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Volando hacia la meta: el triángulo del Trineo de Viento

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Si vemos en el mapa la ruta que estamos haciendo a bordo del Trineo de Viento, es un auténtico triángulo por el corazón de Groenlandia. Un triángulo que se acerca a los 2.000 kilómetros de recorrido, en el que cada día hay novedades, por más que parezca que estamos instalados en una rutina blanca, infinita. Esta noche, sin ir más lejos, hubo un subidón de viento que prácticamente arrancó de las manos de Manolo Olivea e Hilo Moreno la cometa de sesenta metros cuadrados con la que navegábamos en ese momento. Es la tercera vez que nos ocurre en esta expedición a la Cumbre de Hielo, y como en anteriores ocasiones, no podíamos permitir que se perdiera, así que salimos en su búsqueda, siguiendo su rastro en la nieve. Digamos que es nuestro motor principal y no podemos quedarnos sin él.

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Desde luego, los últimos días transcurren con tranquilidad en este lugar sin horizonte, donde de nuevo hemos ido tomando altura, hasta los 2.600 metros de altitud, para bajar del domo por el otro lado, en un camino que ya es de vuelta. Vamos en convoy, maravillados con los extraños fenómenos que nos proporcionan, juntos, el hielo y el cielo. Arco iris helados, parhelios, atardeceres que no son comparables a los de ningún otro lugar. Navegamos cuando hay viento, y si no, paramos a descansar y a hacer trabajos diversos. Malik y Miguel, que nunca habían manejado el Trineo, lograron el carné de windsleders en apenas unas horas. En realidad, no es nada difícil hacerse con el mando, siempre que el viento no tome extrañas decisiones.

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Cuando escribimos estas líneas, nos quedan apenas 280 kilómetros para el final y estamos inmersos en una pequeña tormenta, con el trineo prácticamente enterrado y visibilidad nula. No vemos a dos palmos, así que no podemos movernos hasta que esto mejore y pasamos el rato jugando al ajedrez, leyendo, tomando té... Como si estuviéramos en un refugio de montaña, calientes pese a no tener chimenea y pese a los menos 9ºC que hacen fuera. En realidad, no parecen tantos para estar en tierras polares.

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Sabemos que nos hemos librado de un problema en la costa Este que no vislumbrábamos. Los compañeros que salieron nos contaron después por SMS que vieron grandes grietas, de hasta diez metros de ancho, desde el helicóptero, y que estaban a poca distancia de donde nos encontrábamos. También había grandes charcos de agua. Afortunadamente, no seguimos rumbo al sur y nos evitamos ese desafortunado encuentro.

Ahora vamos a parar para realizar unas tomas de datos de la nieve.
¡Nos espera un agujero de casi catorce metros!

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