Octavio Salazar: "Es urgentísimo trabajar con los chicos jóvenes y hacer pedagogía de la igualdad"

Octavio Salazar: "Es urgentísimo trabajar con los chicos jóvenes y hacer pedagogía de la igualdad"

Entrevista con el jurista feminista, que publica 'Yo, nosotros. Diario de masculinidades por desarmar'.

Octavio Salazar, autor de 'Yo, nosotros'.Editorial Cántico

Hijo de Amparo y Rafael, padre de Abel, feminista en construcción, jurista nómada y aprendiz de la igualdad y las diferencias. Estas son sólo algunas de las pinceladas que definen a Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional y miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional, además de autor de varios libros. El último de ellos, Yo, nosotros. Diario de masculinidades por desarmar (Editorial Cántico), acaba de ver la luz.

"No es un ensayo ni el tipo de libro que había publicado hasta ahora", admite en conversación con El HuffPost sobre su nueva obra, en la que retrata "distintas masculinidades" y que surgió en un momento vital clave. 

En él, ha hecho el ejercicio de "contar cosas muy íntimas" y reflexionar sobre su proceso de deshacerse de su "masculinidad tradicional", además de querer "contar a otro hombre que este proceso de revisión es eso, un proceso en el cual nos equivocamos, tenemos que volver a empezar".

Lo introduces diciendo una frase que es algo así como 'este es el diario de un hombre empeñado en dejar de serlo y, al mismo tiempo, el de muchos hombres que han pasado también por su vida'.

Lo que pretendía con este libro era seguir hablando de los temas que me han preocupado en los últimos años, tanto como investigador como personalmente, que son los relacionados con la igualdad y con las masculinidades, pero a través de mi propia experiencia y de la experiencia de otros hombres que han estado o están en mi vida. La idea era trasladar a través de esas vivencias en qué momento estamos, por así decirlo, los hombres en este siglo XXI, empezando por mí mismo y por las muchas dudas, contradicciones, incertidumbres, que me sigo encontrando en esto de deshacerme de mi masculinidad tradicional. La idea es montar una especie de puzzle con muchos retratos de distintas masculinidades, poniendo el acento en eso, en que cuando hablamos de la masculinidad nunca podemos hacerlo en singular, porque las experiencias de los hombres son muchas y dependen de muchos factores: de su orientación sexual, su posición social, su momento vital...

"Cuando hablamos de la masculinidad nunca podemos hacerlo en singular, porque las experiencias de los hombres son muchas y dependen de muchos factores"

Es un libro que, me he dado cuenta dándole vueltas después, surge en un momento que para mí es como una especie de punto y aparte, que tiene que ver con el momento en el que cumplo 50 años, que mi hijo cumple 18 y además se va fuera a estudiar y que mis padres están en torno a los 80 años y estoy asistiendo a ese proceso de envejecimiento progresivo y cómo veo que tengo que enfrentarme a otra realidad, que es cuando nosotros nos convertimos en padres de nuestros padres y de cómo eso puede interpelar a una masculinidad tradicional que no ha sido educada para el cuidado. Siempre que hablamos de nuevas masculinidades, con lo poco que me gusta esa expresión, pensamos en las paternidades, pero hay un elemento que cada vez va a ser más clave que es qué pasa con las personas mayores y qué papel tenemos ahí los hombres.

¿Y por qué no te gusta el término 'nuevas masculinidades'?

Se está convirtiendo en una etiqueta muy facilona y si rascas un poquito realmente en muchos casos no te encuentras verdaderos procesos de transformación. Lo nuevo no necesariamente quiere decir que sea mejor que lo que había antes, es un adjetivo que puede llenarse de contenido o sumarse a la moda, lo mismo que hace unos años se hablaba de los hombres metrosexuales. Muchas veces acaba siendo un término muy autorreferencial, que no tiene en cuenta una perspectiva de cómo es nuestra relación con las mujeres y tiene una clave muy individualista. Casi todo lo que leo de nuevas masculinidades se centra en los cambios personales, en una especie de terapia que tiene que ver con la realización personal, con lo cual parece que estamos hablando de manuales de autoayuda más que de procesos de transformación más colectiva y política. El término se está manoseando tanto que lo estamos convirtiendo en uno sin contenido y a veces incluso cuando utilizamos 'masculinidades' acabamos difuminando la realidad de los hombres plurales y diversos que somos. Creo que corremos el riesgo de quedarnos en lo genérico, en lo abstracto.

