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Pere Estupinyà, el científico del sexo

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Pere Estupinyà decidió, tras estudiar bioquímica, no terminar el doctorado en genética para dedicarse directamente a su pasión: la divulgación científica. Gracias a la prestigiosa beca Knight Science Journalism Fellow cruzó el Atlántico para aprender de la excelencia periodística en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Ha trabajado como editor del programa Redes de TVE y en el Instituto Nacional de la Salud de EEUU, entre otros. Se define a sí mismo como un omnívoro de la ciencia y escribe para diferentes medios de comunicación. Con tres libros en su haber, su última obra S=EX², la ciencia del sexo (Debate, 2013) le ha llevado a pasar año y medio visitando y aprendiendo de científicos, pero también de actores porno y profesores de yoga tántrico, sobre todas las facetas del sexo, siempre desde un punto de vista científico.

Dice, entre otras muchas cosas, que no hay nada malo en trabajar con amigos, que él es el primer hombre en haberse masturbado dentro de un escáner de resonancia magnética y que, después de comer, a los hombres nos atrae un perfil de mujer diferente.

Pere, decidiste abandonar el mundo académico para dedicarte a la divulgación científica. ¿Crees tal vez, como Randy Olson, que los científicos son los mayores responsables a la hora de explicar la ciencia, o tu motivación fue otra muy distinta?

No. Los principales responsables deberían ser los periodistas y comunicadores científicos profesionales. Sea cual sea su formación inicial. Pero como esta especialización no está bien valorada, hay un gran hueco que rellenan los científicos de manera amateur, y generalmente temporal hasta que se cansan. Desde luego que la aportación es positiva, y algunos se lo toman en serio y lo hacen mejor incluso que cualquier periodista especializado. Pero lo que realmente falta fomentar es el periodismo científico profesional y de calidad.

Además los divulgadores científicos suelen ser poco rigurosos, porque sólo hablan de la ciencia en positivo. La defienden -lo cual está muy bien- pero hay también que criticarla. He leído muchas quejas sobre los recortes (absolutamente justificadas), pero no sobre los aspectos internos de la ciencia española que funcionan mal y se deberían cambiar.

En tu último libro y en las entrevistas hablas abiertamente sobre sexo. Sin embargo, tú mismo has declarado que incluso los científicos aún tienen pudor a la hora de estudiar el sexo. ¿Qué condiciones crees que deberían darse para que esta situación cambie?

Va cambiando poco a poco. La sociedad -y por tanto la ciencia, que forma parte de ella- tiene cada vez menos pudor a hablar abiertamente de sexualidad. Una paradoja es que la gente va al médico si le duele el estómago, si se cansa demasiado, al dermatólogo si se le cae el cabello... pero le da reparo ir a un especialista si nota que su función sexual no es la deseada. Pero como te digo, está cambiando. Y en parte creo que es un bonito ejemplo del impacto de la divulgación. En los últimos años muchas sexólogas han hablado abiertamente de sexualidad femenina y han contribuido a mejorar la seguridad y relaciones de muchas mujeres. Con mi libro y algunas intervenciones en medios, algunos investigadores me han dicho que han visto oportunidades de estudios que nunca se habían planteado. El tabú -o pudor- se genera cuando algo es tema prohibido de conversación. Cuando se habla sobre ello, el pudor va desvaneciéndose.

Dices que hombres y mujeres no somos tan diferentes. ¿Por qué invertimos entonces tanto tiempo en intentar entender al otro sexo?

De verdad, si analizas los metanálisis y estudios rigurosos comparando capacidades, comportamientos y personalidad de hombres y mujeres, en realidad no somos tan diferentes como nos han dicho. Existe mucha más diversidad interna dentro del grupo de hombres y del de mujeres, que genérica entre géneros. Lo que ocurre es que mediáticamente los estudios que muestran diferencias tienen mucho más impacto, y que libros poco rigurosos tipo el cerebro femenino hacen cherry-picking de estudios para mostrar sólo los resultados más extremos y defender erróneamente que un género es de Venus y el otro de Marte. Obvio que hay diferencias, la inhibición y mecanismos de freno por ejemplo es una de ellas (mucho mayor en mujeres que hombres). Pero en muchas otras cosas, no tanto.

Un paralelismo sería decir que los hombres son más altos que las mujeres. ¡Claro que de media sí lo son! Pero si alguien nos dice que ellos son gigantes y ellas menudas veremos que está haciendo una generalización exagerada y absurda.

