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El amor es pedir comida a domicilio y llevar chándal

01/03/2017 20:10 CET | Actualizado 07/03/2017 07:23 CET
Getty Images

Por si da la casualidad de que el marketing que nos rodea no logró llegar hasta ti: acabamos de dejar atrás San Valentín.

Y puede que seas como yo.

Crecí viendo películas Disney y comedias románticas. Príncipes Azules, felices para siempre, gestos adorables, ostentosos, llenos de suspense y de carga emocional, frases perfectas en el momento perfecto y un largo etcétera. Ah, ese sentimiento... Ese "¡Dios, ese chico es tan perfecto!". Esa esperanza de que un día alguien se abra paso entre una multitud en el aeropuerto para no dejarte subir al avión y para recitar un monólogo desgarrador sobre por qué estáis hechos el uno para el otro.

Sigo viendo comedias románticas y, aunque me cueste admitirlo, me siguen encantando.

Con mi pareja no celebro San Valentín. Hay quien se horroriza. A muchos les da completamente igual. Y otros apoyaréis nuestra decisión. No tengo nada contra el día de San Valentín. En absoluto. Pero hemos decidido no celebrarlo de mutuo acuerdo.

Yo antes le daba mucha importancia a los gestos y a las grandes demostraciones de amor, todo sea dicho. A esos momentos románticos y planeados al detalle que dejan sin aliento.

Aunque tiene gracia: después de 10 años y dos niños, concibo el amor y el romance desde una perspectiva completamente diferente. Y ahora puedo decir con total sinceridad que estoy en paz con el hecho de que no nos compremos el ramo de flores obligatorio o la típica caja de bombones. No tengo ningún problema. Lo prometo. Querido marido, en caso de que te estés preguntando si se trata de una trampa: no, lo digo en serio.

Los gestos románticos, las flores y los bombones están muy bien, pero hace poco me comprometí a fijarme en las pequeñas cosas que pasan en el día a día y que me demuestran lo que es el amor.

Y cuando empiezas a fijarte en esas pequeñas cosas ves el amor que hay en ellas. Están por todas partes. Solo tienes que probar.

El amor está en dormir una hora extra, sin darte cuenta de que tu pareja te ha dejado dormir una hora más hasta que no te levantas y te sientes más persona.

El amor está en esa mirada llena de significado y en las risas ahogadas que intercambiáis cuando vuestros hijos dicen o hacen algo desternillante (y que quizá raye en lo inapropiado).

El amor está en esa botella de agua fría que aparece por arte de magia en tu mesilla cada noche, porque tu pareja sabe que tienes sed cuando te despiertas para darle el pecho al bebé cada dos horas. El amor es darse cuenta de que en toda la semana no has tenido que fregar ni un plato porque ya lo han hecho por ti.

El amor está en ese momento en el que cada uno está en una habitación acostando a las niñas y sientes mariposas en el estómago al pensar que dentro de poco podrás estar con tu mejor amigo. Está en esa conversación que tenéis, en chándal, tirados en el sofá, comiendo comida china directamente de la caja, en la que intercambiáis anécdotas de las niñas y os dedicáis a ver vídeos suyos a pesar de que solo lleven cinco minutos dormidas.

El amor está en esas ocasiones en las que estáis insoportables y en las que os dais cuenta de que estar enfadados es un rollo y de que os echáis de menos, así que os tragáis el orgullo y os pedís perdón.

El amor está en la empatía que te demuestra tu pareja cuando estás hormonal y es posible que te estés comportando de una forma un poco irracional.

El amor está en ese mensaje de texto que te manda para avisarte de que va a llegar a casa antes.

El amor es darse cuenta de que te emocionas igual que tu hija al verle entrar por la puerta cada día. Y no porque eso signifique que así hay más adultos disponibles para lidiar con las tropas, sino porque la persona a la que más quieres está ahí y te hace feliz.

El amor es que acepten tus estándares obsesivos de limpieza, y que usen cada estropajo para una cosa siguiendo tu sistema establecido.

El amor está en esos momentos en los que estás intentando acostar a tu hijo y no puedes más y tu marido te releva y coge a la niña en brazos para reconfortarla. Y tú te sientas en el borde de la cama y te limitas a contemplar cómo se quieren.

El amor no siempre está en los grandes momentos. De hecho, suele estar más presente en esos numerosos detalles intrascendentes que se suceden a lo largo del día. Esos momentos que son propensos a pasar desapercibidos sin que te fijes en ellos porque estás demasiado ocupada esperando a que empiece a tocar el cuarteto de cuerda y a que el cielo se llene de fuegos artificiales.

Así que evalúa los momentos del día a día. Te garantizo que te sorprenderás con todas las cosas que descubrirás que son muestras de amor entre vosotros. Y que ese amor está tan arraigado en la vida que lleváis que influye en muchas de vuestras acciones y decisiones cotidianas. Hay ciertos detalles que no parecen gran cosa, pero que, después de analizarse con más detenimiento, son el origen de vuestro amor.

Y los prefiero por encima de los bombones y de las flores.

¿Dónde ves tú el amor?

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.