitos los socialistas porque el PP, pese a haber perdido la mayoría absoluta, casi cuatro millones de votos y 63 escaños, no bulle como hierve el PSOE. Será porque la derecha siempre fue más de recogimiento que de algarabía en estas fechas. Y de España, de la necesidad de llegar a acuerdos entre todos los partidos y de las consecuencias de "romper la ley" en Cataluña ya ha halado Felipe VI desde el mismo Palacio Real del que tuvo que huir su bisabuelo en los albores de la II República por una puerta secreta que daba a los jardines del Campo del Moro.

Domingo de repliegue táctico

¿Saben? Con una escena parecida habían soñado algunos socialistas para la noche del 20 de diciembre de 2015. No para un monarca, sino para un secretario general; no en el Palacio Real, sino en la calle Ferraz; no por una puerta secreta, sino por el garaje... Todo estaba previsto para que a las doce de la noche lo mas tardar Pedro Sánchez tuviera que abdicar. Susana Díaz tenía el plan y otros barones lo secundarían.

Pero no pudo ser. El resultado, aunque el peor de la historia del PSOE (90 diputados y un 22 por ciento de los votos), permitió mantener la segunda posición del tablero, y el "susanismo" replegó tácticamente a sus tropas, ávidas de tomar esa misma noche las riendas de un socialismo a la deriva.

El repliegue duró poco, apenas unas horas, lo que tardaron los barones en adivinar que Sánchez estaba dispuesto a ser investido con el apoyo de Podemos, IU y el independentismo. "La política de pactos la decide el Comité Federal", tuvieron que recordarle en televisiones y radios los secretarios generales a su candidato, que tardó tres días en comparecer públicamente después de haber cosechado el domingo el peor resultado electoral de la historia del socialismo. El miércoles al fin lo hizo, después de una fugaz cita con Rajoy en La Moncloa para decirle que no apoyaría en ningún caso su investidura y que él lo que quería era un pacto Borgen a la española para ser presidente del Gobierno.

Llegar a La Moncloa se ha convertido en su obsesión, y en una especie de vendetta contra los suyos, que nunca se lo han puesto fácil y además pretenden dictarle la hoja de ruta. Los barones no quieren que pacte con el PP, tampoco con Podemos y menos con los independentistas... Y esa ha sido el subterfugio para desatar la enésima guerra. El móvil, siempre, la batalla por el liderazgo.

Rubalcaba y Almunia, en Ferraz

César Luena fue quien dio pie al coro de barítonos que acompañan a la soprano Díaz para empezar el combate cuando anunció que el congreso federal que debía celebrarse en febrero se aplazaba a primavera, y que Sánchez iría a la reelección. Después, lo empeoraría con una sucesión de amenazantes llamadas a los barones más influyentes del PSOE para pedirles un cierre de filas en el Comité Federal del lunes 28.

Mientras esto sucedía, Sánchez se reunía el martes en Ferraz con Alfredo Pérez Rubalcaba y Joaquín Almunia para pedirles asesoría. Con Zapatero habló por teléfono y con Felipe González se entrevistó el miércoles en el domicilio del otra presidente del Gobierno, convaleciente estos días de una intervención quirúrgica en un ojo. La respuesta de todos fue unívoca: si el PP ha sido la primera fuerza política es a Rajoy a quien le corresponde buscar apoyos para formar gobierno, y al PSOE, irse a la oposición sin escuchar siquiera las condiciones de Podemos para un hipotético acuerdo ni arrimarse a los independentistas.

Blindarse como candidato

Al mismo tiempo los cuadros territoriales, capitaneados por la "reina del Sur", emitían señales de su doble NO: a la alianza con Podemos y los independentistas y al aplazamiento del congreso federal para blindar a Sánchez como candidato en el caso de que hubiera que repetir elecciones generales en mayo.

Las espadas siguen en alto, más que nunca: Sánchez dispuesto a explorar sus posibilidades como futuro jefe de Gobierno y a blindarse como candidato y los líderes territoriales, preparados para llevar su pulso al máximo órgano entre congresos y provocar la caída de su líder... ¿Susana Díaz? A la espera de que la semana que entra llegue el Apocalipsis y pueda por fin erigirse en solución a los problemas del socialismo.

No se atrevió en julio de 2014, tampoco tras las elecciones municipales y autonómicas, pero ahora está más dispuesta y más activa que nunca. Es ella, como siempre, quien mueve los hilos y es la más empeñada en que el secretario general que ella misma aupó hasta la cima abandone Ferraz, a ser posible por el garaje. No le basta con la salida, quiere la humillación pública.

Ferraz prepara su artillería

"La ambiciosa aspirante a cargarse el PSOE" -así se refieren a la presidenta de Andalucía en el entorno del secretario general- no parará hasta conseguir su objetivo. En la dirección federal lo saben. y preparan su artillería. De momento, sólo es dialéctica: "Susana Díaz fue una vez la solución y hoy es el gran problema del socialismo. Mientras ella no mande envenenará todo. No dejó vivir a Rubalcaba hasta que dimitió y no ha dejado vivir un solo día a Sánchez. Pues que salga de una vez del lado oscuro y anuncie que lo que quiere es el liderazgo. La esperamos. Pero que recuerde que el PSOE no es de Pedro Sánchez, pero tampoco de ella ni de sus mariachis, sino de la militancia".

Mientras lo hace, desde Ferraz la invitan a explicar por qué que Sánchez diga a su Ejecutiva que se presentará a la reelección es una ofensa y que ella anuncie la noche del 20-D a cuatro de sus secretarios provinciales que competirá por la secretaría general no lo es.

Lo dicho: que el espíritu de la Navidad no pasó este año por el socialismo