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En ocasiones veo 'pujaltes'

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Foto: EFE

Admito que durante algún tiempo dudé de la existencia real de Vicente Martínez-Pujalte. Es verdad que la vida a veces produce personajes que parecen de ficción, me decía; pero lo de Martínez-Pujalte sería un exceso, un derroche de trazo grueso. Podía admitir el tópico de que la realidad a veces imita al arte, pero no que la realidad fuera tan chapucera como para caer en semejante parodia. Hasta que un día comprobé con mis ojos que, en efecto, existía un Pujalte de carne mortal y pelo ralo; un Pujalte que, además, coincidía a la perfección con esa imagen que yo creía irreal; que no defraudaba, vamos.

Desde entonces lo he seguido con el interés con que seguiría a James Moriarty, o mejor, a las Hermanas Gilda si saltaran de las tiras del tebeo y se pasearan por la Carrera de San Jerónimo.

Y, efectivamente, mi primera impresión al conocer al Pujalte corpóreo se vio confirmada: este hombre no defrauda. Hace unos meses, la Fiscalía le denunció por cobrar, supuestamente, a cambio de informes sobre trabajos inexistentes. Me pareció muy apropiado que alguien que en mi cabeza había vivido a caballo entre lo real y lo ficticio, cobrara por trabajos imaginarios. Como si el protagonista de Las ruinas circulares de Borges hubiera militado en el PP. Eso sí: los 75.000 euros presuntamente cobrados por Pujalte eran de una realidad aplastante, aunque mucho menos que los 354.560 que, según la misma fiscalía, habría cobrado otro personaje de existencia inverosímil como es Federico Trillo.

Ahora nos enteramos de que Pujalte, según la Policía, quizá ansioso por salir del mundo de la invención, construía sus informes al modo ESO, copiando de Internet, y hasta habría fusilado un trabajo fin de carrera. Una actividad por la que, según la policía, habría cobrado más de 67.000 euros. Y, ¿qué quieren que les diga?, las dudas vuelven a asaltarme, por mucho que una vez estuve a punto de tocarle con los dedos. Porque las personas reales solemos ser de comportamiento errático e incongruente, y en ningún caso gozamos del grado de coherencia de los personajes inventados. El Wilt de Sharpe siempre se comportará como Wilt, de la misma forma que Vázquez -de cuya pluma en algún momento sospeché que hubiera salido Pujalte- jamás le privaría a Anacleto de su condición de arquetipo. Quizá sea cosa de la derecha española. Porque cuesta trabajo admitir que existan seres como Aznar o Rafael Hernando, de tan arquetípicos que son. Mis dudas aumentaron al saber que los policías que llevan estos casos pertenecen a la UDEF. Pero no: la UDEF no es la Unidad de Delincuencia de Entes Ficticios. Lo he comprobado.