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'Coaching' para súbditos

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Foto: ISTOCK

En la lista de libros más vendidos en la sección de ensayo suele colocarse en los puestos superiores alguno relativo al liderazgo, del tipo Sea líder en 10 semanas, o Conviértase en el líder que siempre quiso ser, o Saque al líder influyente que lleva dentro. Por otro lado, no escasean los cursos impartidos por las más diversas instituciones -algunas de ellas de dudosa solvencia académica- sobre el mismo asunto, con la particularidad de que algunos utilizan el término inglés coaching. La variedad es notable, siempre prestos a adaptarse a las particulares preferencias del futuro líder. Es decir, que cualquiera que quiera progresar y pasar a ser alguien que capitanee sus relaciones personales o profesionales, ya sea en el ámbito de la empresa, en la oficina, en el equipo deportivo o en la pareja, tiene a su alcance el curso a medida que le permitirá ser un líder, alguien de éxito, un individuo influyente en los que le rodean.

No deja de ser curioso el éxito de estos libros y cursos cuando uno observa el mercado laboral y percibe que la mayoría de los empleados somos subordinados que recibimos órdenes y que tenemos que acomodarnos a la voluntad de un jefe que, a su vez, tiene un superior al que debe obediencia. Es una ínfima porción de personas, si es que hay alguna, que de una u otra manera no es un subordinado, un inferior que debe soportar la arbitrariedad de un jefe, sus extravagancias o sus desvaríos que convierten frecuentemente el trabajo en un tormento o en la causa de las principales quejas que nos agobian diariamente.

A pesar de lo que nos quieren hacer creer, la verdad desagradable es que no estamos aquí para mandar o ser influyentes, sino que obedecer, servir, es el principal argumento de la obra.

Por eso sorprende que las editoriales especializadas en este género de libros o las instituciones que organizan cursos similares no haya percibido el potencial mercado que gira en torno a esta realista perspectiva de las relaciones sociales. Estoy convencido de que cuando sean conscientes de este nicho, los nuevos éxitos de ventas serán libros cuyos probables títulos sean Coaching para súbditos, Sea un lacayo feliz, o si los títulos son un poco exagerados, algo del estilo De sufrido a feliz empleado en 10 pasos.

Sugiero que tales libros o cursos aborden seriamente estrategias tan necesarias para nuestra felicidad servil como: 1) Sepa esquivar un encargo de última hora, 2) Cómo aceptar estoicamente órdenes arbitrarias, 3) Cómo ver en una decisión injusta una oportunidad para fastidiar a un inferior, 4) Cómo mantener una sonrisa en la cara cuando recuerda a la madre del jefe, 5) Cómo aguantar al colega insoportable, 6) Cómo esquivar al colega pesado, y así sucesivamente.

Porque, seamos sinceros ¿cuántos de nosotros va a dejar de ser un simple subordinado? Teniendo en cuenta que ya es una fortuna tener un empleo, ¿no sería más factible sacar partido de esa situación que no soñar y aprender protocolos para un cargo que nunca vamos a desempeñar? Es más, la percepción de ser mandado es inversamente proporcional a la de ser el superior que tiene gente por debajo.

A estas consideraciones psicológicas hay que añadir otras sociales: este es un país que, aun con los cambios sociales que han acontecido en los últimos decenios, es culturalmente un pueblo acostumbrado a ser mandado. Todavía hay gente que cuando contesta al teléfono responde con un "mande", asumiendo inconscientemente que sea quien sea quien esté al otro lado del teléfono es un superior al que debe obedecer. Y qué decir de algunas zonas del territorio hispánico en las que parece estar enraizada esa mentalidad servil. A diferencia de lo que ocurre en EEUU, donde la mayoría de los jóvenes tiene como sueño ser emprendedor, en Andalucía, el 75% de los jóvenes tiene como aspiración ser... funcionarios. Así pues, prepárense para las nueva hornada de libros de autoayuda que promete ser más útil para nuestras vidas que los que en la actualidad copan las estanterías de las librerías. Menos pretenciosos, pero más realistas. Y es que, a pesar de lo que nos quieren hacer creer, la verdad desagradable es que no estamos aquí para mandar o ser influyentes, sino que obedecer, servir, es el principal argumento de la obra.