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Celebridades y políticos compran seguidores para obtener falsa popularidad

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En el mundo de las redes sociales parece ser cada vez más importante ser popular. La cantidad de seguidores en Twitter o de fans en Facebook que tenga una personalidad o una marca es muchas veces utilizada como medida de su importancia. Es por esto que cada vez son más los usuarios famosos, y también anónimos, que recurren a diferentes servicios para embellecer su presencia digital.

Es lo que se conoce como astroturfing, una serie de actividades destinadas a aparentar una popularidad que no se tiene. Dentro del astroturfing se encuentra la compra de seguidores de Twitter, la compra de fans de Facebook, la compra de visualizaciones para vídeos de YouTube y un sinfín de otras prácticas non sanctas. En todos los casos se trata de cuentas creadas de forma artificial, de manera que los seguidores no son personas reales sino cuentas falsas automatizadas llamadas bots. Los servicios de astroturfing son ofrecidos por publicistas, que trabajan junto a programadores versados en la actividad del hacking y que son capaces de crear cientos de miles de emails o cuentas en poco tiempo.

Recurrir a estos servicios puede derivar en escándalo. Cada vez es más frecuente que la compra de seguidores por parte de alguna celebridad llegue a los medios. El caso más notorio es el del estadounidense Mitt Romney, que sospechosamente obtuvo más de 100.000 seguidores en sólo un día. Las cuentas falsas se cuentan por millones: el 34% de los seguidores de Lady Gaga son falsos, así como también 31% de los seguidores de Justin Bieber. Incluso la cuenta oficial de Twitter en español tiene un 37% de seguidores falsos, según Fakers, aplicación que determina el porcentaje de seguidores falsos e inactivos en cualquier cuenta de Twitter.

Si bien la actividad de venta de seguidores no es ilegal, va en contra de las políticas de las redes sociales involucradas, y estas compañías realizan grandes esfuerzos por erradicar a los usuarios falsos. Sin embargo, la demanda crece, y los servicios para comprar seguidores son cada vez más y más económicos. En habla hispana domina el mercado compraseguidores.com, una web en la que por sumas tan irrisorias como 15 dólares estadounidenses se pueden obtener 1.500 seguidores para cualquier cuenta de Twitter, y pueden obtenerse hasta 500.000 de la misma manera.

El mayor peligro de recurrir a la compra de seguidores, además de el daño a la imagen para el cliente, es que pueden derivar en acusaciones de estafa en caso de que se utilice la cuenta de Twitter para cobrar publicidad hacia una audiencia que no es real.