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Las claves de la semana: Rajoy hace la cobra (al PSOE)

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Una ilusión, una sombra, una ficción... Ya nos lo dijo Calderón, que la vida -en este caso la política- es un sueño, y que los sueños, sueños son. Fantaseamos con el talante, con el diálogo, con el cambio y con la enmienda. Pero nada. De pronto, despertamos de la modorra de diez meses de bloqueo, y reapareció Rajoy en estado puro y en la misma compañía: Soraya, Montoro, Guindos, Catalá, Bañez y, ahora también, Cospedal. Un Gobierno de continuidad y de equilibrios internos.

Nada ha cambiado. Rajoy sigue siendo Rajoy y su forma de entender la política, con mayoría absoluta o sin ella, es la misma. No hubo guiño, sino una cobra en toda regla a los españoles en general y al PSOE, en particular, que es quien le regaló, junto a Ciudadanos, la investidura.

Y los de menos de 40, mudos y sin cartera

El presidente vuelve por sus fueros, cambia el plasma por el comunicado y hace un gobierno de suma y sigue. Ni cambios profundos en la estructura, ni nombres que hagan pensar en grandes reformas. De jóvenes e independientes, mejor ni hablamos. Que los de Génova, de menos de 40, también se quedaron sin palabras, además de sin carteras.

El gran cambio se quedó en la salida del réprobo Fernández Díaz. Su permanencia hubiera sido además de ensañamiento, burla y desprecio. De ahí, que el catalán haya sido el único "ángel caído" porque el verso suelto de Margallo hace tiempo que se sabía de salida y lo de Morenés, apenas cuenta porque nunca contó para nada.

Si hay que reconocerle algún propósito de enmienda es el de quitar a Sáenz de Santamaría de portavoz del Gobierno, pero eso no tiene que ver con el interés general, sino con el particular que ha buscado la vicepresidenta en el ejercicio de su cargo pasando por encima de quien hiciera falta, incluido el propio presidente del Gobierno.

El "castigo" por medrar un "pico" más de la cuenta queda compensado con la asunción de nuevas competencias (Administraciones Públicas) y con un aumento de la presencia de "sorayos" (Álvaro Nadal) en el gabinete. Así es Rajoy. Te quita, pero te da. No quiere líos y por eso equilibra el peso de la vicepresidenta con la presencia de Dolores de Cospedal en Defensa. Un ministerio, eso sí, más para lucir que para decidir, aunque tampoco esté la secretaria general del PP para mucho lucimiento después de lo del despido en diferido, la destrucción de ordenadores de la calle Génova y demás desvaríos.

Cuando el ministro de Defensa pasaba el filtro de Zarzuela

No hay precedente de un titular de Defensa que haya tenido responsabilidad orgánica en un partido. Rajoy rompe moldes hasta en eso, y permitirá así que Cospedal fustigue en fin de semana a los adversarios políticos y haga política de Estado, de lunes a viernes. Dicen por ahí que con el Rey emérito jamás hubiera pasado esto, ya que el titular de Defensa era un ministro que antes de ser nombrado debía pasar el filtro de Zarzuela. La pelea entre las dos mujeres fuertes del gobierno promete más entregas que las que dieron Teresa Fernández de la Vega y Rubalcaba en sus mejores tiempos.

Por lo demás, el presidente mantiene a Montoro, el ministro de los recortes y la amnistía fiscal en Hacienda; promociona como titular de Sanidad a Dolors Montserrat, una catalana sin conocimiento alguno del sector; sustituye a Margallo con un diplomático experimentado pero sin perfil político y premia a De Guindos con nuevas competencias pero sin rango de vicepresidente.

El desprecio de Santamaría por la libertad de prensa

Todo igual, salvo la nueva voz que ustedes escucharán los viernes al término del Consejo de Ministros. El titular de Educación. Íñigo Méndez de Vigo, no sólo tendrá que lidiar con la aplicación de la LOMCE, sino también con los incómodos periodistas. Con que conceda la palabra a los informadores en las ruedas de prensa de forma menos arbitraria y sectaria de lo que lo hacía Santamaría, ya habrá superado a su antecesora en respeto a la libertad de prensa.

En resumen, que con la configuración del nuevo gobierno salimos todos de dudas, después de que Rajoy nos despistara con dos discursos opuestos en la investidura: el del diálogo que inauguraba una nueva etapa de entendimiento y el del inmovilismo y el todo sigue como estaba porque al gobierno no le gobierna nadie más que yo.

A Mario Jiménez se le puso cara de Chenoa

Todo igual, menos para una izquierda dividida, descabezada y noqueada tras conocer el gobierno de Rajoy. No había más que ver en la calle Ferraz al andaluz Mario Jiménez, tras conocer los nombres del nuevo gobierno. Al número dos de la gestora del PSOE se le puso la misma cara que a Chenoa cuando Bisbal le esquivó el beso del que media España hablaba esta semana. La otra media se preguntaba cuánto tiempo tardará el PSOE en recuperar la credibilidad en su crítica al Gobierno, después de la abstención que ha permitido a Rajoy, tras cuatro años de corrupción, recortes y sufrimiento, reafirmarse en su obra y en su equipo.

El único respiro para los socialistas es que para cuando llegó el viernes ya eran pocos los que se acordaban de la diarrea verbal de Pedro Sánchez el domingo anterior ante las cámaras de la Sexta para cargar a diestro y siniestro contra periodistas, empresarios, banqueros y barones de su partido.

La sombra de Sánchez se diluye

La sombra del ex secretario general empieza a diluirse entre los socialistas, y nadie ha hecho más que él para que así sea. Durante su entrevista con Évole no sólo desmintió su propia narrativa de dos años, sino que entregó el relato a Podemos sobre la conspiración de los poderes fácticos para que no hubiera un gobierno de izquierdas en España.

El hombre que sometió a consulta de las bases un acuerdo de gobierno con la derecha de Ciudadanos se erigió de un día para otro en paladín de la izquierda populista y en víctima de las élites empresariales, financieras y políticas. Y todo, claro, sin el más mínimo análisis sobre seis derrotas electorales consecutivas, la pérdida de confianza de los mismos cuadros dirigentes y los mismos poderes fácticos que le auparon hasta la secretaría general y la profunda división interna provocada durante su mandato.

Su relato ha cuajado menos entre los socialistas que las explicaciones del "podemita" Ramón Espinar sobre la polémica venta de su vivienda entre los "errejonistas".

El futuro de Iglesias al frente de Podemos

El candidato oficialista de los morados a las primarias de Podemos Madrid ha sido, sin duda, el protagonista de la semana política tras conocerse que se benefició de la compra-venta de un piso protegido en Alcobendas. Para unos, se ha lucrado de la misma operación capitalista que realizan a diario miles de personas y que él tanto ha denunciado. Para otros, sólo es víctima de una conspiración en contra de su candidatura y en favor de la de Rita Maestre y Tania Sánchez .

Tras la polémica, y más allá de que los que llegaron a la política para exigir explicaciones tengan que someterse también al escrutinio público, se esconde, sin duda, la lucha por el poder entre los herederos del 15-M. Es la enésima -y quizá la última- entrega de la guerra abierta que libran Iglesias y Errejón por el control de Podemos.

Porque si los de Errejón se hacen con el poder orgánico en Madrid, después de tener ya el control de Andalucía y Cataluña, el futuro de Pablo Iglesias al frente de la formación podría tener fecha de caducidad, y no muy tardía. Eso cuentan.