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Innovamos nosotros

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La pasada primavera tuve el placer de conocer a la señora Alicia Goldstein, la responsable de la organización MIT-España, dedicada a crear lazos entre la ciencia española y una de las más prestigiosas instituciones estadounidenses dedicadas a la ciencia y la innovación, el Massachussets Institute of Technology, más conocido como MIT. Hasta ahora, el MIT-España ha estado financiado, al menos en parte, por el Estado español. La señora Goldstein visitaba el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) por ser uno de los centros solicitados por estudiantes del MIT para hacer estancias de formación en el extranjero. Además, quería explorar la posibilidad de que el CNIO y el MIT cofinanciaran las estancias de los estudiantes del MIT en el CNIO, cosa que, por cierto, hicimos. El MIT es una institución con tanto prestigio internacional que se ha convertido en una marca de calidad, e instituciones de todo el mundo están dispuestas a asociarse con ella.

En el transcurso de la conversación con la señora Goldstein, le expuse nuestro reto presente de establecer el CNIO también como un referente internacional en transferencia de tecnología e innovación, algo que intentamos financiar a través de alianzas con instituciones y fondos privados. Por ejemplo, le conté orgullosa que la multinacional Roche-Basilea y la Fundación CNIO han firmado un acuerdo recientemente por el cual el CNIO forma parte del programa EIN-Academia de Roche, un selecto y reducido club de organismos de investigación que incluye a la Universidad de Harvard (Massachussets, EEUU) o a Yissum, la exitosa empresa de transferencia de tecnología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en Israel.

Obtener financiación privada en nuestro país por la vía de alianzas, mecenazgos y patrocinios no es una tarea trivial. En los países anglosajones, los ciudadanos más privilegiados contribuyen a través de donaciones a la mejora de la sociedad, invirtiendo en investigación y desarrollo, entre otras cosas. En contraste con ellos, en España no tenemos tradición de mecenazgo, ni tampoco un modelo consolidado de patrocinios.

Tras escuchar mis comentarios, la señora Goldstein vaticinó que no debería ser ningún problema para el CNIO atraer fondos privados para apoyar ésta y otras iniciativas, dado el prestigio internacional de nuestro centro. La responsable de MIT-España me indicó en ese punto que conocidas empresas españolas son generosos patrocinadores de la Iniciativa de Energía del MIT (MIT Energy Initiative), a cambio de tener acceso a los últimos descubrimientos de los investigadores del MIT.

Me resultó reconfortante ver que grandes empresas españolas comparten esa creencia en la importancia de la investigación y en consecuencia invierten en ciencia e innovación, en este caso, en el estadounidense MIT. Pero me resultó también inquietante, porque si nuestras más grandes empresas apoyan la investigación en EEUU, ¿por qué no habrían de hacer lo mismo en España?

Esto me hizo pensar que desde el CNIO teníamos que hacer un esfuerzo para explicar a la sociedad española, así como a potenciales mecenas interesados en contribuir el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer, el hecho de que somos una de las instituciones top del mundo en cuanto a la excelencia de nuestras investigaciones, según el ranking de Scimago 2011, por delante del Dana Farber Cancer Institute de Boston, que por cierto, también está en Massachussets.

Las ideas innovadoras, los descubrimientos, el ingenio, y los avances tecnológicos se pueden encontrar dentro de nuestras fronteras. Desde fuera miran con respeto hacia los centros de investigación españoles y apuntan la necesidad de que España apueste fuerte por la investigación, la educación y el apoyo al emprendimiento como salida de la crisis, como se recordaba hace unas semanas en Der Spiegel.

Y lo mejor es que el CNIO no esta sólo, hay más instituciones científicas españolas que están al nivel de las mejores del mundo, muchas de ellas también acreditadas con el distintivo de excelencia Severo Ochoa, y por lo tanto capaces de competir por fondos privados. El programa Severo Ochoa, que el Gobierno se ha comprometido acertadamente a renovar, nació para cubrir una carencia histórica de nuestro sistema de I+D y ofrecer a las empresas privadas un referente de calidad donde poder depositar sus inversiones y sus patrocinios con todas las garantías.

Si pedimos a las empresas que se acerquen a nuestros mejores centros de investigación, lógicamente nosotros también tendremos que acercarnos a ellos. Sólo así funcionará la colaboración que dará como fruto la mejor innovación. Desde el CNIO no hemos esperado más y hemos dado ya pasos importantes en esa dirección.

A través de la nueva Dirección de Innovación, que puse en marcha al poco de asumir la dirección del centro, acabamos de lanzar CNInnOtrain, un programa de formación empresarial para científicos, en asociación con la prestigiosa escuela de negocios del Instituto de Empresa Business School de Madrid (IE). Para formar parte de este programa se seleccionaron los mejores siete proyectos de transferencia de tecnología presentados por investigadores postdotorales del CNIO; sus líderes recibirán formación empresarial en el IE, con la ayuda de la Fundación Banco Santander. El CNIO apoyará el posterior desarrollo y valorización de los distintos proyectos de innovación, que esperamos que se conviertan en eficaces productos para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer.

Ahora más que nunca es importante que presumamos de la calidad de nuestro sistema nacional de investigación y del potencial de las instituciones españolas en competir internacionalmente en descubrimientos y tecnología. Es un buen ejemplo de la capacidad de este país para competir internacionalmente, para generar confianza. Es imprescindible que el Gobierno confíe en su ciencia para sacar al país adelante, porque tenemos capacidad para hacerlo. Pero en esta ocasión he querido recordar que es igual de necesario que nuestras grandes empresas, que ya conocen el camino de la I+D+i como motor de crecimiento, que invierten en ello fuera, confíen los primeros en la ciencia de calidad española. Es el momento de empezar a romper con la histórica idea del "que inventen ellos". Inventamos e innovamos nosotros, y no defraudaremos a quienes apuestan por la ciencia e innovación españolas.