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En la piel de un refugiado de Palestina

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En 2001, con motivo del 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, la Asamblea General de Naciones Unidas designó el 20 de junio como el Día Mundial del Refugiado para recordar a millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

La media de tiempo que una persona permanece bajo la condición de refugiado son 16 años, sin embargo hay refugiados cuyo estatus se ha cronificado por la falta de solución de los conflictos que han generado su éxodo. Éste es el caso de los refugiados de Palestina. El mes pasado se cumplieron 68 años desde que tuvieron que huir de sus hogares y desde hace casi 7 décadas siguen anhelando su regreso.

En total hay 5,2 millones de refugiados de Palestina que viven en Siria, Jordania, Líbano y el territorio Palestino ocupado (Gaza y Cisjordania) y son una cuarta parte de la población refugiada mundial y el 40% de los refugiados de larga duración del mundo

En la actualidad cada minuto, 8 personas lo tienen que dejar todo para huir de la guerra, la persecución o el terror. Considerando a todas las personas forzosamente desplazadas (desplazados internos y refugiados), su número supera ya los 60 millones, el mayor número desde que se cuenta con registros de población refugiada. Mientras los refugiados y desplazados aumentan, las posibilidades de retorno a sus lugares de origen disminuyen, un claro indicador de que los conflictos se cronifican, imposibilitando el regreso de la población.

Los refugiados de Palestina han conocido la violencia, el horror y la guerra durante gran parte de su vida. En Palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania, la ocupación militar israelí cumplirá medio siglo en 2017, una ocupación fuertemente marcada por la violencia diaria y la privación de derechos de la población palestina. Además en Siria, los refugiados de Palestina son la población más vulnerable de un conflicto que entra ya en su sexto año y que ha dejado un país arrasado y más de 4 millones de refugiados.

SIRIA

En Siria antes de la guerra vivían más de medio millón de refugiados de Palestina que huyendo de la guerra árabe-israelí de 1948 se asentaron en el país. En la actualidad más del 62% de la población refugiada de Palestina en Siria ha sido desplazada internamente, convirtiéndose en refugiado-desplazado y el 12% ha huido a países vecinos, pasando a ser doblemente refugiado.

Los campos de refugiados de Palestina en Siria han sido escenario frecuente de ataques, enfrentamientos armados y algunos han sido incluso vaciados por la fuerza. El campo que más repercusión mediática ha tenido por el horror que han causado sus imágenes ha sido el de Yarmouk. Hoy en día de las 180.000 personas que vivían en el campo se calcula que unas 6.000 personas continúan atrapadas dentro del campo, expuestas no solo a la violencia, sino también al hambre, la falta de agua o atención médica.

Los niños y niñas refugiados de Palestina conocen bien los efectos de la violencia en Siria. Hasta los espacios que les crean sensación de protección o esperanza de futuro han sido atacados. Desde el comienzo de la guerra en 29 ocasiones las escuelas de UNRWA han sido blanco de morteros, barriles-bomba, proyectiles, coches bomba, fuego cruzado, etc. El número de niños muertos, heridos o expuestos a la violencia es elevado, aunque difícil de calcular debido a las dificultades para obtener la información. Recientemente dos explosiones en las inmediaciones de dos escuelas de UNRWA y una del gobierno acabó con la vida de 31 refugiados de Palestina, incluyendo a 4 niños e hiriendo a otros 13.

Aya sabe muy bien de lo que estamos hablando. Con 5 años esta refugiada de Palestina del campo de Jaramana sufrió la amputación una pierna por la explosión de un mortero mientras regresaba de la escuela a su casa. "Cuando me desperté vi que me faltaba una pierna. Estaba aterrada, me dolía mucho" narra sobre el incidente con su infantil vocecita. Desde entonces ha tenido que enfrentarse no solo con el trauma generado, sino con una serie de largas operaciones quirúrgicas que afortunadamente le han devuelto la posibilidad de volver a caminar. Aya es una de los miles de niños y niñas refugiados de Palestina en Siria que están lidiando con el trauma físico y emocional consecuencia de la guerra que entra ya en su sexto año. Aya es parte de una generación que no ha conocido la paz.

GAZA

La Franja de Gaza es una zona devastada por las ofensivas militares israelíes. Encerradas en 365 kilómetros cuadrados, viven 1,8 millones de personas (de ellas 1,2 con estatus de refugiado) bajo un férreo e ilegal bloqueo israelí ejercido por tierra, mar y aire que entra ya en su décimo año.

El 7 de julio de 2014, Israel lanzaba sobre Gaza la operación militar israelí denominada Margen Protector. Durante 50 días llevaron a cabo una devastadora ofensiva militar por tierra, mar y aire, que dejó 2.220 muertos, de los cuales al menos 1.492 eran civiles, incluyendo 548 niños y niñas. En el lado israelí 71 personas perdieron la vida, 5 de ellos civiles, incluyendo 1 niño. Según los últimos datos de UNRWA, 140.000 hogares se han visto afectados por la ofensiva y entre ellos más de 18.000 están totalmente destruidos o son inhabitables. Hoy en día más de 70.000 personas continúan desplazadas.

El bloqueo, además de las recurrentes ofensivas militares, sigue siendo la principal causa de la crisis socio-económico y psico-social en Gaza. Las restricciones a la circulación de personas y mercancías castigan de forma colectiva a la población civil, lo cual afecta a todos los aspectos de la vida en Gaza, impide a los palestinos disfrutar de los derechos humanos, socava la economía local e incumple las obligaciones legales de Israel en virtud del derecho internacional. Esta falta de libertad de movimiento incluye el derecho al tratamiento médico.

