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¿Son las elecciones regionales alemanas el principio del fin para Merkel?

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MERKEL
AFP
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Lo que era inconcebible hace sólo unos meses acaba de producirse en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El partido de extrema derecha AfD (Alternativa para Alemania) acaba de obtener un segundo puesto por detrás de los socialdemócratas SPD en las elecciones al Parlamento regional, dejando por detrás -a tres puntos- la CDU de Angela Merkel (un 22% para la AfD frente al 19% de la CDU).

El 18 de septiembre será el turno de las elecciones en Berlín y el mismo partido político podría lograr un avance en el Parlamento de esta ciudad-región.

Sin embargo, el Land de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (de 23.000 km2 y solamente 1,6 millones de habitantes) no supone un gran problema para la política alemana. En su tierra de elección, Angela Merkel suele ser popular. Esta región es la de su circunscripción electoral y, en general, los electores le reconocen lo que ha hecho desde entonces por la zona, sobre todo desde su regreso a Occidente.

Una derrota simbólica

Pero el símbolo es fuerte. En política, está lo que se vive y lo que se siente. Si bien es cierto que esta región tiene en general una buena salud económica, sus habitantes no han notado una mejora en el frente del empleo y los jubilados han percibido los problemas de las jubilaciones, "mientras que para los refugiados sí hay dinero"...

Lo que ha cambiado fundamentalmente la situación es la política migratoria de la canciller alemana.

Lo que ha cambiado fundamentalmente la situación es la política migratoria de la canciller alemana. Mientras que este territorio no se ha visto considerablemente afectado por la llegada de refugiados, la decisión política de Angela Merkel está actualmente en el centro de las críticas dirigidas a la canciller. Su popularidad se ha reducido también en esta región, donde incluso han aparecido pintadas con la frase "Merkel weg!" (¡Merkel, váyase!).

En 2015, Angela Merkel no podía ofrecer otra política que la que había decidido, es decir, la acogida de refugiados, sobre todo porque la búsqueda de mano de obra extranjera hoy es una necesidad, teniendo en cuenta el envejecimiento de la población activa.

Los incidentes ocurridos en la Nochevieja del año pasado en los que hubo agresiones e imputados extranjeros y refugiados y los tiroteos de este verano han dado la vuelta por completo a la opinión pública.

Surfear la ola de la inquietud

La AfD sólo tiene que surfear la ola de la inquietud de los ciudadanos alemanes para reunir las voces. Tras los primeros éxitos electorales de la pasada primavera en la que este partido anti-inmigración hizo su entrada en tres Parlamentos regionales (más del 24% en Sajonia-Anhalt y el 15% en Baden-Wurtemberg), hoy se ve propulsado como ¡segunda fuerza política por delante de la CDU en Pomerania Occidental!

Y puede que su progresión no haya acabado, ya que el próximo 18 de septiembre también podría hacer una estruendosa entrada en el Parlamento de Berlín. El sábado 3 de septiembre, una manifestación que reunió al menos a 10.000 personas desfiló en la capital alemana para denunciar el racismo de este nuevo partido, cuya principal reivindicación es el fin de la política migratoria de Merkel.

Cuando las dos principales fuerzas políticas alemanas gobiernan juntas durante años, los electores tienen la sensación de que deja de haber un espacio para rebatir las decisiones tomadas por esas grandes coaliciones.

Aunque estas elecciones no deberían intimidar a Angela Merkel, está claro que las consecuencias políticas van a ser importantes.

Tras los atentados de este verano en Alemania, el ministro del Interior anunció un giro en la seguridad y evocó la hipótesis de la pérdida de nacionalidad, reforma que fracasó en Francia y podría tener éxito en Alemania. Angela Merkel, bajo la presión de sus aliados más conservadores de la CSU bávara, también podría elevar el tono y restringir su política de acogida a los refugiados y migrantes económicos. Lo quiera o no, no le quedará otra opción, salvo que provoque una sacudida en sus apoyos políticos y, por tanto, en su gobierno.

Una crisis del sistema político

La desconfianza y el rechazo están tan instalados en la sociedad que el éxito de la AfD no sólo se explica por la crisis ligada a la acogida de migrantes.

El mismo sistema alemán, con su tradición de grandes coaliciones, ha llegado a sus propios límites. Cuando las dos principales fuerzas políticas alemanas gobiernan juntas durante años, ya sea a nivel nacional o local, los electores tienen la sensación de que deja de haber un espacio para rebatir las decisiones tomadas por esas grandes coaliciones. Los electores, en una situación excepcional, viran hacia los extremos.

Merkel está muy debilitada. Su vuelta a Berlín desde China, donde ha participado en la reunión del G20, va a ser difícil. No sólo está debilitada en Alemania, donde el 44% de los electores confían en ella -según un reciente sondeo-, sino también en la escena europea.

La cumbre de Bratislava del 16 de septiembre, donde se tratará la reactivación de Europa tras el Brexit, se arriesga a verse parasitada por las dificultades internas que han experimentado los principales colaboradores de la Unión Europea, véanse Merkel, Renzi y Hollande.

Angela Merkel acaba de encontrar un aliado de peso en la figura de Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, que este fin de semana afirmó que la capacidad de acogida de refugiados estaba "próxima a su límite".

Angela Merkel tiene por delante un camino estrecho hasta las elecciones legislativas previstas para el mes de septiembre de 2017. Si no consigue recomponerse, las elecciones de Pomerania Occidental y de Berlín el próximo 18 de septiembre podrían desencadenar el fin de la era Merkel.

Este post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano