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Premio a Urkullu, castigo a Puigdemont

09/05/2017 12:50 CEST | Actualizado 09/05/2017 12:50 CEST
EFE

El próximo 10 de mayo, el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker recibirá en Bruselas al lehendakari Iñigo Urkullu.

Se trata de la primera vez que Juncker recibe al presidente de una comunidad autónoma.

En mayo de 2016, Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, trató en vano de entrevistarse con Juncker. Su portavoz, Mina Andreeva, confirmó la solicitud de Puigdemont y alegó que problemas de agenda impidieron el encuentro.

Por lo que parece, Juncker premia el pragmático camino emprendido por Urkullu y el jefe de su partido, Andoni Ortuzar, y castiga la línea independentista asumida por Puigdemont.

Al lehendakari vasco, que no tiene elecciones en perspectiva, le ha salido un mayo florido y hermoso, como el dicho.

Primero logra un acuerdo del Cupo, parte integrante del Concierto Económico Vasco, de proporciones históricas, porque lleva renqueando quince años y ahora soluciona otros quince años de "paz fiscal" como señaló el portavoz del Gobierno Vasco Josu Erkoreka.

Después añade en el acuerdo con Mariano Rajoy 3.380 millones para el tren de alta velocidad en Euskadi. Recordemos que Euskadi, en el eje Madrid-París, no tiene todavía alta velocidad cuando la primera línea Madrid-Sevilla se creó en 1992 con una inversión pública multimillonaria.

Y, finalmente, llega la bendición y la foto oficial con Juncker.

Urkullu y Ortuzar evidencian de esta manera que el camino elegido se separa claramente del que iniciaron sus otrora hermanos políticos catalanes de Convergencia y Unió.

Son caminos que se han manifestado divergentes en los últimos meses, y que el telefonazo de Rajoy a Ortuzar de la pasada semana y la consecuente y rápida resolución del conflicto del Cupo por parte de Cristóbal Montoro, no hacen sino evidenciar.

Lo curioso es que, en 1983, el presidente catalán Jordi Pujol manifestó al entonces lehendakari Carlos Garaikoetxea que un concierto económico no era conveniente para Cataluña porque una Hacienda propia catalana sería muy impopular y no conseguiría un alto grado de eficiencia recaudatoria.

Años después, en 2010, el president Artur Mas planteó que Cataluña debía iniciar su propia "transición nacional" y que el primer paso debía ser la exigencia de un concierto económico como el del País Vasco.

El PNV logra en el río revuelto de la negociación presupuestaria un rendimiento extraordinario y se afianza como un partido pragmático en un periodo sin elecciones a la vista.

Esto del Concierto Económico Vasco viene de antiguo. Hay que remontarse al final de las Guerras Carlistas y a la eliminación de los Fueros, cuando el Concierto se originó como un sistema de contribución de las provincias vascas a las finanzas del Reino.

El Concierto se mantuvo en vigor hasta que, tras la Guerra Civil, el dictador Francisco Franco declaró "provincias traidoras" a Gipuzkoa y Bizkaia y eliminó el Concierto, que sólo continuó en Álava.

Con la Transición y la Constitución, que en su disposición adicional primera "ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales", llegó la recuperación del Concierto.

Y nos encontramos hoy con un régimen fiscal propio en Euskadi, también en Navarra, que suscita suspicacias por lo que puede tener de trato diferencial y de favor.

Pero hay que dejar clara una cosa. Las haciendas forales vascas son las que recaudan los impuestos. El Gobierno Vasco y las Diputaciones provinciales, funcionan de acuerdo con esa recaudacion. Si, por la crisis económica o por ineptitud recaudatoria, las haciendas vascas fallan en la recaudación, no viene papá Estado a solucionar el problema mediante el Fondo de Liquidez Autonómica.

Como decía el hoy denostado Jordi Pujol, era difícil lograr una alta eficiencia recaudatoria.

Los ciudadanos vascos que pagan sus impuestos en Euskadi saben lo que es una Hacienda controladora al milímetro. Hay que recaudar adecuadamente para luego poder gastar de forma razonable.

Es una ecuación básica que obliga a la impopular gestión del cobro general de impuestos, incluido el IRPF, en el que muchos políticos no parecen encontrar su lugar, prefieren dedicarse al gasto que ofrece un mayor rendimiento en votos.

Lo que no tiene mucho sentido es que esas complejas negociaciones necesarias para precisar la cuantía del Cupo a pagar por Euskadi a las arcas generales se resuelvan con un telefonazo urgente de Rajoy cuando necesita los votos del PNV para salvar sus Presupuestos este año y los siguientes.

Pero en esto se ha convertido la política. Negociaciones al borde del barranco presupuestario para salvar la legislatura que ofrecen a Rajoy una gobernabilidad cómoda y la imagen ante Europa de que lo de "esperar a que escampe" permite perpetuarse en el poder.

Al PNV ya le han atizado desde la izquierda abertzale y Podemos con un nuevo nombre, "PPNV", por su maniobra de salvación in extremis del Gobierno de Rajoy.

Pero logra en el río revuelto de la negociación presupuestaria un rendimiento extraordinario y se afianza como un partido pragmático en un periodo sin elecciones a la vista que puedan provocarle pérdida de votos.

La cuestión esencial es la mala imagen que se proyecta del Concierto Económico Vasco como parte de un cambalache de última hora y por la urgente necesidad de salvar la legislatura por parte de Rajoy.

Meses antes de esta negociación exprés, el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro decía, refiriéndose al Concierto, que "debemos rechazar que sea entendido por nadie como un privilegio" y que en realidad no es más que "un modelo propio de una comunidad con peculiaridades históricas únicas", y una "manifestación más, expresiva del régimen foral" recogida en la Constitución.

Si eso es así, la pregunta obvia es: ¿y, a qué han esperado?

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