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Terror en tiempos de Halloween

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Fotograma de Anatomía de la violencia, de la cineasta indocanadiense Deepa Mehta.

Llega un momento en la vida en que el cine, frente a la realidad, pierde paulatinamente su factor sorpresa. No importa cuántos fantasmas, extraterrestres, masacres y perversidad se vea en una película, un informativo acaba conmocionando de una manera mucho más potente y desesperada. La realidad es mucho más impía.

En una semana como la de Halloween, son muchos los que me preguntan qué película condensa mejor el espíritu de las fiestas, qué cinta da más miedo o con qué título se sufre más. El Drácula de Gary Oldman o el de Bela Lugosi; el humor de Arsénico por compasión o la desazón de Saw; Nosferatu de F. W. Murnau o Pesadilla en Elm Street de Wes Craven. No puedo contestar. Y no puedo porque hay realidades que superan toda esta ficción, realidades que me perturban y me abruman con mayor intensidad que un Frankenstein reanimado o unos niños del maíz; realidades que me hacen estremecerme de estupor y contener la respiración como ninguna película lo ha conseguido jamás.

Durante estas fechas, en las que tantos menores salen a las calles a recoger sus golosinas bajo la consigna 'truco o trato', muchas niñas se han visto privadas de sus vidas a manos de quienes se han creído sus legítimos dueños. En muy poco tiempo, nos hemos visto inundados de noticias tétricas que remiten a un mundo espectral más allá de Sleepy Hollow o de IT, siéndome imposible escuchar semejantes aberraciones y seguir adelante como si no sucediese nada.

No estamos en los Juegos del hambre, nuestras niñas no son un tributo. Y digo nuestras porque no me importa el país del que provengan o el idioma en el que hablen. Todas ellas son hijas nuestras, de la humanidad, y su pérdida es el fracaso de todos nosotros. No entiendo por qué debemos tolerar despertarnos con la noticia de que una menor de ocho años ha fallecido tras ser brutalmente violada por su marido y podamos quedarnos impasibles. Tampoco comprendo por qué debemos hablar del "cuerpo de mujer" hallado en un barranco, cuando se trata del cadáver de una niña de quince años que cometió el pecado de ir una tarde al cine. Se escapa a mi entendimiento comprender por qué otra menor de dieciséis años ha tenido que ser drogada y brutalmente violada antes de ser asesinada; ni por qué tenemos que interpretar como lógico y esperable que cada día surja una noticia de que una menor ha sido golpeada, violada, raptada, abusada o asesinada y podamos digerirlo como una píldora tomada con café: al principio hacemos el ademán de atragantarnos pero en cuanto se disuelve apenas cuesta tragarla. A alguien le podrá parecer normal y esperable. Lo más habitual. Abrir un periódico, pasar una página, una niña más. Pero a mí no me parece aceptable bajo ningún concepto.

Elijan el título que más rabia les dé, lo mismo da. Pero no me pregunten qué película de Halloween me da más miedo, porque lo que más me aterra es que a esto que vivimos lo llamemos humanidad.

Porque esas niñas, todas ellas, podrían haberse salvado de ese final aciago, al igual que la joven hindú que murió tras ser atacada por seis hombres en el interior de un autobús. Este suceso, que conmocionó a la opinión pública en 2012, ha sido llevado a la gran pantalla por la cineasta indocanadiense Deepa Mehta en su cinta Anatomía de la violencia. Escrita y dirigida por la directora como revulsivo para suscitar reflexión y azuzar conciencias, en ella realiza un análisis de las circunstancias personales que convirtieron a estos seis hombres en verdugos, yendo más allá de la crítica y adentrándose en un retrato áspero sin respuestas. Sensibilizada en la lucha contra la lacra de la violencia sobre la mujer desde hace décadas, recordarán que la misma directora presentó en 2005 Agua, película ambientada en 1938 y que narraba la historia de una niña encerrada en un ashram de viudas que acaba siendo obligada a ejercer la prostitución para sobrevivir.

Pero ya no estamos en los años treinta del pasado siglo, estamos en 2016 y seguimos asistiendo impávidos a un conjunto de atropellos contra los derechos fundamentales sin que parezca existir posibilidad de evitarlo. Noticias de menores vendidas, prostituidas, violadas y asesinadas seguirán inundando nuestros medios sin que hagamos nada. Seres humanos que necesitan una merecida y necesaria infancia y que se encuentran a años luz de encontrarla.

De Stanley Kubrick, de William Friedkin o de John Carpenter. Elijan el título que más rabia les dé, lo mismo da. Pero no me pregunten qué película de Halloween me da más miedo, porque lo que más me aterra es que a esto que vivimos lo llamemos humanidad.