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Las claves de la semana: El regreso del hombre tranquilo

10/06/2017 09:42 CEST | Actualizado 10/06/2017 09:42 CEST
EFE

En The quiet man, de John Ford, John Wayne es un hombre tranquilo y pacífico que regresa a su Irlanda natal, de donde salió con 12 años rumbo a Estados Unidos. Una vez allí, la vida no es tan idílica como esperaba y todo le resulta desconocido. Es probable que a José Enrique Serrano, que nunca ha dejado el PSOE pero sí el Parlamento hace año y medio, le cueste tanto como a Wayne acostumbrarse al nuevo "paisaje" de la política, aunque haya vivido otras grandes transformaciones del país desde las tripas del Estado y del socialismo

La de Serrano es también la historia de un hombre tranquilo y pacífico que quiere olvidar el terrible y doloroso pasado reciente del PSOE y que regresa, de momento, para prestar su pluma y su experiencia a los suyos. Así que cuando el próximo martes, el valenciano José Luis Ábalos suba a la tribuna del Congreso para defender la abstención del PSOE a la moción de censura impulsada por Pablo Iglesias, muchos verán tras sus palabras la mano de quien fuera jefe de gabinete de los presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa y habitual del núcleo de poder de cuantos secretarios generales ha tenido la socialdemocracia española desde la Transición.

Un discurso para la abstención "made in" Serrano

La del portavoz provisional del PSOE será una intervención dura con Mariano Rajoy, pero en absoluto complaciente con Podemos. Y es que nadie mejor que Serrano -que formó parte del equipo negociador del PSOE con Podemos y Ciudadanos para la formación de un gobierno alternativo a la derecha tras el 20-D- sabe de la dudosa voluntad de los morados para investir entonces a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. A Ábalos se lo recomendaron como gran hacedor de discursos, y no tuvo duda en que era la mejor opción para la construcción de un relato con el que defender la abstención en la tercera moción de censura en democracia.

El enésimo adiós de Madina

Si Eduardo Madina se decide, tras el verano, a hacer público lo que ya ha comunicado a una ristra de sus allegados, José Enrique Serrano volverá además al Parlamento como diputado, ya que es el siguiente en la lista para ocupar el puesto de la próxima renuncia que se produzca en la candidatura de Madrid por la que concurrieron ambos en las últimas elecciones.

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En el PSOE lo dan por hecho, pese a que cuando Madina perdió las primarias de 2014 también anunció como ahora "urbi et orbi" que dejaba la política, aunque finalmente no lo hizo. Pudo más la presión de quienes le prometieron un futuro no muy lejano del PSOE sin Pedro Sánchez que el tanteo de una empresa privada para que se hiciera cargo del departamento de Relaciones Institucionales. Lejos de volver a dar clases a la Universidad como tantas veces también amagó, el socialista vasco prefirió quedarse silente en el escaño sin más actividad que la de organizar el desembarco de Susana Díaz en Madrid.

Hoy todo es distinto: la figura de Madina -como la de cuantos fiaron gran parte de su crédito político a la victoria de la presidenta de Andalucía- cotiza a la baja; Sánchez ha ocupado con un discurso más a la izquierda el espacio político natural que se le atribuía al vasco antes de virar a las posiciones del establishment socialista; la legitimidad del nuevo secretario general tras una victoria holgada contra todo y contra todos es infinitamente mayor a la de hace tres años y hoy nadie está dispuesto -salvo suicidas- a otra operación de desestabilización que pueda acabar definitivamente con las siglas.

El diputado por Madrid, antaño por Vizcaya, ha perdido no una sino dos veces frente a alguien a quien siempre consideró inferior política e intelectualmente, y su disposición a colaborar con la nueva dirección es nula igual que lo fue en 2014, pese a que Sánchez le ofreció sin ningún éxito primero entrar en la dirección federal y, después, formar parte del "consejo de sabios" que le asesoró durante la campaña electoral. Así que todo el mundo da por bueno que esta vez, pese a que es la enésima que lo proclama, sí saldrá de la política para crecer personal y profesionalmente y reinventarse en la vida civil. Y eso que, pese a que ya ha renunciado a ser ponente del documento político en el congreso del próximo fin de semana, su versión oficial se limita a un: "No sé si lo voy a dejar. Ahora en lo único que pienso es en el verano".

