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Federer resuelve sin despeinarse y Murray sufre más de la cuenta

08/05/2013 11:20 CEST | Actualizado 08/07/2013 11:12 CEST
EFE

Por la vía rápida (6-3 Y 6-3). Así de sencillo le resultó a Roger Federer deshacerse de Radek Stepanek en la segunda ronda del Mutua Madrid Open. Un rival que jugó a su máximo nivel y apenas le alcanzó para arrebatarle seis juegos al suizo. Y es que el número 2 mundial jugó a medio gas, reservando fuerzas, esperando compromisos venideros de mayor enjundia y fallando más bolas de la cuenta. Sin subir de la segunda marcha en todo el partido, le bastó con su servicio y los fallos del checo para sellar su pase a octavos de final.

Cuando al maestro Federer se le complicaban los juegos con el peloteo, apelaba al servicio. Ese saque que tantos partidos y torneos le ha hecho ganar. El encuentro dio la impresión por momentos de ser un entrenamiento con público. Errores no forzados por arrobas e indecisiones en ambos jugadores. El suizo destensado y el checo sin el coraje para subir un punto más.

Federer rompió el partido en el cuarto juego del primer set. Quebró el saque de Stepanek y ratificó el botín con su servicio: 4-1 y el duelo encaminado. El primer set no tuvo mayor historia. El segundo fue un quiero y no puedo de un Stepanek carente de calidad y de valor. Federer lo dejaba una y otra vez con vida y el campeón de la Davis no aprovechaba ninguna bola de ruptura.

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Roger Federer durante la rueda de prensa. Foto: JM.

La balanza se inclinó sin remedio del lado del tenista con más galones. El público aplaudió al suizo cada acción. Recompensando su trayectoria. No importaba que fueran puntos banales. El mito viviente bien lo merece. Como manifestó más tarde en la rueda de prensa Federer está: "Encantado de venir a jugar a España. Siento muy cerca el cariño del público". "He tenido grandes batallas a lo largo de los años con los jugadores de este país. El cariño de la gente también me hace jugar un mejor tenis", subrayó.

Por su parte, el escocés Andy Murray, tercer cabeza de serie del torneo, sufrió lo que no está en los escritos. El marcador no engaña. A pesar de salir vencedor por (7-6 y 7-6) de Florian Mayer, las sensaciones que dejó el británico no fueron buenas. El primer set llegó al tie-break y el alemán tuvo varias bolas de partido que no fructificaron. Perdonó y Murray respiró.

Sin embargo, en lugar de suponer un golpe de efecto para el escocés y una daga para Mayer, el alemán se repuso y endosó un 3-0 a un Murray desconocido, que deambulaba sobre el albero madrileño sin transmitir ninguna emotividad. No había signos del tenista escocés. Despertó aupado por su resistencia mental. Al tiempo que su cabeza respondía, sus piernas también lo hacían. Igualó la contienda (5-5) y su juego empezó a crecer. Más serio desde el fondo, las dudas llegaban al otro lado de la pista, a un Mayer desbordado ante la confianza del británico. Aún así, tuvo arrestos para forzar otro tie-break. Fue nadar para morir en la orilla. Murray ya había hecho lo más difícil. La inercia ganadora le llevó a no dar opción al esforzado tenista germano.

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