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No quiero ser monja ni de coña

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Escribo este artículo desolada: resulta que ninguna de las cinco chicas que se presentaron y participaron en el reality Quiero ser monja ha tomado los hábitos. Sólo dos de ellas se lo van a pensar igual un poco, pero no tenemos nada seguro. El reality de Cuatro se estrenó con esa bendita intención: que las jóvenes descubrieran su vocación de verdad, ayudarlas a encontrar el camino, que los conventos estuvieran de nuevo llenos de alegría y juventud. Porque eso era lo que de verdad quería la cadena, ¿eh? Lo de menos era, como podéis imaginar, que los resultados de audiencia fueran altos. Cuatro dijo que "puede que el programa genere algún debate, pero ese no es su objetivo". "No nos mueve otra motivación que mostrar una realidad, contar una historia..."

Así que estoy tranquila porque como el programa tenía ese fin social de ayudar al prójimo y no la audiencia, a nadie en la cadena va a afectarle los malos resultados. ¿No?

Bueno venga, va, basta de bromas. Efectivamente, Cuatro lo único que quería era pegar un nuevo pelotazo y parecía que este terreno, el de las pavas, estaba aún por explorar, así que se lanzaron de lleno al tema. ¿Por qué no?, debieron pensar, el asunto podría tener morbo... El campo de las chonis, de las tipas descaradas y poligoneras de uñas largas y pintadas y extensiones estaba ya cubierto: saturación de petardas, podríamos llamar al fenómeno. También estaba casi cubierto el tema chico busca chica en cualquiera de sus variedades. Así que cuando una productora llega con esta propuesta tan edificante en las manos, se lanzan. Lo estoy viendo, estoy viendo reuniones entre los ejecutivos, relamiéndose con la novedad, viniéndose arriba ante la idea de haber descubierto un nuevo filón: el de las modositas con faldita y crucecita al cuello, pero a lo mejor con un puntito que, en fin, ya se sabe... De hecho, voy a ponerme en modo directora killer del programa, que es un papel que se me da bien interpretar, que se pone súper sincera y súper destroyer. Imaginemos juntos, va.

Había que afinar en el casting. Descartamos a un montón de chicas y nos quedamos con cinco jóvenes bastante recatadas. Alguna incluso feucha. No feas, feas, que eso ya hubiera sido un poco demasiado para los estándares televisivos, pero al menos un poco sosas, del montón. Eso sí, algunas de ellas con sus cosas, oye, que esto es la tele...

Juleisy, Janet, Jaqui, María Fernanda y Paloma. Cada una con sus peculiaridades. Paloma, por ejemplo: de Almería. 20 años. Dijo en el casting que "Cristo es mi hombre, para mí está vivo y me he enamorado de él". Además, un detalle: es virgen. Prueba superada, dije yo. Pa dentro, Paloma.

Venga vaaaa, vamos a ser serios, por el amor de dios. Que no, joder, que no quieren ser monjas, ni de coña, vamos. Si quisieran ser monjas, con la falta de vocaciones que tenemos, serían monjas y punto.

Juleysi estudia moda. También tiene 20 años. Ama mucho a Dios, pero, problema, tiene novio. ¿Problema? ¿Qué dices? ¡Es cojonudo!. Ese debate interior es muy interesante. ¿El novio saldría?, pregunto. Sí, si, ningún problema, Alberto se llama. Pues pa dentro también.

Janet y Jaqui son hermanas, catalanas de 23 y 23 años. Que sean hermanas es ya bueno para ser elegidas. Ahí hay tema. Janet es administrativa y amante de la naturaleza, afición que da para frases memorables como esta: "Sé que los ángeles están ahí, en los árboles". Cree que ser monja es una forma de ser feliz a contracorriente. Vaya, encima con un punto subversivo. Me interesa, me interesa...

Aunque para díscola, la hermana, Jaqui, que es estudiante. Lo que peor lleva es no poder maquillarse. Ni llevar su ropa. ¿Una joven ansiando un pintalabios? Vamos bien. Aunque lo mejor está por llegar: resulta que la Biblia, que le gusta mucho, le ha enseñado a hacer las cosas con amor. Y entonces llega la frase: "Hasta ponerme los guantes para limpiar un retrete lo hago con amor". Estás dentro, Jaque, querida.

Y luego tenemos a la mallorquina Fernanda, de 23 años. Auxiliar de enfermería. ¿Cuándo sintió la llamada? "Una vez en misa, que noté que no hablaban de San Pedro, sino de mí". Tomaaaa. Pero hay más. Le gusta ligar con chicos, pero como el placer que dan es momentáneo (y no siempre, Fernanda, no siempre) no le parecen imprescindibles. De hecho, y ahí viene la frase por la que la meto en el convento televisivo directamente, "creo que Dios me ha elegido por ser pecadora".

Y con este elenco, la verdad, no puedo entender que la cosa haya fracasado. Quizá hemos sido demasiado blancos. Demasiado cogérnosla con papel de fumar, demasiado buenismo... Pero es que eran chicas monjiles, me dicen. Venga vaaaa, vamos a ser serios, por el amor de dios. Que no, joder, que no quieren ser monjas, ni de coña, vamos. Si quisieran ser monjas, con la falta de vocaciones que tenemos, serían monjas y punto. Se presentarían en los conventos o en las órdenes religiosas y venga, pa dentro. A ver quién les iba a poner pegas, tal y como está el asunto de las novicias. Que o vienen de Latinoamérica o vienen de Latinoamérica.

Y como estas chicas no dan el perfil para lo de Corina o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, o para ligar en pelota en una playa, pues ahí que se juntaron. La próxima vez no me pasa esto. La próxima vez el casting lo hago entre las que tengo ahí en la bolsa con los restos de los otros programas. Que tenemos mogollón, de citas a primera vista, de realities con pretendientes, de todo, coño. Y ya les cuento luego yo de qué va esto a las que quieran quedarse y entrar...
Que esto es la tele, joder, ¡¡¡LA TELE!!! ¿Me explico, o qué?