En España asistimos sin sorpresa pero con el mismo dolor al aumento del desempleo y a la constatación de las dificultades para abandonar la recesión e iniciar un camino de recuperación que, a todas luces, va a ser duro, lento y costoso. Que los precios de la vivienda bajen es necesario pero no está exento de costes. La riqueza familiar bajará y las entidades bancarias van a soportar un ajuste de valor que, en buena medida, ya han provisionado o va a ser, en parte, cubierto con inyecciones de capital.
Angela Merkel parece que decidió que la mejor estrategia sería ir echándose atrás en lo previamente pactado. Es necesario que se establezca un mecanismo en el que los españoles dejemos de pagar las indecisiones del proyecto europeo. España cumplirá con su papel, esperemos que Alemania haga lo mismo.
Durante los últimos años se ha demostrado como incompleta la más tradicional interpretación de la política monetaria, aquella que se limitaba a considerar dos herramientas: un tipo de interés a muy corto plazo y la inyección de liquidez, también a muy corto plazo, en el mercado interbancario. Según esta consideración, con tipos de interés en el 0%, ya no había margen de actuación para el Banco Central Europeo (BCE).