Huffpost Spain
BLOG

Los artículos más recientes y el análisis de la actualidad a través de las firmas de El HuffPost

Jesús Alcoba González Headshot

'El Dr. Livingstone, supongo': qué hacer cuando el mérito se lo lleva otro

Publicado: Actualizado:
Imprimir

2016-11-02-1478114811-5564990-OFFICEPEOPLEWORKING_original.jpg
Foto: Shutterstock.

Seguro que te suena esta frase. Fue pronunciada por un explorador a finales del siglo XIX al encontrar al famoso Dr. Livingstone tras meses de búsqueda por África. Lo llamativo del caso es que, si no la historia completa, mucha gente al menos conoce la frase, y con ello el nombre de Livingstone, pero comparativamente casi nadie recuerda cómo se llamaba quien realmente merece ser recordado, que fue quien lo encontró. Una historia que seguramente te trae a la memoria todas las ocasiones de la vida en las cuales tú haces algo pero el mérito se lo lleva otro.

El autor del hallazgo fue Henry Morton Stanley, uno de los pioneros de la exploración de África y sin duda uno de sus personajes clave. Lo irónico del asunto es que, aunque hubiera sido ese nombre el recordado por la historia, en realidad él tampoco se llamaba así, o al menos no fue ese el primer nombre que tuvo. Stanley nació en 1841 con el estigma que entonces portaban los llamados hijos ilegítimos. No conoció a su padre y fue abandonado por su madre cuando aún se llamaba John Rowlands. Pese a ser una de los pocos exploradores capaces de haber sobrevivido a las infernales expediciones africanas de aquellos tiempos, entre otras cosas debido a su extraordinaria fuerza de voluntad, algunas de sus misiones fueron controvertidas, y da la impresión de que su vida nunca disfrutó del gozo del reconocimiento: ni cuando nació, ni cuando se jugó la vida en África, y ni siquiera cuando llevó a cabo su hallazgo más célebre, puesto que es otro nombre el que se recuerda.

¿Qué hacer cuando el mérito se lo lleva otro? Puede que en tu trabajo no te juegues la vida como Stanley, pero tal vez te haya ocurrido que, después de horas o días de esfuerzos, finalmente descubres que es otro miembro de tu equipo, o incluso de otro departamento, el que se lleva el reconocimiento por tu trabajo. En el peor de los casos, puede que sea hasta tu jefe el que se atribuye lo que haces. Por eso, y aunque estos no sean consejos definitivos, o que vayan a funcionar siempre y en cualquier circunstancia, merece la pena reflexionar sobre este asunto.

¿Quieres reconocimiento en tu trabajo? Asegúrate de que tienes una marca personal suficientemente definida y visible; piensa bien cuáles son tus objetivos, por qué motivos quieres ser tenido en cuenta y recordado, y concéntrate en ellos.

Quizá lo primero que hay que tener en cuenta, aunque parezca muy obvio, es que nadie lleva una cámara en la frente que registre todo lo que hace mientras trabaja. Si un proyecto te ha llevado horas frente al ordenador, noches sin dormir o preocupaciones durante el fin de semana, piensa que nadie ha sido testigo de ello. En muchos de los casos solo estabas tú. Esto por supuesto no quiere decir que tengas que pregonar a los cuatro vientos cada cosa que haces, pues hay pocos comportamientos menos elegantes que un profesional que alardea de cada minuto que trabaja (lo que sería el otro extremo al que estamos comentando). Simplemente no des por supuesto que tu esfuerzo se va a trasladar por ondas cerebrales a las mentes de los que te rodean.

En segundo lugar, asegúrate de que tienes una marca personal suficientemente definida y visible. Es decir, que las personas de tu entorno tienen claro lo que sabes hacer y lo que no, en qué destacas y, sobre todo, cuál es tu fundamental talento. Si te has esforzado en crear esa marca es menos probable que te ocurra una atribución injusta de tus méritos, puesto que habrá muchas cosas de las que nadie dudará que solo pueden haber sido obra tuya.

Por último, céntrate en lo que de verdad importa: es una niñería reclamar reconocimiento por haber enviado un email, por haber trabajado un minuto más de la hora o por haber tenido una simple idea. Piensa bien cuáles son tus objetivos y por qué motivos quieres ser tenido en cuenta y recordado, y concéntrate en ellos. Quizá si Stanley lo hubiera enfocado de esta manera nunca hubiera pronunciado su célebre frase, sino una que incorporase su nombre.