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Baroja y Puértolas, gloriosa pareja literaria

15/11/2017 07:24 CET | Actualizado 15/11/2017 07:24 CET
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Es curioso cómo a veces las obras de unos escritores se aparecen y se reflejan y dan cierto sentido a la de otros escritores. Sombras protectoras que despliegan su complicidad, luces que resaltan y que dan cobijo a las soledades y a las palabras que algún día saldrán de la pluma de quien empieza su carrera literaria. Ese largo y complicado y fascinante camino. Ese camino del que siempre se desconoce su trayecto y su final. Incluso, siendo honestos, la siguiente parada. Ningún escritor podría abrirse paso en ese bosque de palabras e ideas, de reflexiones y evocaciones, sin el amparo de esas voces anteriores. (Puede ser un buen momento para revisar 'La vida oculta', el ensayo con el que Puértolas ganó el Premio Anagrama y en el que, entre otras cosas, abordaba esta cuestión).

Voces que inspiran y que acompañan. Que sosiegan y que hacen ver las cosas con otra perspectiva, desde otro ángulo. Voces, en definitiva, necesarias, imprescindibles. Y el eco de esas voces que influyen, que alientan, puede (y debe) ser recordado en señal de agradecimiento, de lealtad, después de ese largo camino realizado. El de la escritura y el de la lectura. Y, naturalmente, el de la propia vida. Con toda su línea de luces y sombras, de complejidades y también de puertas que se van abriendo sin excesivas complicaciones. Que de todo hay.

El gran logro de este libro es cómo en el espejo del Baroja escritor se refleja la Soledad escritora y persona.

Algo así es lo que nos cuenta Soledad Puértolas en 'Lúcida melancolía', el primer volumen de la colección BAROJA & YO (una iniciativa muy sugerente de IPSO Ediciones, que lo ha editado de forma primorosa), donde una serie de autores relevantes se acercarán a la obra del escritor vasco. A su obra y a la trascendencia que ha tenido (que sigue teniendo) en sus vidas y en sus trabajos. A esas sombras protectoras y cómplices y a esas luces que resaltan y que dan cobijo, como mencionaba un poco más arriba. Toda esa felicidad silenciosa.

Antes de leer a Baroja, la figura del escritor formaba parte de la vida de la familia de Soledad y de la propia escritora cuando aún era una niña, nos dice al principio de este hermoso libro donde su vida y la de Baroja se van entrelazando desde esa temprana edad. Y así, de una etapa vital a otra, vamos descubriendo a lo largo de los años la relación entre uno y otra. El respeto, la admiración, el estudio de los personajes (con especial atención a los femeninos), la reflexión...

Y según vamos conociendo detalles de esta relación, también vamos haciéndolo sobre algunos aspectos de la vida de la escritora, y ése es, a mi juicio, el gran logro de este libro. Cómo en el espejo del Baroja escritor se refleja la Soledad escritora y persona. En ese bello juego reside el incuestionable encanto de este volumen. Todo un hallazgo para los admiradores de la obra de Puértolas. Y, evidentemente, también para los de Baroja.

Baroja y Puértolas, gloriosa pareja literaria. Seguiremos atentos a las próximas parejas ideadas para esta atractiva apuesta. No dejen pasar por alto este primer recorrido.

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