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En Auschwitz, Simone Veil me regaló un vestido y creo que me salvó la vida

30/06/2017 18:24 CEST | Actualizado 30/06/2017 18:24 CEST
Philippe Wojazer / Reuters

Con 19 años, Ginette Kolinka fue deportada a Auschwitz-Birkenau con su padre, su hermano y su sobrino, tras una denuncia contra ellos. Allí conoció a Simone Veil, que ha muerto este viernes 30 de junio. Cuando volvió a Francia, prefirió guardar silencio, hasta que el periodista Philippe Dana escribió el libro 'Une famille française dans l'Histoire' , recordando su trayectoria. Hoy en día, ella recorre Francia para compartir su testimonio, auspiciada por la Fundación para la memoria de la Shoá.

Simone era mi compañera. Podría haber sido la peor de las mujeres, pero a mí siempre me habría parecido extraordinaria. Era mi camarada de deportación. Y yo la adorno con todas las cualidades. Además, las tiene. Pero, a mis ojos, tiene más aún. No soportaría que dijeran algo malo de ella.

Trabajamos juntas una mañana, pero no dormimos en la misma koya. 'Koya' es un vocablo polaco que designa las tablas sobre las que dormíamos seis personas como mínimo. Pero en una mañana a ella le dio tiempo para regalarme un vestido. Lo hizo porque ni ella ni nosotros teníamos espacio para almacenar nuestras cosas. Su madre, su hermana y ella habían podido coger un vestido de más.

Simone vio mi estado. No tenía pelo. Estaba vestida con andrajos. Ese vestido quizá me salvó la vida, porque a mí ya no me quedaba ánimo. Me había enterado de que mi padre, mi hermano y mi sobrino habían sido exterminados a nuestra llegada al campo. En pocas horas, no éramos nada.

Con ese vestido, volví a ser una chica joven. Fue un regalo inestimable el que ella me hizo. Recobré la energía.

Youtube/Fondation memoire shoah
Ginette Kolinka, 92 años.

Al poco tiempo ella salió del campo. Se fue a Bobrek. Después nos perdimos de vista y nos reencontramos ocho años más tarde. Más adelante, volví a verla, pero ya no teníamos los mismos temas de conversación. Yo era vendedora en el mercado. Ella, ministra. Su marido se burlaba de mí amablemente; me llamaba "la vendedora de calzoncillos". Y me molestaba, porque yo vendía otra cosa. Es broma, entre nosotros había mucho humor y me reía mucho con él.

Me costó tiempo aceptar hablar de todo esto. Me decía a mí misma que había tenido la oportunidad de volver, así que no valía la pena molestar a todo el mundo con ello. Pero ahora es diferente. Con la Fundación para la memoria de la Shoá viajo por toda Francia para contar lo que he vivido. Si tengo 92 años y sigo dando la lata de esta forma es gracias a la Fundación, que Simone presidió durante cinco años.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano