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¿El WorldPride se va realmente a Nueva York?

07/07/2017 07:23 CEST | Actualizado 07/07/2017 07:23 CEST

Francisco Ruano

El pasado domingo 2 de julio, Madrid cedió el testigo del WorldPride a la ciudad de Nueva York. Pero, ¿realmente Madrid ha dicho adiós al WorldPride? ¿Lo que ha sucedido estos 10 días en la capital de España solo va a pervivir en el recuerdo? Estoy totalmente seguro de que no. Y no lo digo solo por los semáforos igualitarios, esas 72 pequeñas obras de arte de la inclusión y del valor del símbolo para generar espacios de aceptación, y que, como sabemos, formarán parte de la iconografía madrileña. No, hemos asistido a un acontecimiento histórico en el que se han plantado muchas semillas, en el que algunas raíces han atravesado profundamente la tierra y los resultados los iremos viendo en un futuro cercano.

La diversidad sexual, de género y familiar ha dado varios pasos adelante. Y por mucho que la LGTBfobia siga golpeando y obligue a un cierto retroceso, los niveles de libertad e igualdad sociales ya no volverán tan atrás de ninguna de las maneras. Porque la ciudadanía ha hablado. Y se ha mostrado poderosa frente al odio y la discriminación. El poder ciudadano que se ha evidenciado en este Orgullo ha sido contundente y ha hecho batirse en retirada a las fuerzas de la homofobia. Estas seguirán escondidas, pero debilitadas.

En parte gracias a la unidad institucional y política lograda en la manifestación. La imagen de la alcaldesa junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, rodeadas por altos representantes de casi todo el arco parlamentario, ha marcado un antes y un después. Y detrás de esa foto, no lo olvidemos, está ese compromiso de tramitar la Ley de Igualdad LGTBI en el Parlamento y de aprobarla respetando el espíritu con la que la ha redactado el movimiento. Esa ley es una de las semillas que han sido abonadas en este Orgullo Mundial y ayudará de manera muy efectiva a lograr la igualdad efectiva y el acceso a la felicidad de millones de personas.

Hasta el mensaje de la Casa Real felicitando por el éxito del WorldPride –si bien ignoraba que no se trata de un acto institucional, sino de una movilización organizada por entidades ciudadanas– supone un posicionamiento que también resulta histórico. ¿Quién sabe si el siguiente paso no será una reunión con el movimiento LGTB para conocer de primera mano las necesidades más acuciantes del colectivo?

La exposición Subversivas, 40 años de activismo LGTB se podrá ver, en principio, hasta octubre en el Palacio de Cibeles de Madrid. Y esta es otra semilla, la del inicio de la recuperación de una memoria histórica fundamental para entender la transición española. La memoria de un movimiento que a través de una revuelta tan incesante como pacífica que ha influido más que decisivamente en el cambio que ha experimentado la sociedad española. Más que cambio, subversión. Además, es un buen inicio para la creación de ese tan necesario Archivo de la Memoria Histórica LGTB que establece uno de los artículos de la mencionada Ley de Igualdad LGTBI.

España va a seguir siendo un modelo y va a contribuir, de manera decidida a que esos derechos LGTBI se expandan, de una vez por todas, por todo el mundo.

El museo de América también continúa exhibiendo Trans, Diversidad de identidades y roles de génerohasta septiembre. Y más allá de la labor pedagógica que realiza –imprescindible– y que quedará siempre en el catálogo, ha marcado igualmente un hito en la comprensión de lo que debe ser un museo: un espacio vivo que ayude a comprender, a mejorar la sociedad que lo construye, a abrir los ojos para entender, para visibilizar realidades desconocidas o deliberadamente ocultadas.

Como igualmente han abierto los ojos los itinerarios marcados en el Museo del Prado y Thyssen para aprender a leer el arte que albergan desde una mirada más completa, no tan obligatoriamente heterosexista.

Podríamos seguir poniendo ejemplos de esas semillas de igualdad y visibilidad pero la más importante, probablemente, sea el empoderamiento que este Orgullo, este WorldPride ha traído a tantas y tantas personas. Incontables las salidas del armario que ha facilitado (el armario, como decía recientemente Boris Izaguirre, produce daños irreparables). Se cuentan por miles las banderas que la gente ha plantado ante sus vecinos, con lo que esto implica de visibilidad que establece nuevas reglas del juego en plano de igualdad puesto que aleja miedos y ocultamientos.

La manifestación del pasado 1 de julio congregó a más de 1.400.000 personas procedentes de los más diversos lugares del mundo, convirtiéndola en la mayor celebración del Orgullo LGTB y, tal vez, la más multitudinaria demostración de ciudadanía de la historia de este país. Por las calles de la ciudad marcharon todo tipo de personas: migrantes, refugiadas, mayores, familias, personas con discapacidad, creyentes... Y es que la manifestación del Orgullo no lo es de unos pocos, sino de toda una sociedad que celebra, ante todo, el derecho a reivindicar su diversidad, a gritar que aquí no sobra nadie y, en definitiva, a sentirse orgullosa de que así sea.

Las niñas, los niños que han estado estos días en Madrid, o que lo han visto por las televisiones o por las redes sociales, van a crecer con la experiencia de haber conocido lo hermosa que es una ciudad envuelta en los colores del arcoíris –en sentido figurado y literal–. Y ese aprendizaje es un camino sin retorno.

Por eso, y por muchísimo más, el WorldPride no se va a ir de Madrid ya nunca. Y por eso, y por muchísimo más, España va a seguir siendo un modelo y va a contribuir, de manera decidida a que esos derechos LGTBI se expandan, de una vez por todas, por todo el mundo.

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