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El cambio era esto

Publicado: Actualizado:
RAJOY
AFP
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Así que el cambio era esto.

A Pablo Iglesias se le borró la sonrisa a golpe de papeleta: las encuestas le habían hecho soñar con un sorpasso que se quedó en eso, en un sueño de verano. Pudo gobernar con el PSOE tras los resultados del 20-D pero se sintió invencible, decidió apostar por la repetición electoral y perdió el órdago. Será quizás que a sus votantes no les ha convencido el traje socialdemócrata que se hizo a medida; desde luego no a los fieles de Izquierda Unida que se sintieron huérfanos en Unidos Podemos con la casi desaparición de sus siglas. Su triunfo en Cataluña y País Vasco -primera fuerza en votos y escaños- no ha sido suficiente. Los votantes del PP les robaron hasta el lema en la noche electoral: "¡Sí se puede!", vitorearon a pleno pulmón cuando apareció Rajoy en el balcón de la calle Génova.

Y es que el triunfo del PP en este 26-J -catorce escaños más, seiscientos mil votos más- es un triunfo personalísimo de Mariano Rajoy. Se ha cargado de un plumazo a todos sus rivales: deja al PSOE tiritando, a Podemos sonado, y pincha la burbuja de Ciudadanos al recuperar el voto popular que se fue cedido a la formación naranja. En esta campaña electoral, Rajoy salió del plasma, se pateó la España urbana y la rural, acudió a todos los platós televisivos que antes había despreciado, y polarizó la campaña entre buenos y malos. Los escándalos de corrupción de sus filas que han seguido brotando durante estos seis meses no han preocupado lo más mínimo a sus votantes. Ni siquiera las maniobras del Ministro del Interior contra sus rivales políticos: de hecho, el PP en Cataluña, con Jorge Fernández Díaz de número uno, ha obtenido un escaño más que en diciembre. Habrá tiempo de analizar si el Brexit y la incertidumbre que provoca sobre el futuro europeo han influido en ese gran porcentaje de votantes que decide en el último minuto... y habrá tiempo para que las empresas demoscópicas se replanteen su sonoro fracaso a la hora de detectar las tendencias de voto de los españoles. O mentimos como cosacos, o los termómetros no funcionan.

Luchando contra los peores pronósticos, los que auguraban el desborde por la izquierda, el PSOE consigue mantener su posición hegemónica en la izquierda pero se deja cinco escaños y 127.000 votos en la aventura. Los votantes no han premiado su esfuerzo por llegar a un acuerdo de gobierno tras el 20-D, pero tampoco han abandonado en masa las históricas siglas para echarse en los brazos de los novísimos de Podemos. Y el liderazgo de Pedro Sánchez sigue en entredicho, pero seguirá a los mandos hasta el próximo Congreso. Quien no podrá disputárselo ahora es Susana Díaz: tras encadenar cuatro victorias consecutivas en las urnas desde Andalucía, el PP gana en la comunidad granero de votos socialistas, y tapona así, al menos de momento, sus aspiraciones de asaltar el poder. Es cierto que el varapalo no ha sido sólo en el sur: los populares han ganado en todas las demás Comunidades Autónomas, salvo Cataluña y País Vasco.

Ciudadanos y Albert Rivera son los grandes perjudicados por la menor participación -un 68% frente al 73% del 20-D- y por la ley electoral. Se enfrenta ahora a su gran apuesta de campaña: el veto a Rajoy. Con 32 escaños, 8 menos que en diciembre, el centro se debilita, aunque seguirá siendo una pieza clave en la formación del próximo gobierno.

La gran pregunta es ¿qué posible gobierno puede salir con los nuevos resultados? La escapada del PP hace muy complicada una alternativa de izquierdas. Si antes el PP contaba con 33 escaños más que el PSOE, ahora su diferencia se ha ensanchado hasta 52. Aritméticamente sigue siendo posible un gobierno de izquierdas con 156 diputados si sumara al resto del espectro político, salvo los populares. Pero ahora la iniciativa es de Rajoy, y esta vez no dirá 'no' al Jefe del Estado. Rivera venderá caro su apoyo, y el PSOE tendrá que decidir si entra en un gobierno de coalición -la fórmula favorita de Rajoy, poco probable-, o si se abstiene y le deja gobernar, o si reintenta -menos probable aún- un acuerdo con Iglesias.

Cuatro años y seis meses después, el Partido Popular ha dado un golpe de efecto espectacular. Es el único partido que aumenta votos y escaños, un caso único en una Europa acostumbrada a ver caer a los ejecutivos de la austeridad. Rajoy ha convencido a casi ocho millones de españoles de que bajo su batuta volverá el empleo y la prosperidad. La campaña del miedo al cambio, a lo nuevo, a la aventura, se ha impuesto.