Francisco Mora

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¡Yo me gusto, tú te gustas, él se gusta...!

Publicado: 03/07/2012 16:12

A todos nos gusta, cuando hambrientos, sentarnos ante una mesa con un buen plato de comida. Y poca gente dudaría, creo, del placer de un buen trago de cerveza fría en pleno verano si estamos sedientos. O dormir una buena siesta o calentarnos en invierno si hace frío. O recibir un dinero como recompensa a un trabajo bien hecho. Y es que el placer nos empuja y nos mueve a seguir vivos. Pero ese placer, en el ser humano, se extiende todavía más allá de todo eso al convertirse en la energía subterránea que, sin el individuo ser consciente de ello, orienta casi todas nuestras decisiones. Decisiones que pueden ir desde las más simples como escoger, a la hora del postre, entre dos naranjas casi idénticas, a las más difíciles y más duramente racionales y aparentemente alejadas de la emocionalidad, como pudieran ser las que se toman en el consejo de administración de un banco o una empresa. Pues bien, ahora mismo, sabemos algo más del placer humano. Hoy sabemos como biológicamente cierto que, en lo más silencioso o bullicioso de nuestro ser, en esa habitación imaginaria e inexistente de nuestro cerebro que llamamos yo, este, el yo, vive arropado por el placer.

Sin duda que, de alguna manera, los seres humanos nos consideramos el centro de todo lo que nos rodea, pues el yo está en el corazón de toda alegría, bienestar, satisfacción, sufrimiento, agresión, violencia, percepción o creencia. Todo está referido a ese yo pienso, yo creo, yo siento, yo tengo. Y es alrededor de ese yo que giran tantos placeres. Y por supuesto que no hay que hacer mucha filosofía para alcanzar a saber que cuando nos miramos al espejo o en una fotografía, buscamos gustarnos a nosotros mismos. O esperamos recibir agrado en la cara que ponen los demás o en sus palabras cuando hablan de nosotros mismos. Nos halaga, nos gusta, nos produce placer cuando nos dicen que vestimos bien, que hablamos bien, que estamos guapos y atractivos. Que somos inteligentes, sagaces, capaces y que se nos escucha con gusto cuando hablamos. Y claramente todo esto habla de cuánto nos complace todo ello. Tanto nos queremos y gustamos a nosotros mismos y tan viejo es ese querer y tan obvio es, que hasta se refleja claramente en la religión del aparente altruismo, cuando en los evangelios se dice "Quiere a los demás como a ti mismo" (que supuestamente es lo que más quieres en este mundo).

Todo esto se refuerza además con los resultados de muchos estudios que señalan que una buena parte de cualquier conversación normal está dedicada a hacer referencia al yo del que habla y tantas veces más, cuando se escucha hablar al otro, en la constante interrupción al interlocutor para poner de manifiesto nuestro yo en el tema de que se trate, aún siendo temas bastante específicos. Pero es ahora, lejos de las especulaciones o las observaciones psicológicas, que con las nuevas técnicas de imagen cerebral se ha venido a descubrir que cuando a la gente se le habla de sí misma o escucha hablar de ella con halago, pero no de otras personas o cosas "neutras", se activan en el cerebro las mismas áreas o circuitos neuronales que se activan cuando a un individuo hambriento tiene la posibilidad de comer un buen plato de comida o ante la expectativa de una relación sexual deseada, se siga o no de su realización física. Es decir, el yo, y su representación cerebral, viene codificado con placer, lo mismo que las conductas más biológicamente placenteras que mencionamos antes y por las que luchamos y trabajamos y ganamos algún dinero. ¿Acaso todo esto no es lo que nos conduce a hacer cosas sin más recompensa que aquella, aparentemente tan simple, de que se hable de nosotros mismos? ¿Acaso todo esto no es, por ejemplo, el substrato genial último con el que Arianna Huffington creo su periódico?

 
 
