BLOGS

Rebelión, violencia y género

14/11/2017 07:21 CET | Actualizado 14/11/2017 07:21 CET
EFE
Asistentes al minuto de silencio con motivo del homicidio por violencia machista perpretrado en la localidad de Elda (Alicante).

El auto del magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llanera, ha sido claro al mantener la acusación de rebelión contra Carme Forcadell y los miembros de la mesa del Parlamento de Cataluña. Entiende que hay rebelión porque hay violencia, y que hay violencia porque se hizo "ostentación de la fuerza y disposición a usarla".

La pregunta es sencilla, ¿por qué no se aplica ese criterio en violencia de género en lugar de admitirla, prácticamente, sólo cuando hay lesiones físicas?

En violencia de género el maltratador ocupa la casa y la vida de las mujeres por medio de la ostentación de la fuerza, por su "disposición a usarla" a través de advertencias y amenazas, y por emplearla directamente en las agresiones físicas, psíquicas y sexuales que llevan a cabo. Sin embargo, los juzgados niegan o minimizan con demasiada frecuencia esa violencia, a pesar de las múltiples referencias que habitualmente existen sobre el control violento y amenazante que desarrolla el agresor, y para admitirla se centran, fundamentalmente, en la existencia de lesiones físicas, pues ni siquiera las alteraciones psicológicas ni su impacto en la salud de las mujeres se admiten con facilidad como demostración de la violencia sufrida a lo largo de la relación.

El porcentaje de condenas en las Audiencias Provinciales es del 81%, en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer del 82%, mientras que en los Juzgados de lo Penal sólo es del 54%

Estas circunstancias, en parte, son las que llevan a que el porcentaje de condenas en las Audiencias Provinciales sea del 81%, en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer del 82%, mientras que en los Juzgados de lo Penal sólo sea del 54% (CGPJ, 2016). Una situación que refleja que cuando hay lesiones graves, que son los casos que llegan a las Audiencias, la violencia se demuestra con facilidad, igual que sucede en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, donde las lesiones son más leves, pero se denuncian de inmediato y el juicio se celebra en un tiempo muy cercano a los hechos, con lo cual los elementos objetivos se aprecian de forma directa.

En cambio, en la zona de intensidad intermedia de la violencia, y en la que el impacto psicológico suele ser más trascendente que el físico, la violencia no se considera por no contar con los elementos objetivos de las lesiones físicas, a pesar de que en la mayoría de los casos hay claras referencias al clima generado por el agresor a través de la "ostentación de la fuerza y su disposición a usarla".

El 60-70% de las mujeres asesinadas nunca habían denunciado.

La violencia de género es mucho más que la suma de todos sus golpes. Su objetivo no es el daño, sino el control, y para ello cuenta con dos grandes complicidades. Por un lado con la de la construcción social que banaliza esta violencia y la integra como parte de la normalidad, llegando, incluso, a recurrir al control social para hacer entender que sólo las "malas mujeres" la sufren, de ahí que el 26% de las víctimas no denuncien "por vergüenza", porque hacerlo es reconocer públicamente que son unas "malas mujeres" (Macroencuesta, 2015). Y por otro, la actuación desarrollada por cada agresor desde esa normalidad tras interpretar el mandato cultural, y aplicarlo sobre la mujer atendiendo a sus circunstancias específicas.

¿Qué más fuerza y disposición a usarla necesitan jueces y juezas, fiscales, forenses, policías, guardias civiles... cuando el 75-80% de las mujeres que sufren esta violencia no la denuncian,y continúan bajo su dominio y control hasta ser asesinadas? El dato es claro, el 60-70% de las mujeres asesinadas nunca habían denunciado.

¿Qué otra violencia con 60 homicidios al año haría que sólo el 1% de la población (CIS, septiembre 2017) la considerara grave?

La sociedad y la Justicia deben acercarse a la violencia de género para conocer sus características específicas y los elementos que la diferencian del resto de violencias interpersonales, tanto en sus objetivos, motivaciones y formas de llevarse a cabo, como en la reacción social ante ella. ¿Qué otra violencia con 60 homicidios al año haría que sólo el 1% de la población (CIS, septiembre 2017) la considerara grave? ¿Qué otra violencia, a pesar de esa gravedad objetiva cuenta con una reacción que intenta minimizarla hablando de denuncias falsas? ¿En qué otra violencia se presenta al agresor como víctima de la respuesta social e institucional?

¿Se imaginan una campaña continuada en redes y medios que hablara de que el 80% de la droga incautada no es droga, sino azúcar o harina que ponen para de ese modo justificar la necesidad de contar con unidades especializadas contra el tráfico de drogas, y para que las asociaciones de ayuda se beneficien con subvenciones? Sería inadmisible, pero eso es lo que hace el posmachismo con la violencia de género cada día sin que nadie lo evite.

Mientras que para demostrar la violencia contra las mujeres se exijan pruebas e indicios que no suelen estar presentes en muchos de los sucesos denunciados, y no se acepten los elementos que forman parte de la violencia de género y que, por tanto, aparecen en la gran mayoría de los casos, será imposible romper la capa de invisibilidad que aún protege a los agresores y atrapa a las víctimas.

La respuesta social frente al machismo es una auténtica"rebelión de genero" con el único objetivo de alcanzar la Igualdad para toda la sociedad

La solución es sencilla, y pasa por analizar en profundidad los elementos que configuran esta violencia. Si para entender que los responsables políticos en Cataluña han cometido un delito de rebelión se considera que la violencia está en el "ostentación de la fuerza y su disposición a usarla", de manera más inmediata y directa debería aceptarse la violencia en los casos de género, pues lo que caracteriza al agresor y al ambiente en el que se desenvuelve la relación es esa ostentación manifiesta de la fuerza, su disposición a usarla, y su empleo directo en cada agresión.

La respuesta social frente al machismo es una auténtica "rebelión de genero"con el único objetivo de alcanzar la Igualdad para toda la sociedad, pero mientras que una mujer tiene que demostrar lesiones físicas de cierta intensidad para evidenciar la violencia, un Estado sólo tiene que interpretar que ha habido ostentación de fuerza y disposición a usarla. Una situación que demuestra que el machismo está más protegido y tiene aún más poder que el propio Estado.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.

Síguenos también en el Facebook de HuffPost Blogs