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Bienvenidos al atasco

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Oigo por la radio a alguien quejarse de que se ha pasado más de tres horas en un atasco sin que nadie le ofreciese una solución alternativa. José Mota diría algo así como "tú eres muy tonto". En un periódico leo que los atascos, este regreso de Semana Santa, sumaron más de 450 kilómetros, "lo que produjo la indignación de muchos conductores"; aquí Mota podría decir algo un poco más fuerte.

Juan Español, ese admirable personaje de Mariano de Cavia, pretende irse de vacaciones a Torrevieja, regresar el domingo por la tarde y que la DGT le despeje la carretera para que no encuentre mucho tráfico. Al fin y al cabo, Juan paga religiosamente sus impuestos y la gasolina más cara de la historia y qué menos que encontrar las carreteras despejadas para cuando tenga a bien ir a disfrutar de la lluvia de primavera.

Dicen en Tráfico que estos días de Semana Santa se han producido 17 millones de desplazamientos. Ignoro la calidad científica del dato, pero lo cierto es que, con crisis o sin crisis, estos días hay millones de desplazamientos en España, Francia, Italia y cualquier país de nuestro entorno, con índices de motorización similares. En España hay 22,3 millones de turismos circulando, según datos de 2011, para algo más de 47 millones de habitantes. Tenemos por tanto una tasa que roza los 500 coches por cada mil habitantes, que ya es una de las más altas de Europa.

Nuestra red de carreteras es de algo más de 165.000 kilómetros y desde hace ya unos cuantos años, es una de las redes de más calidad de Europa, que es tanto como decir del Mundo. Tenemos más vías de alta capacidad (autopistas y autovías con más de un carril por sentido) que Alemania, Francia o el Reino Unido y además, en su mayoría, gratuitas. No sabemos lo que va a durar esta gratuidad y también es cierto que la señalización en general es mala y la conservación casi inexistente en estos últimos años, por lo que, si nadie lo remedia (y Merkel no está por la labor) nuestras carreteras dejarán de ser las mejores del continente. Pero a día de hoy, aún siguen siendo de las mejores. Y quien lo ponga en duda no tiene más que darse una vueltecita más allá de los Pirineos.

Pero lo que es evidente es que no hay ningún país, por rico que sea, que pueda permitirse el lujo de tener una red viaria capaz de soportar el tráfico de estos éxodos de Pascua. España es un país muy extenso, con una red de tipo radial (cada día más en forma de tela de araña) y un éxodo del interior a la periferia, lo que agrava el problema. Francia tiene una situación muy similar y allí los atascos de Pascua son igualmente estremecedores. En Italia no hay ninguna gran ciudad a más de 200 kilómetros de la costa; y en el Norte y Centro de Europa necesitan un avión para ir a tomar el sol. Por lo tanto, este problema de congestión de las vías es casi exclusivo de España y Francia.

Por lo tanto, dejemos las quejas por los atascos, porque los únicos culpables somos quienes los formamos. Otra cosa es que puedan reducirse. Voy a contar mi caso particular, que solo sirve como anécdota ilustrativa. Regresaba a Madrid desde Andalucía y en Despeñaperros empezaron los problemas con las primeras paradas. Así que en la primera oportunidad, me salí de la Nacional IV para ir a buscar Ciudad Real y Toledo, siguiendo la ruta del AVE. Pues bien, por allí había menos tráfico que un día normal. Y seguro que hay otras alternativas para las encerronas, en la inmensa mayoría de las circunstancias. Pero para eso hay que llevar un mapa a mano y no tener miedo a circular por carreteras de doble sentido.

Hay quien se queja de que estos desvíos (que insisto que existen en la mayoría de los casos) no están señalizados ni recomendados y que falta información sobre las condiciones de tráfico que nos podemos encontrar. Es cierto, pero ya vamos siendo mayorcitos. Es más: hay aplicaciones para smartphones que con bastante precisión, nos dicen cómo está el tráfico casi en tiempo real. Pero no podemos pretender que la tutela administrativa llegue a decirnos qué debemos de hacer en cada instante.

Por si fuera poco, la inmensa mayoría de los conductores españoles se han acostumbrado de tal manera a circular por autovía que se vuelven desesperantemente patosos para adelantar en una vía de doble sentido. Si además, está lloviendo, un camión o un vehículo que circule a 80 kilómetros por hora es una caravana segura, con todos los vehículos bien juntitos para que sea imposible adelantar de uno en uno. Y si el que circula a 80 es un coche de la Guardia Civil, no es que se forme una caravana detrás, es que la mayoría de los conductores prefiere pararse en una gasolinera a hacer tiempo, antes que tener que tomar la decisión de adelantarles. La Benemérita (la Agrupación de Tráfico) tiene el dudoso honor de haber metido el miedo en el cuerpo a unos cuantos millones de conductores españoles que la ven más como al enemigo, que a alguien que vela por nuestra seguridad.

Es verdad que en estas circunstancias de intenso tráfico se ven bastantes barbaridades y no pocas infracciones. Pero la cantidad de conductores inseguros, atemorizados y conduciendo en tensión, es inmensa. Y gran parte de la culpa la tienen los responsables del tráfico, que se empeñan en comunicarnos que una actividad tan normal y placentera como el desplazamiento en coche, es una actividad de riesgo que hay que vigilar por tierra y aire... y no me chocaría que pronto también por mar.

Y otro apunte más, con una importante responsabilidad de los medios de comunicación: en los días previos a estos éxodos de Pascua o de verano, abundan los consejos y recomendaciones para tener el coche a punto y bien revisados los elementos de seguridad. Bien está que nos lo recuerden, pero un consejo: quien sólo se ocupe de la seguridad de su coche en los días previos a un viaje, más vale que lo venda o que se vaya en tren.