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Aprendamos a compartir el coche

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La llegada de la telemática al mundo del transporte está permitiendo el nacimiento de nuevas alternativas en el ámbito de los desplazamientos urbanos. Las reducidas posibilidades actuales (público o privado) se han incrementado ya con la aparición de otras fórmulas, entre las que destacan la del vehículo compartido.

Hace unos días, una de las empresas de renting más importantes de nuestro país, Arval, perteneciente al grupo financiero francés BNP Paribas, presentó una modalidad que merece la pena comentar: el renting compartido.

Comencemos por decir que el renting es una modalidad de arrendamiento de un servicio (el uso de un automóvil) que se ofrece a una entidad. No confundir con el arrendamiento financiero o de un bien. En el caso del renting el trabajador de esta empresa elige el modelo de coche que se adapte a sus necesidades y sólo paga el combustible (también existe una modalidad en la que se incluye). Todos los demás gastos del coche: seguros, mantenimiento, averías, neumáticos...etc, se suman en un pago mensual pactado. Finalizado el plazo del contrato, el vehículo (que siempre es propiedad de la empresa arrendataria) retorna a la propiedad, que puede venderla a cualquier otra persona, incluida su usuario, por un precio residual.

Esta modalidad de renting supone ya en España el 13,5 por ciento de todas las matriculaciones, circulando por nuestras calles y carreteras, a finales del segundo trimestre de este año, 420.000 coches.

Esta modalidad de arrendamiento de servicios tiene una serie de ventajas fiscales para la empresa, y otras ventajas para el usuario, que goza de un "pago en especies" que, con su control fiscal correspondiente, representa una ventaja innegable; así como un reconocimiento de status laboral. El coche no sólo se convierte en una herramienta de trabajo, sino de una parte del salario. Obviamente, el usuario puede utilizar su vehículo para el trabajo o para el ocio.

Para las empresas, especialmente para las que necesitan de una flota considerable, el renting es la opción más lógica, ya que controlan los gastos y gestionan la flota, exteriorizando una parte importante de su función. Cualquiera de las empresas de renting (casi siempre vinculadas a entidades financieras o bancarias multinacionales) ofrece este servicio de gestión total de la flota, asesoramiento y recompra. Así, que nadie se sorprenda al saber que organismos como la Policía, La Dirección General de Tráfico; la inmensa mayoría de los Ayuntamientos y policías municipales; y la casi totalidad de las corporaciones públicas y privadas recurren a este sistema de gestión de las flotas.

Muchos de estos organismos o empresas tienen sobredimensionada la flota, al estar adjudicado un vehículo a un solo trabajador. Lo que ahora ha presentado Arval es una nueva modalidad que permite compartir cada vehículo por cualquier persona de esa empresa. Por medio de un programa telemático, desarrollado por Detector, que es una empresa especializada en la gestión de flotas y recuperación de vehículos robados, el trabajador de la empresa que haya suscrito el contrato de renting, reserva la hora en que necesitará el coche, el recorrido aproximado y la hora de devolución. Una tarjeta personalizada le permitirá acceder a ese vehículo y una vez finalizado el servicio, el coche puede ser utilizado por otra persona. Una amplia panoplia de ayudas y servicios completan la oferta, que se pondrá en marcha en las próximas semanas, tras más de un año de pruebas en varias ciudades y empresas españolas.

En principio, cualquier iniciativa para racionalizar el uso de los vehículos es beneficiosa. Tanto desde el punto de vista económico, como medioambiental y de racionalización de los tiempos y rentabilidades. Otra cosa es que esta modalidad pueda ofrecerse a un número considerable de empresas.

Este renting compartido suprime el incentivo del uso del automóvil como complemento salarial. El automóvil pasa a ser un puro elemento de transporte, sin asignación personalizada y sin el componente emocional que siempre tiene el uso personalizado de un automóvil. Por otro lado, "lo que es de todos no es de nadie" es un aforismo demoledor para cualquier bien y el automóvil de renting compartido no va a ser ajeno a este peligro. Si lo que la empresa quiere es exteriorizar única y exclusivamente la gestión de los desplazamientos, parecería más eficaz el uso del taxi... si por fin este sector del taxi se decide a poner en marcha sistemas telemáticos que rentabilicen los tiempos de uso, cosa que aún está en pañales. En definitiva, esta modalidad de renting necesitará de una cultura automovilística y empresarial que no existe en todas las empresas españolas. Esperemos que vayamos progresando.

Hay que ser optimistas respecto a la llegada de nuevos sistemas de desplazamiento personal o profesional. Por ejemplo, nos parece que estas iniciativas van a posibilitar la proliferación de los vehículos eléctricos, con innegables ventajas medioambientales. Y, en cualquier caso, hay que ponerlos en marcha para satisfacer las necesidades de grupos muy concretos de personas. Durante muchos años nos hemos esforzado en hacer más amables las ciudades, intentando resolver los problemas que plantean los vehículos. Hora es ya de pensar que es absurdo que las herramientas para movernos estén sin movimiento más del 90 por ciento del tiempo y ocupadas apenas en la cuarta parte de su capacidad de carga. Así que dedicar un poco de reflexión a mejorar la movilidad, siempre es cosa buena.