 
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20:17 de 04/07/2012
Me gusta el estilo de Francisco Mora. Busco sus posts y alabo esta colaboracion. me ha dado "en el clavo". Es verdad que me gustos mucho, y me gustan los mios y mis amigos.... y es un gran egoismo. Tampoco creo en los "santos vivientes" A veces no tener comida, bienes o sexo (PERO QUE SE NOTE MUCHO) posiblemente es mayor fuente de placer que vivir de un modo mas normalito....
17:10 de 04/07/2012
Cuando era profe de chavales de 1º y 2º de Secundaria (12 a 16 años) obtenía buenos resultados de alumnos/as "desahuciados" por otros colegas, buscando alguna de sus cualidades positivas -que todos tenemos por el hecho de ser humanos -para alabarlas dentro del grupo, aumentando su autoestima. A los brillantes les animaba a ser solidarios, pero también a no temer brillar por evitar la envidia. Los echo de menos, aunque me siguen en marcuan.blogspot.com.
Cuando he leído a Louann Brizendine en "El cerebro masculino y femenino" me he dado cuenta de por qué. Creo en la Antropología y Fisiología, no en la Psicología, porque somos bosones de Higgs, no fotones.
Ahora leeré alguno de tus libros, Paco, si están en electrónico. Paso de estafas editoriales (:-)
13:36 de 04/07/2012
Efectivamente, todos nos gustamos mucho, tanto que una reunion es interesante si nos lucimos y hablamos de nosotros. Una conversacion telefonica que nos guste rueda alrededor de lo que explicamos sobre nosotros y los nuestros y tras colgar el telefono no nos hemos interesado por quien llamaba o los suyos. No me creo que eminentes "santos en vida" lo hagan por santidad. En el fondo subyace un tremendo egoismo, ahora me entero que sustentado por el propio cerebro y que los mecanismos son los mismos que para la comida, bebida, sexo... Posiblemente yo misma deseo que muchos lean este comentario y ello me hace gastar un poco de mi tiempo en hacerlo. De todos modos el post del profesor Pacomora es brillante como siempre!!!!
20:18 de 04/07/2012
Yo ya te he leido Remigia y me parece interesante tu comentario, si ademas te remuevo los circuitos cerebrales para bueno me alegro mucho
Este usuario ha decidido no usar el programa de medallas.
00:27 de 04/07/2012
A quien haya escrito los tags: hedonismo es con h.
12:05 de 03/07/2012
La percepción del Yo y como se manifiesta me lleva a reflexionar sobre el altruismo y el egoismo, Pienso que ambas tienen la misma manifestación biológica pero distintos comportamientos culturales o reconocimientos sociales. Todo el mundo estará de acuerdo en que Vicente Ferrer o la Madre Teresa de Calcuta impulsaron grandes obras de contenido altruista, ahora bien, uno se pregunta si detrás de estos gestos no opera un Yo necesitado de aplauso, ávido de reconocimiento social. Creo que son diferentes caras de una misma moneda y hacen pensar que detrás de un gran altruista hay un gran egoista.
00:29 de 04/07/2012
Hace ya tiempo que parece claro que el altruista tiene una ventaja de tipo egoísta mayor que el egoista "primario". Aunque pensandolo bien, ¿que mas da?. Hay egoismos que repercuten beneficiosamente en el colectivo y otros que son neutros o incluso perniciosos. Me parece sano que la sociedad venere a los egoistas que benefician al colectivo por encima de aquellos que no lo hacen, independientemente de que el circuito neuronal implicado en reforzar esa conducta sea el de obtener placer. Dicho de otra forma, que bueno es buscar el propio placer generando placer en los demás. Que bueno que otro conjunto de circuitos neuronales modulen aquellos mas ¿primitivos?
12:33 de 04/07/2012
Ante cualquier persona que impuslse grandes (o pequeñas) obras que fomenten la solidaridad o el altruismo,me parece que cuestionar si lo hacen por afán de notoriedad o egoismo es como poco "retorcido"¿no?
15:09 de 04/07/2012
No solo es retorcido, es incluso presuponer su estulticia. En e mundo en el que vivimos donde el afán de notoriedad se nutre de frívolas empresas, pretender alcanzarlo con obras beneficiosas para el resto me parece optar por la vía menos óptima. Hace falta en esta discusión llegar a un acuerdo sobre el concepto de altruismo y egoísmo porque en ciencia y "en la calle" tienen acepciones ligeramente distintas.
Lo que parece claro es que hay partes del cerebro que se activan por cuestiones nocivas (dolor) y por cuestiones placenteras segun el dictado fisiológico de la homeostasis y que ha evolucionado pertinentemente. Estos mismos sistemas siguen siendo útiles para cuestiones menos primarias y mas elaboradas "culturalmente" como el sentir placer cuando se ayuda, cuando se construye en vez de destruir, o cuando se quiere en vez de cuando se odia.
La interpretación de los resultados científicos es a veces peligrosa, máxime cuando se intentan relacionar con la conducta humana.
En mi opinión sigue siendo un magnifico artículo, basta con leer a R. Dawkins para entender lo que significa el egoísmo biológico en la conducta y como se debe limitar su compresión al hablar del ser humano y sus expresiones culturales.