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Seamos egoístas, ayudemos a los refugiados

24/02/2017 07:23 CET | Actualizado 24/02/2017 07:23 CET

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Jóvenes refugiados españoles de la Guerra Civil llegan al puerto de Southampton en 1937/GETTY IMAGES

En estos momentos de la historia de la humanidad, hay mucha gente que tiene que dejar su territorio, su casa o lo que quede de ella, a sus familiares, amigos .... Dejarlo todo y huir. Siempre se huye por miedo. Es una de las tres reacciones instintivas ante el peligro (huida, enfrentamiento y pasividad) No creo que nadie deje su territorio y sus lazos por capricho. Consciente o inconscientemente, huye de un miedo externo o interno. Quizás es lo único que puede o sabe hacer en ese momento para sobrevivir tanto él o ella como su familia.

Ante los peligros de una guerra, poco se puede hacer. Probablemente hayan probado primero el enfrentamiento, cada uno a su nivel, y la pasividad. Negando primero lo que pasa, adaptándose después, escondiéndose o quemando los pocos recursos con los que se contase. Al final, si huyen es porque no ven otra salida. Buscan una solución dentro de la información que manejan. Ahí, las fantasías de su niño interior pueden hacer parecer los destinos mucho mejores de lo que son en realidad. Tanto que se juegan la vida poniéndose en manos de mafiosos que les prometen cruzar el Mediterráneo, sin contar con ninguna medida de seguridad.

Muchos mueren. Casi todos lo pierden casi todo para llegar. Los desesperados son presa fácil de gente desalmada, que se nutre de su debilidad y vulnerabilidad. Los afortunados llegan a Europa y malviven en un campo de refugiados, viendo cómo nadie se quiere hacer cargo de ellos. Y menos mal que un montón de voluntarios de ONG les aportan una ayuda inmediata que les trae algo de esperanza. Tan solo unos pocos pueden sentirse verdaderamente acogidos para iniciar una nueva vida.

¿Cómo se puede sentir un refugiado sirio en cualquier país de Europa? Pongamos que ha conseguido llegar y que recibe los permisos y la ayuda mínima para instalarse. Lo que tiene por delante es tremendo. Esto, de por sí, ya es un tarea muy dura y difícil. Salir adelante en un sitio nuevo y desconocido, sin apoyos familiares, muchas veces sin conocer el idioma ni las costumbres locales, encontrar trabajo, adaptarse, sobrevivir en un medio desconocido, todo esto remueve los pilares más profundos. Necesitará hacer el duelo de todo lo que perdió para poder apegarse a su nueva forma de vida. Cuanto más profundo sea ese proceso de duelo, cuanto más se limpie de sus relaciones perdidas, mejor será su adaptación a su nueva vida.

La mayoría de los Gobiernos se niegan a recibirlos. Hay algunas excepciones como Canadá, que lo está haciendo bien. Alemania, en parte, lo intenta. España..., en fin. Todos sabemos lo que no está haciendo.

¿Qué tendría que pasar para que las cosas cambiasen? Probablemente necesitamos algo que nos haga reflexionar, que nos conecte con la realidad de lo que realmente está pasando. Que nos acerque desde lo emocional al sufrimiento de personas que no conocemos.

Los que sí que ayudan, las que se están movilizando a favor de los refugiados, los que abogan por aumentar el número de desplazados a los que atender por país o región probablemente lo hagan por solidaridad, por el deseo de hacer el bien, por amor a los demás, por justicia social, coherencia.... Todos ellos valores que deberían ser mayoritarios entre las personas, pero que a la vista de la realidad, no se activan multitudinariamente, como cabría esperar. Pienso que lo que impide o dificulta esa vía de actuación es el miedo. Directo o en forma de pasividad, que deja a la población encogida ante el sufrimiento ajeno. Miedos externos a quedarse sin trabajo, a la delincuencia y a muchos horrores añadidos que no son más que justificaciones de sus miedos internos. El brexit y el auge del populismo atienden a estos motivos que, para mí, son signos de impotencia ante el propio miedo irracional.

¿Qué tendría que pasar para que las cosas cambiasen? Probablemente necesitamos algo que nos haga reflexionar, que nos conecte con la realidad de lo que realmente está pasando. Que nos acerque desde lo emocional al sufrimiento de personas que no conocemos. ¿Y si ese refugiado que se encuentra sobreviviendo en un campamento en Lesbos, pasando frío y hambre fuera alguien cercano a ti? ¿Ayudarías a un familiar o a un amigo? ¿Te gustaría que te ayudasen a ti o a un hijo tuyo si alguno de los dos estuviera en una situación similar?

Seguramente, tras un análisis genético tuyo, podrías descubrir el amplio abanico de orígenes diversos que tienes de tus ancestros. Probablemente, en tu propia historia haya habido antepasados que, en algún momento, necesitaron la asistencia de otros, buenas personas sin cuya ayuda tú podrías no haber nacido. Conéctate con esa posibilidad y empatiza con los que sufren. A lo mejor, eso te impulsa a actuar.

Migraciones, huidas del propio país, muertes por la guerra, ahogamientos masivos. Lo escuchamos a diario. Lo vemos en televisión. Ya casi nada nos mueve. Tenemos demasiados estímulos que nos hacen minimizar el impacto emocional de lo que vemos como mecanismo defensivo. Ponemos distancia y así sufrimos menos, pero nos hace menos humanos. Nos insensibiliza. Nuestra relación con nosotros mismos se deteriora.

Si actúas, si comienzas alguna acción de ayuda, si aportas algo que mejore la asistencia a los refugiados, mejorarás internamente. Te sentirás mejor persona. Algo se moverá en tu interior, para bien. Lo que haces fuera mueve algo dentro. Cada uno a su nivel, como pueda, desde su realidad, que mueva su energía para que la rueda avance. Entre todos podemos hacer que algo cambie. Muchos movimientos y sentimientos entre personas son contagiosos. Haz que los de tu entorno se contagien de las ganas de ayudar. ¡Muévete! ¡Actúa!

Si eres político, mueve hilos, toma decisiones, consigue que a nivel institucional cambien las cosas. Si eres abogado, defiende la causa ante los estamentos adecuados. Si tienes tiempo, hazte voluntario en una ONG que ayude a los refugiados. Si eres periodista, difunde el mensaje a través de los medios. Si tienes dinero, dona a las ONG lo que puedas. Si ... Todos podemos aportar de alguna manera. ¡Hagámoslo!

Cualquiera puede ser un refugiado. Si lo dudas, explórate interiormente y dime sinceramente si tú no huyes de algo que te duele o te da miedo. Ese miedo interno e irracional que todos tenemos, aunque no dé la cara, mejorará con tu buena acción. Sentirás más tranquilidad. Te percibirás como una mejor persona. Te querrás más. Te saldrá mejor lo que emprendas, pues tu energía será más positiva. Estoy convencido de que lo que damos revierte en nosotros tarde o temprano. Por eso te digo: sé egoísta y ayuda a los demás. Hazlo por ti o por ellos, pero hazlo. A ti y al mundo nos sentará bien.

Este post fue publicado originalmente en el blog del autor