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Carta a la madre que solía ser

14/08/2015 07:08 CEST | Actualizado 13/08/2016 11:12 CEST
Nicole Hockley

A la madre que solía ser:

Hace dos años eras feliz. Tenías un plan de vida, querías empezar un negocio, involucrarte en la asociación de padres y maestros del colegio, enseñar a tus hijos a andar en bici y a practicar deportes, pasar todo el tiempo posible con tus amigos y padres, ver a tus hijos madurar y envejecer con tu marido. Eras una optimista, una persona que veía el vaso medio lleno y el lado positivo de las cosas, solías estar tan feliz que podías llorar de alegría. Siempre mirabas hacia adelante, nunca hacia atrás, sin remordimientos. Sonrías y te reías mucho. Bailabas.

Ya no eres esa persona.

Hace dos años, el 14 de diciembre de 2012, el mundo cambió y tú lo hiciste con él. Un joven desequilibrado con acceso a armas de fuego de alta potencia fue al colegio de tus hijos y mató a seis profesores y a veinte estudiantes de primer grado. Tu hijo mayor, Jake, sobrevivió pero cambió el día que descubrió que algunos monstruos son reales. Él describe ese día como el día "en que el colegio se convirtió en un infierno". Tu hijo pequeño, Dylan, tu hermoso niño, al que considerabas amor puro, con sus ojos cautivadores, su risa contagiosa y sus fuertes abrazos, fue asesinado. Recibió varios disparos y murió al instante en los brazos de su asistente de educación especial, que también murió al intentar protegerle a él.

Esta tragedia cambió todos y cada uno de los aspectos de tu vida, no solo por la ausencia de tu hijo, sino por el vacío que dejó y que nunca podrás llenar. Tu hijo mayor se ha visto obligado a crecer demasiado rápido por la inmensa pérdida de su hermano menor. El dolor ha alterado las líneas de expresión de la cara de tu marido. Tu forma de ver el mundo ha cambiado. Las interacciones con tus amigos y familia te resultan extrañas. Te has vuelto mucho más dura. Ya no rebosas optimismo, ahora eres alguien mucho más realista y tranquilo. Y piensas mucho más en el pasado.

Ves la vida a través del prisma del antes y el después. Las fotos del quinto grado de Jake llegaron hace poco. Todavía están en la mesa porque no las has puesto en el marco que está junto a la última foto del colegio de Dylan. Es demasiado duro para ti, demasiado pronto. Jake se está haciendo mayor mientras que Dylan está congelado en el tiempo para siempre. Incluso después de dos años, la negación todavía está muy presente dentro de ti. Tienes los dientes de leche y un mechón del pelo de Dylan en tu mesita de noche, junto a la urna que contiene sus cenizas. Eso es todo lo que te queda de tu niñito.

Duele, simplemente duele. Reprimes tus sentimientos todo lo que puedes, porque temes que si los dejas salir nunca te recuperarás. Temes que si empiezas a llorar nunca serás capaz de parar. Y eso acabaría contigo.

Y esta es la cuestión, tú no tenías que ser esta madre. De todas las madres y padres que están leyendo esto ahora, esta no tienes que ser tú.

Porque todas las muertes relacionadas con las armas se pueden evitar.

Estos no son actos aleatorios. Nunca puedes decir "esto nunca me va a pasar a mí". Le puede pasar a cualquiera, en cualquier momento, en cualquier lugar. Tienes que preocuparte lo suficiente y ser lo suficientemente perspicaz para hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Hay muchas formas de actuar para proteger a los niños de la violencia armada. Para algunas personas, una de ellas es luchar por un cambio en las leyes y en la política, ese puede ser un camino largo y frustrante pero definitivamente no es la única opción. Las acciones pequeñas pero significativas son las que cambian las cosas. Si tienes cinco minutos, inicia una conversación en la mesa sobre la violencia armada con tus hijos. Si tienes dos horas charla con otros padres. Si puedes dedicar un día al mes, trabaja con los educadores sobre cómo reconocer mejor los signos de los niños con problemas y contactar con sus padres inmediatamente. Pero hacer nada no honra a los muertos ni protege a los vivos.

Una de las acciones más importantes que las familias, los colegios, los empleadores y las comunidades pueden hacer es aprender a detectar los signos de alguien en crisis e intervenir antes de que se hagan daño a sí mismos o a otras personas. Necesitamos enseñar a nuestros hijos aptitudes para controlar la ira y para la resolución de conflictos, porque gran parte de la violencia armada se deriva de la ira y el miedo.

Aprender otras maneras de lidiar con la ira y el miedo en lugar de atacar a alguien es un buen primer paso. Necesitamos ser capaces de reconocer las señales en las redes sociales, y saber distinguir entre alguien que simplemente está enfadado y alguien que supone una amenaza inminente. El diálogo con nuestros hijos debe ser constante.

Estoy empezando a recuperar mi antiguo optimismo, porque cada vez más personas se están involucrando en este tema. Nuestro debate está adquiriendo importancia. Tengo la sensación de que se acerca un gran cambio. Sé que todo lo que hacemos en "Sandy Hook Promise" protegerá a más niños. Estamos librando una buena batalla/ luchando por una buena causa.

Sin embargo, después de cada "victoria" me invade una gran tristeza, porque da igual lo que pase, sé que no puedo traer de vuelta a Dylan. Ese vacío nunca se llenará. No importa cuántas vidas se salven en su nombre o en el de otros, no puedo retroceder. Pero tú puedes ir hacia adelante y marcar la diferencia.

Con amor,

Nicole Hockley, también conocida como la madre de Dylan.

Este artículo fue publicado originalmente en Today.com, después fue publicado en The World Post, y ha sido traducido del inglés por María Ulzurrun.

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