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Capitulo XXIII: La naranja

24/07/2013 07:23 CEST | Actualizado 22/09/2013 11:12 CEST

la naranja


En capítulos anteriores...

Mister Proper ha descubierto que quién llamó al mono para darle el soplo de que el cocodrilo de Lacoste estaba acusándoles a él y a Mimosín de pagar la destellina con billetes falsos, es un contacto registrado a nombre de C. Ahora, intenta averiguar qué personaje de Marketinia puede ser esa misteriosa C.

El sábado por la mañana, Mister Proper decidió visitar a un viejo amigo. Había conocido a Naranjito en un reality de televisión en el que ambos habían participado tiempo atrás, justo antes de que los organismos internacionales decidieran lo de Marketinia, cuando los personajes de los anuncios ocupaban cada día la portada de los periódicos. Era una especie de Gran Hermano V.I.P. sólo para mascotas publicitarias y logotipos famosos. La naranja futbolista y él habían congeniado desde el primer momento. Hacía tiempo que no le veía, pero sabía exactamente donde encontrarle. Todos los sábados por la mañana, Naranjito se acercaba a algún polideportivo de barrio a ver jugar al fútbol a los equipos infantiles. Aquello le apasionaba. Aunque Mister Proper nunca tuvo claro si lo que le gustaba era el balompié en si o los niños en pantalón corto que participaban en el juego. Siempre le había dado la impresión de que el cítrico andante tenía pinta de pervertido. Así que nada más levantarse, encendió el ordenador y buscó en Internet una lista de las instalaciones deportivas de la ciudad. Luego, salió de casa y empezó a recorrerlas de una en una. No tardó en encontrarle, oculto en la última fila de las destartaladas gradas de un pequeño estadio de las afueras.

-¡Hombre, Naranjito, qué casualidad! - exclamó, haciéndose el encontradizo.

-¡Vaya, pero si es Mister Proper!

-Don Limpio... ahora me llamo Don Limpio.

-¿Ah si?, como quieras, pero dime, ¿qué estás haciendo tu aquí? No me digas que también te has aficionado a los partidos de colegiales...

-Bueno, verás, yo... pasaba por aquí y...

-¿Pasabas por aquí? - inquirió la naranja frunciendo el ceño - Venga ya, tío... Por aquí no pasa nadie. Déjate de tonterías y dime qué quieres de mi.

-Está bien... tu ganas...

Mister Proper se sentó y le contó toda la historia desde el principio.

-Joder, tío, siento muchísimo lo de Mimosín - le dijo cuando acabó - No tenía ni idea. Oye, ¿pero por qué me cuentas todo esto precisamente a mi?

-Me gustaría saber quien es C antes de llamarle por teléfono.

-Si, claro, supongo que es buena idea, ¿pero porqué crees que yo lo se?

-Hombre, está claro que ese tal C tiene que ser alguien relacionado con el mundo de la droga, seguramente uno de los que le pasaban la destellina al Mono...

-¿Y...? - Naranjito parecía realmente despistado

-Joder tío, yo no tengo ni idea de cosas de drogas, pero tu si. Estuviste en la cárcel por narcotráfico.

Efectivamente, hacía unos cuantos años, a Naranjito le habían condenado por un tema de drogas. Se había visto mezclado en una trama de suministro de anabolizantes a distintos atletas. Había pasado una buena temporada en prisión por ello, y a juzgar por la cara que le puso a Mister Proper, estaba claro que no le gustaba recordarlo.

-Así que era eso... No me lo puedo creer, tío, ¿me estás comparando con un puto dealer? Es de coña. Si, vale, me encerraron, pero no soy un traficante. Lo que hice, lo hice porque amo a mi país. Nuestros atletas no tenían ninguna posibilidad frente a los chinos, los americanos, los rusos, los alemanes... ¿Que te crees, que ellos no se meten nada? Pues claro que si, todo el mundo lo sabe. Lo que pasa es sus médicos son cojonudos y conocen sustancias que no se detectan. Sus gobiernos pagan una fortuna a los mismos tíos que inventan cosas como la Viagra y el Prozac para que desarrollen esteroides indetectables. En cambio, los de aquí son unos putos mantas. Pero yo no lo sabía. Mi error fue pensar que iban a hacer bien su trabajo. De haber sido así, no nos hubieran pillado, España habría ganado 5 ó 6 medallas más y yo ahora sería una especie de Samaranch, con un puesto vitalicio en el Comité Olímpico, pero no, en vez de eso, tengo que ganarme la vida promocionando zumos de naranja artificiales y aguantando que supuestos amigos como tu me comparen con Pablo Escobar.

-Oye, lo siento, tío, yo pensaba...

-Pensabas que soy socio de un Club de narcotraficantes y que quedamos todos los jueves a cenar, meternos rayas y contarnos nuestras cosas...

-No, hombre, perdona, de verdad, yo...

-Mira, Mister Proper, me caes bien, pero te equivocas conmigo. No estoy para nada metido en el mundo de las drogas. Aquello fue una equivocación de juventud. No tengo ni idea de quién puede ser esa tal C, pero si quieres mi opinión, me parece que estás haciendo el gilipollas intentando averiguar quien es antes de llamarle. Si de verdad sigues empeñado en hacer las cosas tu mismo y no poner esto en manos de la poli, marca ese número de una vez y se acabó. Y si efectivamente el que lo coge resulta ser un dealer, pues dile simplemente que quieres pillar y ya está.

Mister Proper se le quedó mirando. Naranjito tenía toda la razón. Lo mejor era coger el toro por los cuernos.

-¿Sabes? Creo que te voy a hacer caso. Si, ya está. Le voy a llamar ahora mismo. Gracias, tío, y disculpa de nuevo.

-Adiós, Proper, cuídate.

Mister Proper salió fuera del recinto, y sin más, sacó su móvil y marcó el número. Al quinto timbrazo, lo cogieron.

-¿Diga?

-Hola... eh... el Mono me ha dado tu número...

-El Mono... vale, ¿qué quieres?

Mister Proper tragó saliva. Había que jugársela

-Destellina...

-Vale. ¿Cuánto quieres?

-¿Cuánto? Esto... no se, pues... ¿dos gramos?

-¿Dos? De acuerdo. ¿Conoces la Cervecería del Gordo?

-Si, creo que si.

-Muy bien. Yo pasaré por allí sobre las 10. Trae la pasta. Hasta esta noche.

-¡Eh, oye, espera!... ¿cómo te reconoceré?

-¿Reconocerme?, ¿estás de coña?, ¿es que nunca has visto un camello?

Y colgó.

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