¿Dirías que el libro es de lo más íntimo que has escrito?

Sí. En 2017 publiqué otro libro también de narrativa que se llamaba Autorretrato de un macho disidente y ahí sí que hacía un ejercicio de desnudarme completamente, porque era una especie de autobiografía de mi recorrido personal en torno a la masculinidad. De alguna manera, este libro tiene mucho que ver con ese anterior; aquél estaba más centrado en mi propia experiencia y éste se abre más al diálogo con lo otro. Tiene una cierta continuidad, porque también creo que a los hombres en general no sigue costando mucho hablar desde nuestras vivencias y lo personal. Vosotras tendéis a plantear muchas veces las reflexiones desde vuestro propio cuerpo y sentido de lo que vivís como discriminación, de las violencias que sufrís. Eso lo lleváis a lo personal y lo hacéis político, pero a los hombres en general nos cuesta mucho hablar de lo que nos pasa por dentro, de las dudas que tenemos, de las inseguridades... porque parece que eso nos vuelve más frágiles. Es un elemento que tenemos que desaprender. 

"No es que un día te pongas una vacuna y ya, curado del machismo. No, es todo un proceso"

He intentado hacer ese ejercicio desde dentro y contando cosas muy íntimas, y también queriendo contar a otro hombre que este proceso de revisión es eso, un proceso en el cual nos equivocamos, tenemos que volver a empezar... No es que un día te pongas una vacuna y ya, curado del machismo. No, es todo un proceso. Yo mismo me sigo dando cuenta de comportamientos o gestos que sigues teniendo y que son tradicionalmente machistas. La clave es que tengas la conciencia de querer cambiarlo.

¿Cómo llegaste a esta expresión que se dice de ponerte las gafas moradas?

Fue un cúmulo de circunstancias. He tenido en distintos momentos de mi vida mujeres próximas muy feministas, muy luchadoras, y que de alguna manera son las que me hacen replantearme muchas cosas, tanto en el plano más personal como en el profesional. Tengo claro que si no llega a ser por esas mujeres, que son las que me hacen abrir los ojos y ponerme las gafas violetas, seguramente mi proceso hubiera sido otro, hubiera tardado más o no estaría hablando contigo ahora mismo. Y luego claro, un momento clave es el momento de la paternidad. Me convierto en padre y me doy cuenta de que no tengo referentes; yo tenía claro que no quería ser el modelo de padre que había sido el mío y me veo obligado a revisar un montón de cosas de mí mismo. Para mí ese es el momento de auténtica revolución. 

"Me convierto en padre y me doy cuenta de que no tengo referentes; yo tenía claro que no quería ser el modelo de padre que había sido el mío y me veo obligado a revisar un montón de cosas de mí mismo"

En el plano más de mi trabajo, que me dedico al derecho constitucional, en un momento determinado empiezo a trabajar cuestiones relativas al principio de igualdad, derechos de las mujeres y eso es lo que me lleva a preguntarme '¿y en todo esto qué pasa con los hombres?'. En el caso de España, cuando empecé a trabajar esos temas, no había nada que pusiera el foco en nosotros, no había ninguna reflexión seria de qué pasa en temas como la corresponsabilidad, cuestiones como la violencia de género, violencias sexuales... Ese trabajo más intelectual también me llevó a posicionarme y a convertir esto en una militancia. En mi trabajo en estos temas no puedo separar lo que es la pura reflexión más académica de lo que entiendo que debe ser un activismo para que esto se transmita al resto de la sociedad.

En el libro cuentas una escena en una clase de universidad en la que tu protagonista, que no sé si eres tú mismo o es ficción...

Sí, soy yo mismo (se ríe). 

En la clase hablas de feminismo y acaban elevando una queja. ¿Esto te ha pasado?

Sí. Fue hace unos años el máster de abogacía donde doy clase. Ten en cuenta que me dedico a un mundo, el del derecho, que es muy conservador, muy tradicional, muy machista, y donde cuesta muchísimo trabajo cambiar una cultura jurídica que durante siglos ha sido hecha por y para los hombres, y donde que entren corrientes como el feminismo jurídico o la perspectiva de género en la administración de justicia es todavía una tarea pendiente. Por supuesto, claro que hay bastantes compañeras que llevan muchos años llevando al derecho este tipo de corrientes críticas, pero es todavía algo minoritario que no tiene el suficiente reconocimiento. 

