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Cinco razones por las que el Manchester United puede soñar con la Champions

23/03/2014 10:56 CET | Actualizado 22/05/2014 11:12 CEST

El United se clasificó el pasado miércoles para los cuartos de final de la competición más prestigiosa de Europa sudando la gota gorda, pidiendo la hora ante un rival digno pero sin el pedigrí ni la solera del equipo que se va a encontrar en la siguiente ronda: el todopoderoso Bayern de Munich. Todos querían evitar a los bávaros, el ogro del sorteo sin lugar a dudas. Si bien, la motivación de eliminar al intratable equipo alemán debe ser un aliciente más en el libro de ruta que su entrenador, David Moyes, ha ideado hacia la final de Lisboa. Los diablos rojos tienen motivos para creer que su cuarta Orejona puede llegar en el año más inesperado.

Última esperanza para Moyes de salvar la temporada. La transición sin Sir Alex Ferguson está siendo más dura de lo previsto, pero ganar la Champions curaría todas las heridas abiertas en una campaña para enterrar en el subsuelo más profundo. Aunque levantar el título parezca a día de hoy algo más utópico que real, lo cierto es que de materializarse esta quimera, los diablos rojos disputarían automáticamente la Liga de Campeones del año que viene y a pocos aficionados les importarían las penurias que han pasado en las competiciones domésticas.

Historia. La magia de Old Trafford y sus célebres remontadas siempre están presentes en el ambiente. Y si no que se lo digan al Barça de Schuster y Maradona, que desperdició un 2-0 logrado en la ida para caer en la vuelta de la Recopa del 84 por 3-0. Lo padeció el miércoles un Olympiacos al que le temblaron las piernas cuando el viejo estadio mancuniano rugió alentando a los suyos como si del rey Leónidas en la batalla de las Termópilas se tratase. Este estadio pesa de verdad y cualquier rival sufre su ira.

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El Manchester United sufrió para apear al Olympiacos de la Champions. Foto: Javier Marcos.

Única competición por la que pelear. Con las dos copas en el limbo (eliminado en las primeras rondas de la FACup y la Capitol One Cup) y la liga perdida desde hace semanas, la única meta para los hombres de Moyes es la Champions. Y en esta competición atestada de tiburones, el United no es precisamente un delfín. Da igual que juegue mejor o peor, siempre golpea (y muchas veces con acierto). La famosa pegada cobra su máxima expresión en el conjunto del noroeste de Inglaterra. A base de empujones, arrinconan a su contrincante a la esquina del cuadrilátero hasta que gana la batalla a los puntos, cuando no lo hace por KO.

Factor Rooney. Si el inglés está fino, cualquier defensa es batible, no importan los gladiadores que haya enfrente. Si Wayne está entonado y sin molestias físicas, la zaga rival sufrirá la determinación del mejor futbolista del país, un consumado especialista del área que cada vez lee mejor el juego y ayuda a hilvanar las jugadas. Además, parece haber recobrado su mejor nivel con una gran actuación ante el Olympiacos, donde hizo el trabajo sucio para que se luciera su compañero Van Persie -de baja entre cuatro y seis semanas-, y un doblete este sábado ante el West Ham.

Nada que perder. El United, a pesar de ser un cliente habitual en las rondas finales de este torneo, era la cenicienta del sorteo. La nefasta temporada que viene realizando le hacía ser el rival preferido por la mayoría de equipos. Si bien, jugar sin presión, asumiendo que caer eliminado es lo natural y ganar sería un hecho insólito, puede ser un factor esencial para levantar su cuarta Champions. Partir desde un segundo plano es a veces la mejor estrategia.