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Autores sin derechos

11/02/2016 07:27 CET | Actualizado 10/02/2017 11:12 CET

En unas pocas semanas, la inspección de la Seguridad Social ha conseguido crear una corriente de solidaridad con los escritores, a los que reclama la devolución de sus pensiones, incompatibles con la percepción de otros ingresos por encima del SMI anual. Hasta tal punto, que el presidente del Congreso, Patxi López, se manifestó expresamente en apoyo de los creadores en el Ateneo de Madrid hace unos días.

Si España fuese Francia, nada de esto habría sido necesario, ya que en ese país las pensiones son plenamente compatibles con cualquier otro ingreso procedente de la actividad laboral o profesional. Sucede que España sigue anclada en normativas del siglo XX y esta compatibilidad no se contempla. ¿O sí?

Es muy curioso, pero cuando uno escudriña la realidad española en esta materia, se encuentra con algunas excepciones. En primer lugar, uno se encuentra con que la pensión y el trabajo son compatibles, siempre que el pensionista-trabajador solicite a la edad legal dicha compatibilidad y renuncie a percibir la mitad de su pensión y pague una cotización de solidaridad a la Seguridad Social. Eso es posible desde 2013, y se llama "jubilación activa" (no "jubilación flexible", como a menudo confunden los medios).

Más curioso todavía es que hay numerosas "mutualidades históricas", alternativas al régimen de trabajadores autónomos, que sí contemplan desde tiempos inmemoriales la plena compatibilidad de las pensiones con los ingresos profesionales de sus miembros. Ninguna de estas mutualidades es de escritores, aunque las hay de abogados, arquitectos, ingenieros...

Lo que ya clama es que los derechos de autor de los escritores, que son el dividendo de su capital intangible, su creatividad, sean considerados como ingresos profesionales y sometidos al yugo de la incompatibilidad. Eso es como si los dividendos o rendimientos del ahorro de los jubilados fuesen declarados incompatibles con la pensión.

Lo que ya clama es que los derechos de autor de los escritores, que son el dividendo de su capital intangible, su creatividad, sean considerados como ingresos profesionales y sometidos al yugo de la incompatibilidad. Eso es como si los dividendos o rendimientos del ahorro de los jubilados fuesen declarados incompatibles con la pensión. ¿No les parece que ello sería una tropelía? Si bien, esa sería la mejor manera de hacer sostenible el sistema de pensiones.

Nos parece que esta famosa incompatibilidad es un anacronismo que debería desaparecer. Es, además, una manifiesta injusticia cuando se aplica a unos colectivos (escritores) y no a otros (mutualistas históricos). Es, por último, el verdugo de la creación, tan necesaria en una sociedad incapaz de valorar el talento.

Los escritores tienen razón en levantarse contra esta situación. La incompatibilidad de pensiones y otros ingresos, sin límite, cualesquiera que éstos sean mientras sean legales y transparentes, mientras paguen los impuestos que les corresponden, esa incompatibilidad, debe eliminarse cuanto antes. Debe declararse la plena compatibilidad entre pensión y otros ingresos, y de esta manera, la Hacienda pública obtendrá más ingresos y la Seguridad Social más cotizaciones, ya que dicha compatibilidad creará empleo, en vez de destruirlo, como hace la incompatibilidad amparándose en la falsa creencia de que la compatibilidad bloquea el empleo de los jóvenes. ¿O un escritor jubilado quita el trabajo a un escritor novel? El mercado sólo paga por lo que considera de valor.

Incluso en funciones, el Gobierno debería habilitar una situación transitoria que parase este abuso institucional, o hacer incompatibles los ingresos de los colectivos exentos y que se generalice el incendio discriminatorio. Incluso en campaña, los partidos que pugnan por gobernar deberían pronunciarse claramente sobre si quieren la plena compatibilidad de pensiones y otros ingresos, el statu quo, o algo todavía peor, como sería someter a la incompatibilidad a todos los colectivos ahora exentos. Cuanto antes, mejor.