¿Cuál ha sido la situación más divertida que has vivido mientras preparabas S=EX2, la ciencia del sexo?

En un congreso conocí a una sexóloga que utilizaba hipnosis para tratar traumas. A mí nunca me habían hipnotizado, y le pedí si podía hacer una prueba conmigo. Subimos a la habitación del hotel, empezó a hipnotizarme, dice que se adueñó de mi subconsciente, y me empezó a decir en voz baja que subiera el brazo derecho. Mi brazo efectivamente empezó a levantarse. Pero yo estaba semiconsciente, y en realidad no sabía si lo estaba levantando de manera involuntaria o lo hacía por sugestión. Me quedé pensando y le dije que, como investigadora sexóloga y experta en hipnosis, debería elegir una tarea que no dependiera de mi voluntad, y lograr levantar otra parte de mi cuerpo sobre la que yo no tuviera tanto control. El resultado fue muy divertido. Toda la escena parecía una película cómica.

Pero tengo infinidad de otras anécdotas, en clubs de sadomaso cuando me preguntaron si era dominante o sumiso, en un taller donde debía aprender a tener orgasmos con la mente, los preparativos para el estudio donde debía estimularme bajo el escáner cerebral, la vez en un taller de estimulación clitoriana que una chica me pidió hacer prácticas y no pude porque debía tomar un avión, la actriz porno que a media entrevista se dio cuenta que estaba leyendo mi primer libro El ladrón de cerebros, cuando en un laboratorio estimulé genitalmente ratas con un pincel... muy interesante y divertido todo.

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Un mensaje importante de tu último libro es que la normalidad sexual es algo relativo...

En ocasiones confundimos normal con habitual. Lo habitual es una media estadística, y lo normal una valoración subjetiva más compleja. No tienen por qué coincidir. Lo habitual es estar casado por largos años y esforzarse en ser fiel a tu pareja. Para muchas personas eso no es normal, como tampoco lo es el celibato. La ciencia es la mejor herramienta que tenemos para informar sobre lo que es habitual, pero por sí sola no se basta para decidir qué es lo normal.

Para mí, por ejemplo, es absolutamente normal que haya personas bisexuales. No es lo habitual (3-5% en mujeres, 1-2% hombres), pero sería extrañísimo -y más teniendo en cuenta el desarrollo de nuestro cerebro- que sólo existieran heterosexuales, homosexuales, y no bisexuales. La bisexualidad, o los bigéneros, son normales, aunque no habituales.

Afirmas que la sexualidad es básicamente irracional y que si intentamos tener una sexualidad racional vamos a equivocarnos. El filósofo de la ciencia Paul Karl Feyerabend decía que no hay ningún método científico universal, de algún modo, que no existe ninguna racionalidad absoluta. ¿Crees que la irracionalidad tiene también cabida en la ciencia?

¡Absolutamente! Los psicólogos que analizan nuestra toma de decisiones ven que las emociones y las percepciones iniciales condicionan nuestro razonamiento, y no a la inversa. La decisión está más fuertemente condicionada por la emoción que por la razón. Es en este sentido que hablamos de "irracionalidad". Es obvio que tenemos autocontrol, condicionantes... y todo esto es muy bonito de analizar científicamente, porque nos muestra que de verdad somos seres más emocionales y menos racionales de lo que pensamos.

Pero una cosa: yo no digo que teniendo sexualidad racional vayamos a equivocarnos. El instinto es irracional, y dejarnos llevar locamente por él es fabuloso. Pero siempre debemos ser capaces de ejercer un control racional sobre él. No somos trogloditas.

Un artículo recientemente publicado en Nature concluye que el sudor masculino tiene un efecto estresante y analgésico en ratas de laboratorio. ¿Qué papel crees que juega el olfato en la atracción sexual?

En la atracción, muchísimo menor que en la mayoría de otros mamíferos. De hecho se dice que el beso es una manera de olfatearnos químicamente más efectiva, derivada de haber perdido un poco esta capacidad.

Dentro del encuentro sexual, sí es cierto que los olores que desprendemos pueden aumentar más la libido, o darnos bajón inconsciente. Pero en la atracción inicial otros sentidos -sobre todo la vista- juegan un papel más importante en nuestra especie.

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Según el vicepresidente del MIT el futuro de las innovaciones van a ser la nanotecnología, el e-learning y la medicina. ¿Cuál es tu visión sobre esto?

