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La bruja y don Cristóbal, de Valle Inclán

04/02/2017 10:11 CET | Actualizado 04/02/2017 10:11 CET

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Foto: EFE

Se cumple un año desde que dos titiriteros, contratados por el Ayuntamiento de Madrid con motivo de las fiestas de carnaval para un espectáculo propio de su especialidad, ingresaron en prisión a instancias de la Audiencia Nacional, sin que el fiscal que así lo determinó y el juez que ejecutó la orden hubieran visto o leído el texto del espectáculo. Es muy posible que no haya en la historia de las últimas décadas episodio más grotesco, pero al mismo tiempo más sintomático de los derroteros que puede tomar el derecho a la libertad de expresión en España cuando gobiernos como el que ha revalidado su mandato suscriben la llamada Ley Mordaza.

Un año más tarde, ambos titiriteros fueron absueltos de los delitos de enaltecimiento del terrorismo e incitación al odio, sin que su absolución tuviera ni mucho menos la repercusión que tuvo la flagrante magnificación y repugnante manipulación con que fueron tratados por los medios conchabados en su condena. Nada mejor que revisar la hemeroteca para darnos cuenta de ese miserable comportamiento, tan frecuente como censurable. Hasta los datos personales de los domicilios de Alfonso Lázaro y Raúl García fueron publicados en esos medios, con la consiguiente e inmediata campaña de amenazas e insultos en su contra.

Cuentan ambos, recordando el día de su detención, que el ambiente entre el público no era el más propicio para ver y entender el argumento de la función: "Había alboroto por parte de algunas espectadoras. Cuando nos pararon la obra y la policía nos identificó y empezó a registrar el teatrillo y nuestras pertenencias por las llamadas que habían recibido aún pensábamos que todo era un malentendido y que eso iba a quedar en nada después de pasar por comisaráa. Fue muy llamativa la escena de la plaza de las palomas y el gran dispositivo policial que se desplegó en cuestión de minutos. Había varios coches y furgones de la nacional y varios coches de la local. Ver como unos policías vestidos con todo el equipamiento antiterrorista entraban en el teatrillo e incautaban un títere, unas cartulinas dobladas que simulaban un libro, una pancarta de 15 centímetros y un listón de madera que simula un cuchillo es probablemente una de las escenas que más recordamos en ese día por lo esperpéntica y absurda que era."

A la pregunta de un periodista de El Español sobre si España dio el espectáculo, se supone que, con este número, los títiriteros lo tienen muy claro. No es calificable en tanto que tal, piensan, sino como muestra de cómo se pueden alcanzar los más altos niveles de absurdidad, falta de inteligencia, sensibilidad y respeto, pisoteando todas las libertades y derechos de las personas sin que los responsables paguen por ello.

Este domingo, cuando se cumple justo un año de aquella jornada, Alfonso Lázaro y Raúl García representarán otra vez La bruja y Don Cristóbal en el Teatro del Barrio (Madrid). La función será gratuita y carecerá, para ser entera y a juego con las incidencias que la acompañaron en su día, de ese adenda grotesco y absurdo que los dos titiriteros recuerdan cuando fueron detenidos, con todo un dispositivo antiterrorista presto a disolver un espectáculo de cahiporra.

Búsquese en la Europa actual de nuestro entorno un hecho similar y no lo hallaremos. Ramón María del Valle-Inclán nació en España, y aunque sus esperpentos sean de los años veinte del pasado siglo, aquí parecen seguir tan frescos y vigentes entre nosotros los materiales que sirvieron de inspiración a sus libretos. ¿Hay algún autor que se anime a poner firma a este de La bruja, Don Cristobal y los Geo o estamos ya rendidos ante la Ley Mordaza y avatares como lo que se están dado a su costa cuando el humor y la sátira critican lo que no nos gusta?