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Martin McGuinness, un hombre de paz

22/03/2017 18:04 CET | Actualizado 23/03/2017 07:25 CET
EFE

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Egoitz Gago Antón, doctor por la Universidad de Bradford, Reino Unido

El pasado lunes fallecía el veterano político norirlandés, Martin McGuinness, quien fue uno de los artífices del acuerdo de paz del Viernes Santo (o de Belfast, puesto que en Irlanda del Norte la terminología dice muchas cosas), y que ponía fin a décadas de un conflicto político irresoluto en la isla, que hundía sus raíces en los inicios del siglo pasado. La figura de Martin McGuinness, por tanto, no solo resultó nuclear en cuanto a la implementación de las exigencias que representaba el acuerdo de paz, sino también respecto de la reivindicación de exigencias frente a los partidos unionistas articulados, en ese entonces, en torno a la figura del ya fallecido reverendo Ian Paisley.

McGuinness resultó imprescindible, igualmente, en la renegociación que, en 2006, experimentó un acuerdo que adolecía de importantes carencias, y cuyo resultado más significativo fue la bicefalía de la oficina del primer ministro en Irlanda del Norte. Es decir, la historia política de la región, y más concretamente, su pacificación política, no se entiende sin un McGuinness que, sin embargo, en los medios españoles, revisando editoriales y titulares informativos, mayoritariamente se presenta como destacado miembro del IRA (Irish Republican Army) de la década de los setenta. Es como si, dentro del espectro mediático español, predominase una necesidad imperiosa por diluir la integridad de una persona que ha defendido sus posiciones políticas de manera inequívoca a lo largo de su vida pues, si algo debe destacarse de la figura de McGuinness, es su honestidad y entereza política.

A Martin McGuinness le debemos que miles de personas vivan libres, sin miedo a la violencia, y en paz y tolerancia.

La mayoría de las columnas de opinión al respecto destacaban aspectos tales como su relación con la violencia norirlandesa de los setenta o la supuesta falsedad de testimonio con respecto a su vinculación con el IRA. Martin McGuinness fue un producto de su época. Católico nacido en Derry (o Londonderry, pues una vez más, la terminología es clave), defendió en todo momento la necesidad de reconocimiento de la comunidad católica. Y es después del Domingo Sangriento de 1972 (Bloody Sunday, tributo de la famosa canción de U2), y que dejó consigo catorce muertes de civiles que protestaban por los derechos civiles, a manos de la policía británica, cuando decide pasar a formar parte de la estructura del IRA provisional.

Lo que no se dice, por ejemplo, es que McGuinness nunca cometió delitos de sangre y que, muy pronto, vio la necesidad de forzar la acción política como mecanismo de superación del conflicto norirlandés. Así, fue representante por el Sinn Féin en Westminster, desde 1997 hasta 2013 para, después, a modo de corolario, llegar a ser viceprimer ministro de Irlanda del Norte desde 1997.

Su aportación más significativa para la paz de la región la hizo como político, a lo que dedicó gran parte de su vida. Negoció, junto con Gerry Adams, el referido acuerdo de paz que, recordemos, no fue negociado por el IRA, sino por los partidos políticos de la región. De igual manera, no hay que olvidar su apuesta inequívoca por el mantenimiento y puesta en marcha de dichos acuerdos durante las últimas dos décadas. Suyo es el mérito de transformar una región dividida en dos comunidades irreconciliables, donde los problemas políticos, poco a poco, fueron dejando paso a problemas de cariz más mundano. Pudimos charlar con él hace tres años, y nos contaba la importancia de la reconciliación como elemento garante de la construcción de paz, y cómo lo que le quitaba el sueño no eran las armas, sino el desempleo, la falta de oportunidades y la educación de los jóvenes norirlandeses que, en la actualidad, son los motivos que alimentan la violencia en Irlanda del Norte.

McGuinness tuvo que debatir con su otrora acérrimo enemigo, el reverendo Ian Paisley, consiguiendo un entendimiento que en los años más duros del conflicto resultaba absolutamente impensable. Es por todo que consideramos que Martin McGuinness debe ser recordado con el cariño con el que se recuerda a otros líderes como Nelson Mandela (al que le unía una buena amistad). Es decir, no reducir su figura política a la pertenencia al IRA, tal y como, únicamente, han recordado los medios. Sería difícil concebir un obituario de Mandela que comenzara con: "El antiguo miembro del ANC falleció en Sudáfrica". McGuinness perteneció al IRA, y también al Sinn Féin, negoció los acuerdos de paz y dedicó parte de su vida a implementarlos y a desterrar la violencia política de Irlanda del Norte. A él le debemos que miles de personas vivan libres, sin miedo a la violencia, y en paz y tolerancia.