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'Hygge', el bienestar a la danesa

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No sé muy bien cómo oí hablar del hygge por primera vez. Creo que fue una vez que comenté en Twitter que me encantaría ir a Copenhague y alguien me respondió que la ciudad me gustaría mucho porque era muy hygge. Busqué un poco lo que significaba esta palabra extraña y me di cuenta de que era algo que yo ya hacía sin saber que tenía nombre. Por ejemplo, siempre me ha encantado el otoño por su ambiente agradable y sus colores suaves. Y luego hace unos días, en Ámsterdam, me compré el libro The little book of Hygge, the Danish way to live well [El pequeño libro de Hygge, la forma danesa de vivir bien], que llevaba un tiempo en mi lista de deseos. Me he enamorado de esta visión de la vida y tenía muchas ganas de compartirlo con vosotros.

Entonces, ¿qué es el hygge?

Esta palabra no tiene una traducción exacta (y la pronunciación es muy difícil). Se trata de un arte de vivir procedente de Dinamarca que mezcla dulzura, seguridad, intimidad y autenticidad, con un punto de nostalgia alegre. La palabra que se acerca más al hygge podría ser el cocooning en inglés, algo así como 'cobijarse en casa en busca de privacidad o como vía de escape', pero carece del aspecto social. Es un sentimiento reconfortante que se siente o que se comparte con las personas cercanas.

Por tanto, a falta de poder explicar su esencia con las palabras precisas, os voy a dar algún ejemplo de situaciones hyggelig (el adjetivo referente al hygge):

- Asar castañas en la chimenea
- Coger frutas en el jardín de la abuela y luego preparar mermelada con ella
- Dar un paseo por el bosque y pararse en un claro para hacer un picnic
- Ver películas de Harry Potter en pijama el día de Nochebuena
- Refugiarse en una cafetería mientras la lluvia cae en la calle
- Tomar sopa casera con picatostes
- Preparar una tarta de manzana para la merienda
- Hacer un puzle o jugar una partida de Monopoly en familia
- Acostarse entre sábanas limpias después de haberse dado una ducha bien caliente
- Leer una novela policíaca a la luz de las velas

¿Veis lo que quiero decir? Al final, nada nuevo, diréis, los pequeños placeres que disfrutan los humanos desde la noche de los tiempos (bueno, menos lo de Harry Potter. Para mí, el verdadero descubrimiento es que este arte ¡tiene un nombre! Si el hygge se ha desarrollado en Dinamarca, seguro que está ligado a la necesidad de confort frente a un clima invernal tan duro. Frente a un tiempo gris, ¿qué mejor que refugiarse en casa, entre amigos o en familia para pasar momentos privilegiados?

Siempre siento la necesidad de ver la belleza a mi alrededor; es mi fuente de felicidad y de motivación.

Estoy fascinada por el hygge por dos motivos. El primero, por la visión estética de la vida. Siempre siento la necesidad de ver la belleza a mi alrededor; es mi fuente de felicidad y de motivación. Y el hygge tiene una estética encantadora, simple y natural, casi rústica. El segundo motivo -seguramente el más importante- es su accesibilidad. El hygge se encuentra en los pequeños placeres del día a día. No hay que tener un smartphone de última generación ni frecuentar los mejores restaurantes gastronómicos. Ese placer de vivir se adapta perfectamente a las personas introvertidas y/o hipersensibles. Me gusta ver el hygge como un refugio de cara a las desmesuradas expectativas de nuestra sociedad.

¿Cómo aplicar el hygge en la vida diaria?

Hasta ahora he detallado los aspectos del hygge que reflejaban mi visión de felicidad y los he especificado para dar pistas concretas. Pero hay más:

Tomarse tiempo para uno mismo

Las filosofías del slow life y el hygge comparten muchos puntos en común. Bajar el ritmo, probar el hazlo tú mismo o do it yourself, aprender lo que es la paciencia e incluso el aburrimiento. En nuestra sociedad cuesta mucho no culpabilizar a alguien cuando "no hace nada". Y, sin embargo, esos momentos son muy valiosos, ¡no hacemos nada! Soñamos, descansamos, respiramos.

Bajar el ritmo, probar el do it yourself, aprender lo que es la paciencia e incluso el aburrimiento. En nuestra sociedad cuesta mucho no culpabilizar a alguien cuando "no hace nada".

Prestar atención a los pequeños placeres

A veces estamos tan absorbidos por la rutina que olvidamos disfrutar de lo que tenemos. Trata de descubrir la belleza que te rodea: la luz al final del día, una estantería bien colocada, una alfombra suave bajo los pies, un gato que ronronea... Reconoce lo que tienes. Para cultivar esta gratitud, puedes anotarla en un diario. Si te planteas el reto de apuntar cinco pequeños placeres al día, seguro que dejarás de ignorarlos (de hecho, seguro que verás más de cinco).

Cultivar la simplicidad y la autenticidad

De nuevo, volvemos al minimalismo, pero menos es más. El hygge se encuentra en los momentos más que en las posesiones, así que no hay que avergonzarse de lo superfluo. Pero atención: eso no quiere decir que haya que llevar una vida de asceta. Más bien lo contrario. Pero en el hygge, la calidad prima sobre la cantidad. Creo que la benevolencia está de moda, hacia uno mismo y hacia los demás. Una de las claves principales de la felicidad danesa son las relaciones auténticas, naturales e indulgentes.

Vivir el momento presente

Hacer una sola cosa a la vez, de forma plenamente consciente, ayuda a apreciar lo positivo de cada detalle. El hygge también depende de la aceptación de los elementos exteriores (especialmente del mal tiempo). Vivamos al ritmo de las estaciones adaptándonos a las vicisitudes de la vida. El hygge no consiste en estar alegre las 24 horas del día; al contrario, sólo existe por contraposición a los momentos más desagradables. Las cosas que necesitamos y que esperamos con alegría se valoran aún más: el fuego en la chimenea cuando hace frío, una buena ducha cuando hemos pasado el día fuera, un delicioso pastel después de horas en la cocina... Como decimos, tras el esfuerzo viene la recompensa.

Este artículo se publicó originalmente en Le Blog Bleu.

El post fue publicado con anterioridad en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano.