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Principio de incertidumbre

23/07/2014 07:03 CEST | Actualizado 21/09/2014 11:12 CEST

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Un joven Werner Heisenberg (premio Nobel de Física en 1932) trata de determinar dónde se encuentra y a qué velocidad se mueve la semilla de la violencia. Escena ficticia, idea de GOG. Ilustración de Ignasi Cusí.

La incertidumbre en el mundo que nos rodea

En estos días en que el conflicto entre Israel y Palestina atraviesa una nueva crisis, en que el nivel de violencia escala en Ucrania, y en que se cumplen 100 años del inicio de la Primera Guerra Mundial, muchas personas parecen más preocupadas por saber quién será el campeón del mundo de fútbol, que de plantearse si estamos haciendo lo necesario para dejar de matarnos los unos a los otros.

Aunque parezca obsceno hacer la comparación, hay un denominador común en los tres casos: la incertidumbre. La incertidumbre, por un lado, de saber si realmente los pueblos podrán algún día resolver sus conflictos de manera pacífica, y la incertidumbre, por otro lado, de quién será capaz de meter más veces la pelota entre los tres palos. Y les hablo de todo esto porque la incertidumbre forma parte no solo del mundo que nos rodea, sino también de la física de las partículas más pequeñas.

Incertidumbre en ciencia

Por incertidumbre se entiende normalmente lo contrario a certidumbre o certeza. En términos estadísticos, se entiende como el intervalo alrededor del valor de una medida. Para que ustedes me entiendan: pesen una sandía sobre una balanza. La aguja marcará un valor, pero el peso exacto de la sandía se encontrará dentro de un intervalo conocido como error o incertidumbre (por ejemplo, la sandía pesa 3 kg ± 50g). Adentrándonos ahora en un mundo mucho más pequeño que el de la sandía, el de las partículas elementales, existe algo mucho más fascinante: el principio de incertidumbre. Por principio de incertidumbre, también conocido como relación de indeterminación de Heisenberg, se entiende, en mecánica cuántica, la imposibilidad de determinar de manera precisa y simultánea dos propiedades de una partícula subatómica, por ejemplo, su posición y momento lineal (velocidad). Es decir, cuanta mayor precisión (certeza) al determinar la posición, mayor el error (incertidumbre) al determinar su velocidad. En palabras sencillas, podemos determinar dónde se encuentra y cómo se mueve una partícula minúscula solo con una certidumbre concreta. Para llevarlo al extremo, de algún modo, las ciencias exactas no existen dentro del mundo cuántico, ¡siempre existe un cierto error o incertidumbre!

Si el principio de Heisenberg se pudiera aplicar al mundo que nos rodea

Volviendo al ejemplo del principio, sobre la incertidumbre de los conflitos armados que se avecinan, si el principio de Heisenberg se pudiera extrapolar (que no se puede) a nuestro mundo macroscópico, uno podría formular:

Observable = agente detonante de conflicto bélico. Según el principio de incertidumbre, no podríamos saber con absoluta precisión dónde se encuentra y lo rápido que se mueve la semilla de la violencia, pero sí sería posible estimar cuánto nos equivocamos. De este modo, tal vez, como mínimo sabríamos el límite que no se debe sobrepasar, si no queremos desatar un conflicto violento.

Por desgracia, como ya he dicho, el principio de incertidumbre de Heisenberg no se puede aplicar al agente iniciador de un conflicto armado. Sin embargo, afortunadamente existen personas que se dedican a buscar fórmulas reales para intentar que las personas resuelvan sus conflictos de manera pacífica. En concreto, y volviendo al ejemplo de Israel y Palestina, científicos de la Universidad de Illinois defienden en un reciente número de la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), que la aplicación del pensamiento paradójico podría ayudar a buscar caminos para la paz en Oriente Próximo. Como explica la agencia SINC sobre el estudio publicado en PNAS: los participantes israelíes que vieron los vídeos diseñados para fomentar el pensamiento paradójico dijeron sentirse más dispuestos a reevaluar sus posiciones, a transigir, y culparon menos a los palestinos de la perpetuación de la lucha que el grupo control, al que se mostró anuncios genéricos de televisión.

Así pues, como el mundo que nos rodea es aún más inexacto e impredecible que el mundo cuántico, y la posible aplicación del pensamiento paradójico en el conflcito Israelí-Palestino parece todavía lejana, creo que, hoy más que nunca, las palabras de Mahatma Gandhi deberían tomar fuerza: utilicemos, por favor, otro principio, el principio de la no violencia.

Mis más sinceros agradecimientos, una vez más, para Ignasi Cusí por su fabulosa ilustración. Mil gracias también a Laia Prat y Aleix Ruiz Falqués por los comentarios y correcciones.