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Agujeros en el pasado del mayor río de hielo de Groenlandia

20/06/2017 07:28 CEST | Actualizado 20/06/2017 07:28 CEST

Expedición Larramendi

Estamos sobre la mayor corriente de hielo de Groenlandia. Parte del centro mismo de la isla y desemboca en tres ramales, que son tres glaciares, en el océano Ártico. Llevamos ya algunos días navegando con el Trineo de Viento sobre este gigantesco Río de Hielo, que da nombre a nuestra expedición. Nada alrededor nos indica que el terreno helado sobre el que navegamos se mueve. Nada hay que parezca delimitar un cauce, que no es visible en el inmenso horizonte blanco que nos rodea. Pero está bajo nosotros, así que hemos iniciado nuestra misión científica. Básicamente consiste en trasladarnos de un lugar a otro, cada pocos kilómetros (unos 25), para alcanzar unas coordenadas en las que hacemos experimentos para el proyecto internacional Ice2Ice, que estudia la desaparición del hielo en el Ártico. Es un proyecto que financia el Consejo Europeo de Investigación y se gestiona desde Dinamarca.

Expedición Larramendi

Para hacer los agujeros que se necesitan es importante situarnos lo más cerca posible de los puntos en los que hace unos años se hicieron otros similares a los que hacemos ahora. Se trata de poder comparar luego los datos. Llevamos ya una docena de ellos y, según nos explica Ross Edwards, nuestro científico a bordo, en los dos metros y medio profundidad de cada uno recoge información de la nieve caída en los últimos 12 años, además de otros datos. Es una perforación que nos lleva al pasado.

La realidad es que la expedición Río de Hielo Groenlandia 2017, patrocinada por la agencia Tierras Polares, está siendo la más tranquila de cuantas Ramón Larramendi realizado con este vehículo. No hay problemas con las cometas, tampoco con el Trineo de Viento, no hemos tenido hasta ahora ni una tempestad y la temperatura, aún siendo polar –hemos llegado a menos 28º C por la noche–, es más que soportable. También vamos mejor preparados que otras ocasiones en factores tan importantes como disponer de unas previsiones meteorológicas certeras, pues por vez primera nos las envían desde la AEMet, con un porcentaje de acierto espectacular.

Tanta tranquilidad está convirtiéndose en una auténtica oportunidad para nuestro vehículo eólico. Por primera vez en 17 años, desde que Larramendi inició los primeros diseños, tenemos tiempo para realizar pruebas técnicas que serán importantes de cara a futuras expediciones. Algunas son importantes, sobre todo ahora que el Trineo de Viento pesa más de 2.000 kilos sólo de carga.

Hemos averiguado cómo evitar cargar con cientos de kilos de nieve de peso, hemos hecho pruebas de nuevos sistemas para el manejo de los mandos de las cometas sin necesidad de hacer excesiva fuerza con los brazos (es soportable, pero cuando el tiro va en un lateral requiere mucha energía muscular), incluso hemos 'creado' dunas de nieve artificiales de hasta un metro (sastrugis), porque no las hay, para comprobar si el convoy es capaz de superarlas sin sufrir daños.

En realidad, es la única ocasión que tenemos para hacerlo y por ello han sido necesarias tantas expediciones para llegar hasta donde estamos ahora. En todo el continente europeo no hay un solo lugar en el que podamos probar el Trineo de Viento en marcha. No existe una superficie helada tan grande como para navegar por ella como en Groenlandia, así que cada expedición no deja de ser, al margen de los trabajos científicos que realicemos, una nueva prueba de cómo ir incorporando mejoras técnicas. Ahora ya sabemos que la estructura básica funciona, pero hay muchos pequeños detalles que supondrán grandes avances.

Expedición Larramendi

Alguien podría pensar que el paisaje es monótono, uniforme, aburrido. Nada más lejos de la realidad. En este lugar donde nunca en estos días se pone el Sol, la luz al atardecer, reflejada en el hielo, genera fenómenos ópticos espectaculares, como el parhelio que vimos el otro día que consiste en la visión de tres soles simétricos en el horizonte. De cuando en cuando también recibimos la visita de una gaviota despistada que pasa con nosotros unas horas antes de iniciar la vuelta a la costa; o eso queremos pensar, que no se pierde.

Por lo demás, hemos hecho recuento de provisiones y tenemos aún suficientes alimentos para estar en este espacio al margen del mundo durante bastantes jornadas. Hasta nos hacemos tortitas con dulce para desayunar.

Para más información de la expedición: www.trineodeviento.org.

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