Y entonces llegó él... (y su mundo paralelo)

17/03/2017 12:56 CET | Actualizado 18/03/2017 22:49 CET

Hubo una época, cuando nuestra primera hija era pequeña, que nos despertábamos todos los domingos a las siete de la mañana porque llegaba a nuestra cama y comenzaba a saltar gritando muy contenta: "Es de día, ¡vamos arriba! ¡Levantaos dormilones!"

Sus padres, o sea nosotros, como primerizos entregados, entendíamos que debía ser algo común a los niños de su edad y, al principio, lo tomábamos con humor. Sin embargo, cuando aquello comenzó a convertirse en una insana costumbre, su padre le dijo un día entre gruñidos y tapándose hasta la cabeza: "Enma, vas a ser hija única..."

Pero no, no lo fue. Y aunque David se hizo mucho de rogar, finalmente llegó en un bonito diciembre, en plena época navideña.

Viendo el trailer de El bebé jefazo —película de animación que se estrena el próximo 12 de abril— he recordado lo que supuso la llegada de mi segundo hijo para su hermana. Enma había pedido un hermano con insistencia —al ver aparecer hermanos por todas partes—, según ella, aunque en el fondo, le gustaba ese equipo que habíamos logrado los tres y que vio algo amenazado cuando le dijimos que por fin sería hermana mayor. Sin embargo, se alegró mucho y durante esos meses, todo fue preparación para la "llegada del nuevo miembro de la familia".

El recurso "hermana mayor" fue exprimido por nosotros hasta la saciedad porque ante el "ya verás los celos" que escuchábamos con frecuencia —y ella también—, nos tomamos muy en serio el que llevara el tema "hermano" lo mejor posible... Sí, leímos todo lo que caía en nuestras manos sobre los celos y cualquier cosa que facilitara la integración. Así que cuando fue a conocerlo el primer día en el hospital, pusimos una foto de ella muy sonriente en la cuna del bebé como bien indicaban artículos especializados, para que viera que su hermano ya "la había visto en una foto" y así se sintiera importante.

En cuanto llegó, miró con curiosidad esa pequeña "bolita" en la cuna y sonrió al ver que dormía. Lo cogió en brazos con cuidado y a partir de ese momento, asumió su nuevo papel: "el de mejor hermana del mundo".

Pero resultó ser un hermano muy llorón; tan llorón que los primeros meses tiraron al traste lo que tenía tan programado que iba a hacer para organizarme con los dos.

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Improvisé y comencé a prestarle a ella menos atención sin darme cuenta y entonces, ella se dio cuenta de quién mandaba ahora en la casa —igual que le pasa al hermano del bebé jefazo en la película— y creo que no le gustó. "¿Entonces no me puedes leer el cuento?", me preguntaba mientras yo acunaba a su hermano por la noche en pleno momento cólicos. "En cuanto se duerma, te lo leo". Pero cuando se dormía, ella también lo había hecho después de haberse leído su libro y yo no podía sentirme más culpable. Porque "las mejores hermanas del mundo" también se cansan de un hermanito tan llorón... Y entonces se buscan un poco la vida para entretenerse mientras ese bebé que no para de dormir, llorar y comer, crezca algo y pueda jugar con él".

Y cuando creció un poco más y pudo interactuar más con él, ocurrió que comenzaron a tener su mundo paralelo. Daba la sensación de que su hermana lo entendía más que yo misma.

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Un día de esos que tenía llorones, en los que yo ya no sabía qué hacer con él, su hermana se acercó con la calma propia de un adulto y me dijo: "Trae mamá, ya me encargo". En el fondo fue una liberación, aunque cuando los dejé en la habitación y salí pitando para respirar un poco, me sentía muy culpable por delegar en una niña de cinco años y medio la resolución del berrinche.

Sin embargo, de repente, hubo silencio. Me asomé con cuidado, y la vi hablando con él y diciéndole cosas en un tono bastante diferente al mío. Lo gracioso, es que su hermano la miraba con atención y de vez en cuando sonreía.

¿Sería un lenguaje secreto? ¿Tendrían un mundo paralelo donde los mayores no podemos ni sabemos entrar? La verdad es que no lo sé, pero reconozco que lo usé mucho porque ese "mundo paralelo" me resolvía infinidad de situaciones.

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El peligro de dejarlos ahí con frecuencia era que, a veces, la liaban. Yo pensaba que estaban tan tranquilos en sus juegos o lecturas y cuando llegaba, el "mundo paralelo" se había convertido en una batalla campal de muñecos, pintura, disfraces... y un bebé pintado hasta las orejas y disfrazado de muñeca que hacía que yo quisiera llorar y reír a la vez.

La llegada de un hermano es el momento que abre una nueva y emocionante etapa. Creo que los padres estamos un poco fuera de ese mundo que se crea entre hermanos, en ocasiones lleno de conflictos, pero la mayoría de las veces, un lugar donde se entienden, se complementan y crecen.

Por cierto que no me perderé la pelí El bebé Jefazo porque me parece genial "la misión" que persigue el bebé mandón: nada ni nadie puede ocupar el lugar de un hermano, por muy difícil que sea al principio.

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