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Es hora de abandonar la guerra contra las drogas y de centrarse en la salud

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Goran Tomasevic / Reuters
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Casi nadie puede discrepar del principio de que hay que "poner a las personas primero", sea en cuestión de estrategias de negocios o de políticas públicas. No obstante, pese a la popularidad y al ingenio de ese memorable lema de la campaña de Clinton en 1992, la postura de la ONU en el contexto específico de las reformas en política de drogas resulta bastante confuso.

Dado que el eslogan significa cosas muy distintas para diferentes personas, no hay suficiente terreno común para la esperanza de que surja un debate inclusivo, plural y basado en pruebas que posibilitaría el cambio. Por lo tanto, contextualizar la sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre el problema mundial de las drogas (UNGASS) en torno a la necesidad de una política de drogas global que ponga a las personas primero no parece demasiado útil.

Esta cumbre marca una gran diferencia aunque sólo sea para plantear desacuerdos y divisiones básicos.

En cambio, esto disuade otros debates mucho más necesarios basados en pruebas e impide que los gobiernos compartan sus datos sobre la efectividad, innovación y experimentación de políticas (tres conversaciones que, en mi opinión, la UNGASS 2016 debería fomentar y apoyar).

Aun así, la UNGASS es una oportunidad única e histórica independientemente de cuáles sean las conclusiones sobre las que se puede llegar a un acuerdo.

united nations drug

Un agricultor afgano, en una plantación de opio de la provincia de Kandahar el pasado 12 de abril. (JAWED TANVEER/AFP/Getty Images)

Desde 1992, cuando los países se reunieron para exponer su visión de un mundo libre de drogas, no ha vuelto a haber una sesión especial sobre este tema. Así que celebrar una cumbre como la de esta semana después de varios años de guerra contra las drogas es un gran logro en sí mismo.

Del mismo modo, como no ha habido grandes cambios estos años a todos los niveles -ni en la política internacional, ni en los mercados ilícitos de la droga, ni en el enfoque individual de cada país-, esta cumbre marca un antes y un después, aunque sólo sea para plantear desacuerdos y divisiones básicos. Cuando se empiezan a llevar a cabo reformas complejas, a veces requieren desacuerdos para emerger antes de que se articule por completo un nuevo consenso en las políticas. Éste es el caso de la UNGASS 2016.

Debemos dar a regiones y países concretos la libertad para explorar las políticas sobre drogas que mejor se ajusten a sus necesidades.

En la última década, mi país, Portugal, ha implementado políticas innovadoras centradas en las personas, basadas en la salud y destinadas a mantener viva a la gente a la vez que se respetan los derechos humanos. En 2011, Portugal despenalizó la posesión de drogas para uso personal y prefirió emplear sus recursos en políticas de salud pública, reducción de los daños y tratamiento en lugar de en actuación policial. El paradigma cambió por completo: se pasó de una perspectiva basada en la aplicación de leyes a una cuestión de salud. Además, estas intervenciones de reducción de daños se sustituyeron por una gran variedad de programas de prevención. Por último, para asegurarse de que la opinión pública apoyaba estas políticas, se lanzó un amplio e informado debate público para superar el estigma y la marginalización de las personas que consumen drogas.

Portugal y Suiza son los países pioneros en reformas de política de drogas, y ahora un gran número de países en Europa, Latinoamérica y Estados Unidos están siguiendo su estela. Casi cien países apoyan en la actualidad un enfoque de reducción de daños en la política y/o la práctica que incluya, entre otras cosas, tratamientos con metadona y programas de agujas y jeringas. Aproximadamente 20 países han adoptado algún tipo de despenalización de posesión y uso de drogas. También se han regulado algunos mercados del cannabis. Sin embargo, al mismo tiempo, otros países siguen mostrándose contrarios a cualquier cambio en sus políticas.

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Preparación de dosis de metadona para su distribución entre pacientes en la clínica de rehabilitación Taipas en Lisboa. 10 de agosto de 2012. (REUTERS/Rafael Marchante)

UNGASS 2016 debería mostrar esta diversidad. Con suerte, no sólo permitirá a los participantes -representantes de gobiernos, sociedad civil, organizaciones y comunidad científica- compartir sus mejores prácticas y experiencias de éxito, sino también discutir qué políticas funcionan y cuáles deben evitarse por su impacto negativo en la salud pública.

La Comisión Global de Política de Drogas -compuesta por ex jefes de Estado, entre ellos yo mismo, y representantes veteranos de la ONU- no ha dejado de pedir un cambio para pasar de las políticas exclusivamente punitivas e impositivas a un enfoque más equilibrado y pragmático basado en la salud pública y los derechos humanos. Apoyándose en sus numerosos informes con pruebas, la Comisión aboga por revisar el enfoque represivo y limitado que prevalece las últimas décadas, y por abrir nuevas vías hacia la cooperación internacional para dar a regiones y países concretos la libertad para explorar las políticas sobre drogas que mejor se ajusten a sus necesidades.

La historia se hace en el proceso.

Asimismo, la Comisión defiende el fin inmediato de la criminalización de personas que consumen drogas y pide a los países que sigan explorando opciones en favor de la salud y de la reducción de daños, así como de una regulación legal y estricta del mercado para algunas drogas actualmente ilegales. La visión de la Comisión se apoya en un importante volumen de pruebas que respaldan enfoques alternativos basados en principios de salud pública, reducción de daños, efectividad en los costes y respeto por los derechos humanos.

No resulta sorprendente que UNGASS se quede muy por detrás de esta visión. Pero esta cumbre supone un punto de inflexión en nuestra trayectoria colectiva hacia una mejora global en la política de drogas. Sean cuales sean las conclusiones formales, las reformas ya están ahí y la historia se hace en el proceso.

Este post fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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