"Empezamos a ver en esos espacios educativos, también en la educación secundaria, esa reacción por parte sobre todo de chicos que, como decía la encuesta del CIS de hace unas semanas, se sienten incluso discriminados"

En los últimos años, además, como estamos en ese momento reactivo frente al feminismo y la igualdad pues acaba siendo lamentablemente muy habitual que en algunas clases te encuentres esas posiciones de reacción y de cuestionamiento frente a las propias leyes, las políticas de igualdad... y en algún momento se ven situaciones violentas y muy desagradables, cosas que hace unos años no se vivían de esa manera. Empezamos a ver en esos espacios educativos, también en la educación secundaria, esa reacción por parte sobre todo de chicos que, como decía la encuesta del CIS de hace unas semanas, se sienten incluso discriminados o creen que ellos son las víctimas de unas políticas que van contra los hombres. Eso yo me lo encuentro en muchos casos en las aulas, sí.

A la vista de este dato, ahora que llegamos al 8M, ¿hemos avanzado pero no lo suficiente?

Quiero ser optimista. Cuando analizas otros datos más concretos de esa encuesta hay elementos también para la esperanza porque también hay un significativo porcentaje de mujeres y de hombres también que reconocen que sigue existiendo desigualdad, que sigue siendo necesario aplicar políticas contra la desigualdad. Luego también depende mucho del perfil de votante, que luego cuando se desagregan los datos ves que la mayoría de los que opinan de esa forma tan negativa son votantes de extrema derecha o de la derecha. Sí que es cierto que estamos viviendo un momento complejo que tiene que ver con esa reacción que estamos viendo y no solamente en España, sino a nivel global —Argentina, sin ir más lejos—. Fíjate también en lo que está pasando con el derecho al aborto en muchísimos países, empezando por Estados Unidos. 

Hay un sector de la ciudadanía, muy especialmente hombres, que se sienten agraviados con todo lo que está suponiendo de cambio el feminismo, porque claro, todo esto obliga a que los hombres revisemos muchas cosas, nos replanteemos nuestro lugar en la sociedad y, por supuesto, empecemos a perder determinados privilegios y comodidades. Yo creo que aquí nos encontramos con un sector masculino muy resistente a esos cambios, por eso insisto en que es urgentísimo trabajar con los hombres, con los chicos jóvenes, y trasladar este tipo de pedagogía de la igualdad. Muchos chicos jóvenes entienden que cuando les hablas de igualdad, de feminismo o contra la violencia de género estás lanzando algo que tienen que ver con ellas y no con ellos, e incluso se sienten atacados porque parece que les están lanzando la culpa de todo lo que les pasa a las mujeres. Creo que tendríamos que trabajar muchísimo en el ámbito educativo y en los medios el qué está pasando con los hombres y hacer una pedagogía diría que muy seductora para que se den cuenta de que esto es una cuestión de democracia, derechos humanos y justicia social y no simplemente de derechos de las mujeres.

Como jurista y feminista, ¿cómo valoras la sentencia del caso Alves?

El otro día en una clase la estuvimos comentando. Por un lado, me parece que la sentencia es muy pedagógica en cómo describe el tribunal todo lo que en la ley se define como el consentimiento en cuanto la clave para medir o no si ha habido una agresión sexual, eso que ha generado tantísimo debate. Creo que la sentencia describe perfectamente, y por eso la utilizaba en clase, cómo hay que valorar el contexto de esa relación de esta chica con el futbolista para ver si efectivamente ha habido o no consentimiento y de qué manera hay que enjuiciar las actitudes, los comportamientos y los elementos probatorios que se tienen en un contexto en el que a veces las pruebas es lo que más difícil es de conseguir, porque aquello pasa en un contexto de intimidad. Supongo que el tribunal tenía claro que los focos iban a ponerse inmediatamente en la sentencia y ha hecho el esfuerzo de redactarlo todo con muchísima precisión y dejando claro por qué es importante el consentimiento. Es una sentencia que avala lo acertado de la ley, desde el punto de vista de poner el consentimiento en el centro. 