Alí de 6 años de edad es un niño de refugiado de Palestina que vive en Rafah, en el sur de Gaza. Desde que nació ha estado viviendo bajo bloqueo. A pesar de su juventud, ya ha vivido dos ofensivas militares. Ali nació con un defecto congénito en el esófago que no le permite comer normalmente. Debido a la necesitaría salir del enclave para recibir un tratamiento adecuado.

"Mi hijo necesita una cirugía para resolver su problema, y tendría que ir a Cisjordania o al extranjero" cuenta con angustia Hayam la madre de Alí a un compañero de UNRWA para la campaña que lanza la Agencia sobre el significado del bloqueo en Gaza. "Nos hemos comunicado con tres hospitales que están dispuestos a ayudarlo, pero llevamos esperando durante más de un año para obtener el permiso".

Israel no sólo impone restricciones para viajar al extranjero, sino también para viajar al resto del territorio palestino. Una persona en Gaza tiene serias dificultades para ir a Cisjordania a estudiar o tratar de encontrar trabajo. No pueden visitar a sus familiares e impide a los enfermos salir de Gaza para buscar tratamiento médico.

"Nos enfrentamos a muchas dificultades debido a la enfermedad de nuestro hijo; carecemos de recursos económicos, conseguir el permiso para salir de Gaza lleva mucho tiempo. Además de eso, mi hijo necesita medicamentos especiales y leche, que no están disponibles o son muy caros en Gaza debido al bloqueo" señala el padre de Ali.

Un segundo cruce que permite técnicamente la salida y entrada de los palestinos dentro y fuera de Gaza es el de Rafah entre Gaza y Egipto. Sin embargo las autoridades egipcias lo mantienen cerrado durante la mayor parte del año, excepto unos pocos días para un número muy limitado de personas. Según el Ministerio de Salud Palestino más de 3.000 enfermos esperan su salida a través de este cruce.

La desesperación de las familias como la de Ali ante la situación que se vive en Gaza es alarmante. Prueba de ello es el aumento considerable del número de suicidios que se están produciendo en el último año. Aunque no hay estadísticas oficiales, fuentes médicas sitúan en 80 el número de suicidios mensuales. Entre un 35 -40 % más que el año pasado.

CISJORDANIA

En Cisjordania, incluida Jerusalén Este, el uso de la fuerza por parte del ejército israelí en zonas densamente pobladas como los campos de refugiados ha incrementando de forma alarmante el número de heridos y muertos, entre ellos niños.

"Abdel-Rahman era un buen estudiante" recuerdan solemnes sus compañeros de colegio del campo de refugiados de Aida. Su padre, que nos acompaña en nuestro recorrido por la escuela, abandona la sala con una mueca de dolor para evitar volver a escuchar la historia de aquel fatídico 5 de octubre de 2015.

Abdel-Rahman, de 13 años y su amigo Otman de 11, se encontraban ese día a 70 metros de distancia de los enfrentamientos entre el ejército israelí y los refugiados del Campo de Aida, justo en frente de las oficinas de UNRWA en el campo. Un soldado israelí disparó tres veces en su dirección. Los médicos del Hospital de Beit Jala, señalaron que Abdel-Rahman murió de una única herida de bala en el pecho. Othman sufrió una herida de bala en la pierna y recibió la atención ambulatoria. Los testigos y la investigación llevada a cabo por UNRWA señalaron que ninguno de los dos había participado en los enfrentamientos.

El número de Palestinos muertos por el ejército israelí según OCHA en 2015 alcanzó los 137 (de ellos 31 eran niños, incluyendo 12 refugiados). Además 25 israelíes resultaron muertos por ataques palestinos. En lo que va de año el número de muertes asciende a 60 palestinos y 8 israelíes. En el año 2015, 5.897 refugiados de Palestina tuvieron que recibir asistencia médica en clínicas de UNRWA debido a la violencia del ejército israelí o de los colonos, aunque el total de palestinos heridos según OCHA alcanzó los 15.000.

"Aun mantenemos su silla vacía para recordarle" señalan sus compañeros. "Perdemos muchos días de clase por las irrupciones del ejército israelí. A veces caen los botes de gases lacrimógenos en la escuela y tenemos que interrumpir las clases" señala Farah, una niña refugiada de 14 años del campo de Aida.

Según un informe reciente de UNRWA 205 botes de gases lacrimógenos han caído o han sido lanzados en las escuelas de los campos de refugiados cisjordanos, interrumpiendo las clases y teniendo incluso en ocasiones que evacuar a los niños y niñas. Por otro lado el número de operaciones de búsqueda y captura en los campamentos cisjordanos por parte del ejército israelí se ha incrementado un 289% desde 2011, de 231 a 667. A lo largo de 2015, 945 niños fueron detenidos por las autoridades israelíes, la mayor parte de los cargos alegados estaban presuntamente relacionados con el lanzamiento de piedras al ejército israelí. De forma alarmante han aumentado también el número de demoliciones de viviendas. En el año 2015 las autoridades israelíes demolieron 546 estructuras palestinas, desplazando a 784 personas, más de la mitad niños y niñas.

Antes de marcharnos de Aida, Farah me coge de la mano y tira de mi para que me agache. Casi en un susurro como si de un gran secreto se tratara, me dice al oído: "Queremos nuestros derechos como niños, queremos estudiar, vivir en Paz. ¿Cómo te sentirías si te pusieras en nuestra piel?".

Hoy Día Mundial del Refugiado deberíamos de ponernos todos en la piel de Farah y en la de millones de niños y niñas refugiados huidos del terror de las guerras o los que continúan en los países sufriendo el desplazamiento y expuestos a temibles formas de violencias. Esperemos que algún día no muy lejano se les devuelva el derecho a disfrutar de una infancia que hasta ahora se les ha negado.