Lastra no se ve en la portavocía

Su marcha devolvería a la primera línea a Serrano, lo que en las filas del socialismo no es baladí, ya que el Grupo Parlamentario en lo que se refiere al "sanchismo" no anda sobrado ni de experiencia institucional ni de altura política. No en vano, a pocos días del congreso federal no está tan claro que Sánchez opte finalmente por un perfil tan orgánico como el de la Adriana Lastra para la portavocía parlamentaria. De ahí que se pensara en buscar un presidente de Grupo que, ante la ausencia de Sánchez en el Congreso, pudiera tutelar a la asturiana y sustituirla en los debates con Mariano Rajoy. Ni siquiera la propia Lastra, más bregada en tareas de organización, se ve en el papel que hoy ocupa provisionalmente Ábalos hasta que se configure la nueva dirección.

Parlón, Política Social y Montón, Igualdad

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Lo único que se sabe es que Sánchez piensa en una Ejecutiva amplía, paritaria e intergeneracional, que no atenderá a criterios territoriales y en la que serán fijos, además de Manuel Escudero,José Felix Tezanos y Susana Sumelzo; las ex ministras de Cultura y Vivienda, Carmen Calvo y Beatriz Corredor; el sevillano Alfonso Gomez de Celis, que podría ocupar la secretaría de Política Municipal; la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet, Nuria Parlón, al frente de Política Social; el alcalde de Valladolid, Óscar Puente y la actual consejera de Sanidad de la Generalitat valenciana, Carmen Montón, que se ocuparía del área de Igualdad.

Montón, que aguantó todo tipo de presiones para que dimitiera junto a la mitad de la anterior Ejecutiva de Sánchez una semana antes del trístemente célebre 1 de octubre y se mantuvo al lado del secretario general, teme su salida del Gobierno que preside Ximo Puig, quien hizo campaña por Susana Díaz, por lo que habría manifestado su interés en regresar a la política nacional.

Sigue en el aire la incorporación de Patxi López a la secretaría de Política Federal, ya que el ex lehendakari aún no ha respondido a la oferta de Sánchez al considerar que la integración y la pretendida unidad debiera incluir en la dirección a algún referente más de su candidatura. Lo mismo ocurre, aunque por otros motivos, con Cristina Narbona, con cuyo nombre se ha especulado para la Presidencia del partido, pero plantea cuestiones de compatibilidad con su actual puesto de consejera del Consejo de Seguridad Nacional.

A la espera de destino, como otros tantos, está Francisco Toscano, alcalde de la localidad sevillana de Dos Hermanas desde 1983 y uno de los principales valedores de Sánchez desde 2014, que no ha ocultado su deseo de ocupar este mismo puesto.

Díaz, ahora sí centrada en Andalucía

Los teléfonos en esta semana que acaba no han parado de sonar en los despachos de Ferraz, y todas las llamadas respondían a la misma inquietud: quién sí y quién no estará en la nueva dirección. Quien más y quien menos quiere ver recompensa al apoyo prestado durante las primarias. Y todo mientras Susana Díaz intentaba sin éxito darse un barniz con el nombramiento del ex coordinador de IU en Andalucía Diego Valderas como comisionado para la Memoria Histórica, un puesto de nuevo cuño con el que la presidenta de la Junta pretendía quitarse el lastre de "cooperadora necesaria" del Gobierno de Rajoy y de paso sembrar cizaña en la relación entre IU y Podemos.

Parece que con la jugada, aunque fallida, y la reciente remodelación de su Ejecutivo, ahora sí está dispuesta a centrarse en Andalucía. O no...