Y luego, mucho más discutible me parece cómo el tribunal aplica ese atenuante que tiene que ver con la reparación del daño moral y que es el que en gran medida ha rebajado significativamente la pena de este sujeto y que ha generado también tantísima polémica. El hecho de que tú tengas recursos económicos y puedas depositar una determinada cantidad —y eso ya se entienda que repara el daño moral de la víctima y se traduzca en una rebaja significativa de tu condena— está lanzando un mensaje a la sociedad que a mí me parece muy negativo: si tú tienes recursos económicos, agredir sexualmente a una mujer te va a salir más barato. 

Como jurista, me parece muy cuestionable que en este tipo de delitos se aplique este atenuante. En temas de violencia y temas que supongan un atentado tan rotundo contra la dignidad de una persona creo que un tribunal no debería aplicarlo. No hay una doctrina fija en los tribunales de cuándo no debe aplicarse, la ley no es que te obligue a hacerlo, depende de la valoración del tribunal y creo que, en este punto, éste debería haber sopesado mucho más la situación de la víctima. No hay que olvidar que una sentencia no solamente tiene consecuencias para las partes implicadas, sino que lanzas un mensaje a la sociedad de qué consecuencias tiene un hecho delictivo. De alguna forma esa visión positiva que tengo de la sentencia no lo es tanto en cuanto a la aplicación de este atenuante.

Sobre la canción Zorra, de Nebulossa, que irá a Eurovisión. ¿Resignifica el insulto o no, en tu opinión?

La resignificación de una palabra entiendo que no es algo que se produzca de la noche al día, sino que es el resultado de un proceso en muchas ocasiones largo. El hecho de que se haga una canción que utilice de esta manera la palabra no significa que a partir de ese momento esa palabra ya vaya a cambiar de sentido con respecto al que tenía antes. Hablar alegremente de que ya por una canción se ha resignificado la palabra me parece muy osado. Y también hay que tener en cuenta el contexto. Yo que estuve viendo la actuación y toda la simbología que arropaba la puesta en escena, más que resignificara una palabra me pareció viejo en el sentido de que incidía en unos estereotipos y una visión muy tradicional y trasnochada de lo que significa ser mujer desde la mirada de los hombres. No creo que esta canción suponga un elemento decisivo en la resignificación de esa palabra.

Sobre 'Zorra': "Más que resignificara una palabra me pareció viejo en el sentido de que incidía en unos estereotipos y una visión muy tradicional y trasnochada de lo que significa ser mujer desde la mirada de los hombres"

A mí me parece que el escenario, el contexto, quiénes eran los que mayoritariamente estaban aplaudiendo esa canción, luego las reacciones en redes sociales, era un contexto que no necesariamente a mí me daba la pista de que eso iba a suponer para las mujeres un cambio significativo respecto a esa palabra. Escuché muchísimas opiniones y posicionamientos de mujeres, de hombres, mayoritariamente hombres gays, pero en el caso de las mujeres he visto posiciones de todos los colores y muchas que no se sentían realmente cómodas con la utilización del término. Sois fundamentalmente vosotras las que tenéis que valorar.

Ya que eres tan cinéfilo y van a ser los Oscar, ¿cuál es la cinta que te encantaría que se llevara la estatuilla a Mejor película o cuál te ha dejado especial huella?

La zona de interés me gustó muchísimo y Anatomía de una caída. Pobres criaturas es una película que me parece interesante pero que también se presta a lecturas muy complejas, porque se nos está vendiendo como el empoderamiento de una mujer, pero a partir de una mirada yo creo que muy masculina. A mí me gustó la película y Emma Stone está fantástica, pero no me atrevería a decir que es feminista. Sigue siendo la mirada de un creador hombre que mira la realidad de las mujeres y que le queda todavía mucho que aprender en cuestiones de perspectiva de género.

Anatomía de una caída plantea una serie de dilemas morales, éticos, también jurídicos, de la relación de pareja, la paternidad, la maternidad... Quizá esa película es de las que más me han interesado para darle vueltas a posteriori. También me ha gustado mucho una que está nominada a la Mejor película internacional por Alemania, Sala de profesores, porque muestra muy bien cómo una escuela acaba siendo un reflejo de la sociedad en la que está y cómo ahí se reproducen todos los vicios, todos los malos hábitos que tenemos los adultos. Es una película muy inteligente donde se plantea cómo la educación puede responder a cuestiones sobre las redes sociales, la intimidad, la discriminación, el machismo...

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