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Deporte y Literatura: ¿Por qué nos parecería ridículo un poema sobre Casillas?

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Aún se jugaba la final de la Copa del Rey a doble partido y todavía no había llegado la Guerra Civil, que Miguel Hernández contó como "el viento se llevó las semanas y la muerte no supo andar despacio". Era 1928 y la final la jugaban Barcelona y Real Sociedad, aquel era el partido de vuelta. En una jugada, el portero del Barcelona, Franz Platko, se golpeó contra un delantero de la Real Sociedad. Quedó conmocionado y con media cabeza abierta, pero volvió a jugar.

Rafael Alberti fue a ver aquel partido y quedó tan impresionado que escribió nada más llegar su "Oda a Platko". Lo curioso es que el también poeta Gabriel Celaya, aficionado a la Real Sociedad, también estuvo en aquel partido y reaccionó escribiendo una "Contraoda del poeta de la realidad", en la que arremetía contra Alberti y ya de paso contra el árbitro de aquel partido.

Hoy parece impropio de poetas incluso que vayan a ver un partido de fútbol, mucho más que se enzarcen en una lucha de versos defendiendo a Valdés y Casillas. El fútbol se ha alejado de la literatura.

Quizá todo el deporte se ha alejado del arte.

Sin embargo no siempre ha sido así. En Figueres, recuerdan a un joven portero delgado que dejó de jugar por ser demasiado alocado, se llamaba Salvador Dalí. Su relación con el fútbol continuó durante toda su vida, fue amigo de jugadores como Emilio Sagi Liñán o de Josep Samitier e incluso se encargó del cartel del 75 aniversario del F.C. Barcelona.

El diario Ahora, en su edición del 2 de junio de 1934, recoge esta curiosa declaración de Ramón María del Valle Inclán: "El fútbol lo importé yo a España. En una partida histórica celebrada en Aranjuez, fuimos porteros el conde Romanones y yo, y ofició de árbitro don Segismundo Morest. Empatamos los dos equipos: el Ría de Arosa y el Alcarria. El desempate -que tuvo lugar en el Ateneo, y en el que ganamos, por tres puntos, los del Ría de Arosa- fue algo épico."

Fuera de España el proceso es similar. Una de las frases menos conocidas de Albert Camus es "todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol". El premio Nobel francés jugó como portero en el Racing Universitario de Argel y según cuentan, puede ser que contaminados por su repercusión posterior, no lo hacía mal.

Miguel Delibes, premio Nacional de Literatura y de las Letras, Cervantes y Príncipe de Asturias practicó el ciclismo, la natación y sobre todo fue un gran aficionado al Real Valladolid. Escribió sobre fútbol, opinó y no dejó de ir a Pucela hasta que la edad y el injusto frío de ese campo lo hicieron desaconsejable.

J.B. Priestley, dramaturgo inglés autor de "Llama a un inspector" lo tenía claro "Decir que pagaron por ver a 22 mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es madera y tripa, y que Hamlet solo es papel y tinta".

La sensación sin embargo, es que los intelectuales le han dado la espalda al deporte. Hoy, aparte de Haruki Murakami, corredor confeso y pocos más, parece más frecuente la figura del deportista cultivado que se acerca a la literatura que la del intelectual que encuentra inspiración en el deporte.

El deporte, y el fútbol en particular, ha recorrido un camino diferente al de la tauromaquia. El mundo del toro ha encontrado hueco en la literatura, en la pintura o en la escultura. Sin embargo, pensar en un cuadro de un futbolista o en la escultura de un lance de un partido, parece ridículo.

La razón podría ser que el deporte se relaciona más con la evasión y menos con la creación. Cada cual tendrá su explicación, el caso es que pocos esperamos un poema sobre un regate de Messi o sobre la fuerza de una carrera de Bolt, pero muchos lo echamos de menos.