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Tres casos de abusos laborales

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Estamos entrando en un bucle temporal, en un agujero negro que nos lleva al pasado y no sabemos en qué momento de ese pasado se detendrá este retroceso histórico en el que estamos inmersos. Claro que no me refiero a lo tecnológico, sino a lo humano, en concreto a las relaciones laborales entre los empleadores y los empleados y la reducción de derechos de los trabajadores. La parte tecnológica sin embargo sigue creciendo de manera imparable y una de sus consecuencias más importantes -desde los inicios de la industrialización- es la cada vez menor necesidad de mano de obra. Y es que entre las paradojas del capitalismo está su necesidad de numerosos consumidores -cuantos más mejor- y sin embargo su búsqueda incesante de prescindir de las personas que producen los bienes de consumo o de reducir su número al máximo en busca de una máxima rentabilidad económica o sea de un crecimiento del margen que existe entre lo que cuesta producir un bien de consumo y su precio de venta final.

El futuro se nos presentaba hace relativamente poco tiempo como un espacio en el que trabajaríamos poco, ganaríamos mucho -o al menos lo suficiente para vivir bien- y tendríamos mucho tiempo libre. Sin embargo el presente desmiente aquel sueño, que ahora suena tan viejo. Ahora Europa demanda a los griegos (quizás a nosotros, los españoles, nos lo pidan también más pronto que tarde) que trabajen seis días a la semana, como hacían nuestros abuelos, que trabajaban en algunos casos hasta siete días a la semana, pluriempleo mediante, para poder vivir con un mínimo de dignidad. En estos momentos el futuro se presenta tan incierto que da más miedo que una película de zombis y sólo vemos augurios de pobreza y de miseria, sea cual sea el sector hacia el que dirijamos la mirada.

Los nuevos viejos tiempos se presentan mal para todos los trabajadores. Vamos perdiendo cada vez más derechos, los sueldos se reducen y las condiciones laborales empeoran día a día, casi imperceptiblemente, con el nuevo marco laboral creado por el PP en su última reforma realizada, según se nos dijo, con la intención de crear empleo pero que sólo ha traído más paro y menos posibilidad de defenderse a los trabajadores, facilitando el despido y abarantándolo. Con tanta gente esperando en la cola del paro pocos se atreven a rechistar a sus jefes porque a la mínima eres tú el que te vas al paro y una vez allí es difícil salir de esa espiral que supone la inactividad, sobre todo si tienes más de 50 años y vives en un país con la mayor tasa de paro de Europa.

Voy a poner algunos ejemplos de cómo se están poniendo las cosas para algunos trabajadores. En este caso tres mujeres que sufren abuso laboral, por parte del Estado o de empresas privadas que buscan el máximo beneficio con el mínimo gasto.

Una de ella trabaja cuidando a su madre por 250 euros al mes, cantidad que paga el Estado. Va todos los días a su casa, cuida de ella, la acompaña al médico, hace la compra, limpia y cocina durante cuatro o cinco horas al día. Eso hasta ahora porque desde el 1 de septiembre el Gobierno ha anulado estas ayudas a las personas mayores con la excusa de que se cometían muchas irregularidades. Hasta ahora hacía esa aportación que incluía la cotización a la Seguridad Social de los cuidadores. Ahora ha suprimido esa aportación, por lo que quien quiera seguir cuidando a una persona mayor, de manera legal, seguirá recibiendo el mismo sueldo pero pagará de su bolsillo la cotización a la seguridad social. En el caso de esta cuidadora el resultado es que le quedan unos 30 euros de sueldo, que es la diferencia entre lo que cobra y lo que se ve obligada a pagar como cotización a la Seguridad Social. Esta anciana en concreto recibe una pensión de 700 euros, por lo que de pagar a su cuidadora la misma cantidad que esta venía percibiendo (para que su sueldo siga siendo el mismo) su pensión se quedaría en 480 euros con los que deberá pagar su alimentación, electricidad, agua, comunidad, ropa y demás... en caso de que la anciana no pueda pagar a su hija para que la cuide, la hija -su cuidadora- tendría que seguir haciendo el mismo trabajo pero ahora por 30 euros al mes. Claro que la anciana siempre tiene la opción de volver a esa antigua y cruel costumbre que lleva a los ancianos a convivir por periodos de meses en casas de sus distintos hijos o hijas, en caso de tenerlos, para que estos puedan cuidarlos sin desatender sus otras obligaciones familiares o laborales. En caso de no existir estos hijos desconozco qué opciones tiene la anciana, teniendo en cuenta que las residencias públicas están atestadas, tienen años de lista de espera y las privadas son inaccesibles con su mínima pensión.

Otro caso es el de una persona que trabaja en un hospital privado, bueno que trabajaba porque ha sido despedida. El motivo de su despido ha sido negarse a renunciar a recuperar las horas extra que la empresa le había obligado a realizar durante varios meses y por las que le correspondía librar durante tres días. Esta persona llevaba cinco años trabajando en este hospital, en el que recientemente ha habido un cambio de propietarios que han decidido aplicar políticas más agresivas de gestión empresarial. En el nuevo marco de relaciones que plantea esta empresa negarse a seguir al pie de la letra las instrucciones de los jefes, sean estas las que sean, es motivo inmediato de despido.

El tercer y último caso es el de una persona que trabaja en una residencia de ancianos -lo que me cuenta sobre el trato a los ancianos, que pagan alrededor de 2.000 euros al mes a veces roza lo dantesco- y que está siendo obligada sistemáticamente a incumplir los plazos de descanso entre turnos para no ser despedida, como ya han hecho con otros trabajadores que se "atrevieron" a pedir que se cumplieran las normas laborales.

Esta es la sociedad que entre todos, con nuestros votos, nuestro silencio o nuestra codicia estamos construyendo.