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Libros de autoayuda: ¿son útiles?

05/06/2017 07:26 CEST | Actualizado 05/06/2017 07:26 CEST
Getty Images/iStockphoto

Los psicólogos sabemos que el afán perfeccionista hace que a muchas personas les desborde la ansiedad. En nuestras consultas son asiduos los que quieren hacerlo todo bien, tener la situación bajo control, que nada los desestabilice. Yo les insisto a mis pacientes: no se trata de alcanzar la perfección, ni de tenerlo todo atado; simplemente hay que hacer las cosas lo mejor posible, lo mejor que uno sepa. Y es fundamental aprender a convivir con la incertidumbre. Nunca vas a tenerlo todo controlado, quizá lo consigas en algún momento... pero estoy seguro de que eso supondría un gran estrés y ansiedad.

Hoy en día parece que está prohibido estar mal, sufrir, deprimirse. Algo nos dicta que deberíamos estar contentos, somos privilegiados, así que ¿por qué no gozar de una felicidad plena? Además, esta sociedad, competitiva e individualista, promulga un determinado estilo de vida que hay que alcanzar como sea, y si no lo logras, eres un pobre fracasado, un bicho raro. Por ejemplo: si te quedas sin trabajo y te deprimes, eres un débil; y si tu jefe te machaca y eso te bloquea, es que no sabes poner buena cara a la vida. A eso se le llama la dictadura de la felicidad.

Diferencias entre la psicoterapia y lo que ofrece un libro de autoayuda

Conozco libros de autoayuda escritos por colegas, profesionales de la salud mental, que son de gran ayuda. De hecho, en consulta recomiendo algunos como complemento a lo que trabajamos en las sesiones. El proceso terapéutico de cambio y de desarrollo personal no es simple ni sencillo. Al contrario, es lento, difícil e implica bastante esfuerzo. No se trata de leer unas pautas y llevarlas a cabo. No es un prospecto; se trata de transformar unos parámetros internos que hemos seguido durante bastantes años. El ser humano es mucho más complejo, y en dicho proceso intervienen muchas variables: vivencia, experiencia, familia, amigos, compañeros de trabajo y un largo etcétera. Por ello, lo que produce una intervención psicoterapéutica es algo individual y difiere en cada persona. Una analogía sería: el libro de autoayuda es una camiseta de talla única, y la psicoterapia es un dependiente que, además de sacarte tu talla, te presenta varios modelos.

Y al igual que el buen dependiente nos pregunta qué buscamos, una de las herramientas más efectivas del psicoterapeuta es la escucha activa. Esto hace que la persona exprese, en ocasiones, lo que nunca ha contado a nadie, y ponga sobre la mesa lo que le agobia. A partir de ahí, el psicólogo le dará pautas, o conseguirá que el paciente llegue a sus propias conclusiones. Todo este proceso es único y artesanal: de tú a tú, hecho a medida. Evidentemente un libro no puede conseguir esto, ya que las pautas son generales; unas se ajustarán a mí, pero otras muchas no.

En la vida no todo es maravilloso, la felicidad completa no existe

Tres mitos nos conducen inevitablemente a la llamada Trampa de la felicidad, título del muy recomendable psicoterapeuta inglés afincado en Australia, Russ Harris. Este autor se ha convertido en uno de los más eminentes divulgadores de la terapia llamada ACT (Acceptance and CommitmentTherapy; en español: Terapia de Aceptación y Compromiso, TAC).

Estos son los mitos falsos sobre la felicidad que Russ desmonta. Si no te identificas con los tres, seguro que con alguno sí:

1. La felicidad es el estado natural del ser humano

Si tenemos las necesidades básicas cubiertas –comida, agua, un techo y relaciones sociales– deberíamos ser felices, por eso mismo. Probablemente hayas escuchado esto de muchas formas. Pero la realidad es que el estado normal del ser humano es un constante fluir de emociones positivas y negativas.

Todo cambia continuamente: la realidad y nuestra percepción. Mañana mismo algo azota tu vida o recibes un regalo vital. Es lógico que el invierno sea frío, y el verano más caluroso. Pero el cambio climático está ahí, y también nuestras emociones. A veces nada es como uno imaginaba. Uno espera sentirse ilusionado ante la novedad, pero lo que sucederá después es totalmente incierto.Así que hay que darle la mano a la incertidumbre y caminar con el riesgo.

2. La felicidad significa sentirse bien todo el tiempo

Si miramos la definición del diccionario, la felicidad es "un estado de placer". ¿Es esa tu noción de felicidad? Entonces no se puede prolongar mucho, porque ¿cuánto dura una buena emoción? Piensa en el día más feliz de tu vida. ¿Siguió así por mucho tiempo antes de que apareciera alguna frustración, desilusión, o simplemente se apagara?

Sería más acertado definir la felicidad como "vivir una vida rica, plena y significativa", pero eso no siempre es bonito, ni necesariamente nos hace sonreír, ni nos alegra todo el rato. Cuando buscamos dar un completo sentido a nuestra vida, el precio a pagar son emociones complejas y a veces contradictorias: no dichosas ni fáciles. Piensa en tus relaciones sociales, piensa en las personas que amas, con las que compartes tu vida. ¿Se basa solo en momentos felices?

Cuando las cosas van bien, es algo maravilloso, pero todo intercambio personal conlleva momentos de tensión, conflicto y dificultades. Si tienes hijos, sabrás que aportan un gran sentido y satisfacción, pero ¿qué otros sentimientos traen? Los padres sonríen ante tal pregunta: ansiedad, culpa, frustración, enojo, rabia, miedo, preocupación, tristeza, angustia. Es paradójico que algo que tanto amamos pueda despertar tantas emociones negativas. Y esto es así para todos los proyectos importantes: construir una carrera profesional, cuidar la salud, formar una familia... Las cosas que hacen la vida rica, plena y significativa vienen con emociones difíciles y dolorosas, así como también muchas agradables. Así es la vida.

3. Si no eres feliz, eres anormal o defectuoso

Es la idea tan extendida de que si no te sientes feliz continuamente, eres un bicho raro, debe de haber algo malo en ti y necesitas medicación para arreglarlo cuanto antes. Pero la única realidad es que en la vida hay problemas y obstáculos, todo lo bueno cuesta esfuerzo, a veces muchas decepciones y caídas. Bienvenido: vivir plenamente es difícil. Que levante la mano quien crea que es demasiado fácil. La mera existencia es dura y arriesgada. Todo es ensayo-error, intentarlo y fracasar, y alguna vez acertar. Gran parte del tiempo así es.

En la mayoría de las ocasiones –por no decir todas– las personas necesitan ser escuchadas, comprendidas, sentirse "acompañadas". Caemos con facilidad en dar consejos a los demás, en vez de empatizar y entender el momento que está pasando el otro. Ayuda mucho sentir que tienes alguien a tu lado incondicionalmente por lo que eres, no por lo que haces. No hay que olvidar eso jamás.