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Van Niekerk se cuela en la fiesta de Bolt en Ostrava y bate el récord del mundo de los 300 metros

29/06/2017 11:05 CEST | Actualizado 29/06/2017 11:47 CEST

EFE

El atleta sudafricano Wayde Van Niekerk voló sobre el tartán de Ostrava (República Checa) durante la Golden Spike y paró el crono en 30.81 para dejar atrás la plusmarca que Michael Johnson poseía (30.85) en los 300 metros, una distancia no oficial pero que fascinó a todos los presentes en el Mestsky Stadion de la localidad checa.

Esta hazaña no eclipsó que Usain Bolt volviera a dejar anonadados anoche a los más de 15.000 feligreses que se congregaron en las gradas del reformado Mestsky Stadion durante la reunión Golden Spike de Ostrava. Poco importó la discreta marca del ganador de 8 oros olímpicos. Nunca deja a nadie indiferente. Todo el mundo en pie, silencio sepulcral en la salida y explosión de júbilo al final con su victoria. Muy reñida, eso sí. El cubano Yunier Pérez le discutió la victoria hasta los últimos metros (10.09). Una carrera discreta para un atleta que se mueve entre la excelencia y el Olimpo pero que está a escasos meses de poner punto y final a su carrera (en el Mundial de Londres, en agosto) y el cuerpo le va avisando de su desgaste. Dijo en la zona mixta que había tenido algunos problemas de salud pero que no son preocupantes. Si bien, reconoció que no había sido una actuación brillante, "más bien pobre". Contó en la previa que tenía ganas de ver quién sería el siguiente campeón olímpico y que la próxima vez que le inviten a Ostrava comparecerá como invitado, que su retirada es inminente y no hay marcha atrás. Van Niekerk, con quien se lleva muy bien, parece un dignísimo heredero e incluso él mismo lo designó como "el futuro del atletismo".

Javier Marcos
Bolt no dejó una marca para el recuerdo pero eso poco le importó al público

El jamaicano se presentó en Ostrava por 9ª vez en su carrera y lo hizo porque aquí fue donde le invitaron a correr por primera vez siendo un junior y consideraba oportuno cerrar el círculo. Y lo hizo a lo grande, con un show antes y después de la carrera. La organización también le preparó una despedida muy especial con un mosaico gigante con la bandera de Jamaica en la grada mientras sonaba el himno de su país.

Bolt es una centella, verlo correr así, con ese frenesí y esa zancada es apoteósico. Una sensación indescriptible por más que este cronista se rompa los sesos queriendo trasladar al lector lo que significa Usain Bolt y su brutal forma de esprintar. Es un orgasmo para los ojos de los espectadores y los plumillas que apenas tienen tiempo de parpadear, impresionados por lo que acaban de presenciar. Da igual que sean periodistas o aficionados, todo el mundo rinde pleitesía a la leyenda de Jamaica. Los aplausos se suceden en la tribuna de prensa y se mezclan con los de los aficionados. Un éxtasis sin parangón en el mundo del deporte. Y no es una frase hecha. Ningún deportista logra emocionar al espectador como lo hace el hijo del viento.

Su figura es gigantesca pero no solapó el fervor de la hinchada al ver competir a otras estrellas rutilantes como el inglés Mo Farah (doble campeón olímpico de los 5000 y 10000m), el keniata David Rudisha (doble campeón olímpico, mundial y plusmarquista en los 800m) o el citado Wayde Van Niekerk. Un cartel sobresaliente para un evento que cada año cobra más protagonismo.

Farah corrió el 10000 con un tiempo de 27:12 y rubricó su victoria con relativa cómoda, mientras que Rudisha se atrevió a correr los 1000m por primera vez en su carrera pero se le hicieron demasiado largos y terminó cuarto con un 2:19. Comentó poco después -en zona mixta- que tendrá que pensarse mucho si vuelve a correr esta distancia. El público jaleó a todas las estrellas con efusividad. Todas las figuras levantaron de sus asientos a los espectadores aunque nadie los hizo vibrar como el genuino campeón de los 100 y los 200 metros, un Bolt superlativo en la pista y fuera de ella, con un carisma inigualable. Un atleta para la historia, un deportista para la eternidad.