Coincido plenamente con la visión de Israel sobre el e-learning. Del resto de áreas, quién sabe. La nanotecnología no es tanto una disciplina en sí sino una herramienta, que influye en áreas como la medicina, las telecomunicaciones o la energía. A nivel práctico el tema energético es un reto enorme. Y a nivel de conocimiento, para mí, entender el funcionamiento del cerebro es la gran aventura intelectual de este siglo. Yo particularmente espero también algunas sorpresas en biología sintética. Es de los campos de la ciencia que está avanzando más rápidamente.

Hace poco, Pat Casbas y yo escribíamos que la ciencia se percibe muchas veces como algo aburrido, sobre todo entre los jóvenes. ¿Cuál crees que son las claves para suscitar un mayor interés por la ciencia?

La principal culpa es de la escuela y del lamentable programa educativo sobre ciencia que nos impartieron. Si te fijas, la única referencia sobre ciencia que tienen la mayoría de personas adultas es lo que les enseñaron en la escuela. Allí aprendieron que la ciencia es un palo. Si les preguntas por el cine alemán de mitad de siglo XX te dirán "ni idea", porque no tienen ninguna referencia. Pero si preguntas sobre ciencia responden "aburrida" o "pesada" porque así ha sido su única exposición.

Yo soy muy crítico con la educación convencional. Hay mucho que transformar, y las reformas que hacen los diferentes gobiernos no son reformas ni son nada. Matices. Ojalá las nuevas tecnologías y conceptos como las flipped classrooms empiecen a implantarse. En centros punteros como el MIT, que conozco bien, lo hacen con gran éxito. Hay mucho por hacer, pero está lleno de dinosaurios y estructuras inamovibles.

Hoy en día se habla mucho en ciencia sobre multidisciplinaridad. ¿En qué áreas científicas, aparte de la sexología, crees que esto puede revolucionar nuestro conocimiento?

En absolutamente todas. La naturaleza es multidisciplinar. La ciencia básica sí puede avanzar a base de enfocarse y profundizar mucho, mucho, mucho en un tema concreto. Esa especificidad es buena para avanzar en conocimiento. Pero cuando se trata de transformar ese conocimiento en aplicaciones, trasladarlo a la sociedad, innovar, o simplemente abrir nuevas áreas de conocimiento, la interacción entre disciplinas es imprescindible.

Y es verdad que a mí, el estudio del comportamiento sexual me parece el área más multidisciplinar que he encontrado, pues intervienen clarísimos factores bioquímicos (el instinto de reproducción es algo codificado genética y hormonalmente en todos los seres vivos de la tierra), psicológicos (el sexo lo aprendemos y nuestras experiencias van modelando nuestro comportamiento futuro), y sociológicos (el entorno y cultura en que estemos ejerce una poderosa fuerza que nos condiciona). Todo influye. Cuando están ovulando el inconsciente de las mujeres les hace aumentar la preferencia de penetración versus sexo oral, pero es obvio que terminan haciendo una cosa u otra en función de más factores. Para analizar el comportamiento sexual de alguien se debe tener un enfoque biopsicosociológico.


Pere, en los dos últimos años has dado un sinfín de entrevistas. Cuéntanos algo sobre esta experiencia.

Mira, ha habido de todo. Justo ayer me enviaron preguntas de la Cosmopolitan alemana, y me quedé dudando de si trataban a sus lectoras como idiotas. Lo más interesante, la verdad, ha sido comparar América Latina y España. En eso sí he visto algunas diferencias, que denotan una notable diversidad cultural sobre el sexo. Es realmente un tema apasionante. Y yo insisto: nos informamos a base de mitos y pseudoexpertos, pero hay académicos e investigadores haciendo estudios sobre el comportamiento sexual que son infinitamente más interesantes.

¿Nos puedes revelar cuál va a ser tu próximo proyecto?

Tengo en manos un proyecto audiovisual sobre ciencia, pero las televisiones no pagan y las empresas españolas prefieren patrocinar a clubes de fútbol. Veremos.
También estamos arrancando con el consultorio de S=EX², y se está definiendo un proyecto muy bonito en México, que me encantaría que saliera.


Nota del autor: infinitos agradecimientos a Pere Estupinyà por su trato amable, abierto y divertido, por acceder a dar esta entrevista y permitirnos utilizar sus fotos. Agradecimientos también para Laia Prat y Aleix Ruiz Falqués por las correcciones.

Pere Estupinyà agradece a Tatiana López la foto principal de este artículo.