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Propuesta desde Polonia para mitigar la deriva independentista de Artur Mas

19/02/2013 08:25 CET | Actualizado 14/10/2013 16:24 CEST

Cataluña, a pesar de tener una balanza fiscal negativa, es tenida por muchos como una Comunidad Autónoma insolidaria. Quizá se deba a que no importa tanto el dinero que se aporte a las arcas del Estado, sino el hecho de estar más o menos en silencio y sin quejarse. Y los políticos catalanes se quejan tanto que no importa el dinero que los ciudadanos catalanes aporten que siempre serán tenidos por egoístas. Y la cuestión es que regular la balanza fiscal no es un invento catalán, sino que es algo que en otros muchos países se hace porque se considera lógico que no se puede aportar no se sabe cuánto a cambio de recibir no se sabe qué. Y, repito, no me refiero a informar de cuál es la balanza fiscal, sino a regularla.

En todos los países hay regiones ricas y pobres, A y B, de primera y de segunda, llámalas como quieras pero ya sabemos a qué nos referimos. Lo curioso de todo esto es que en España nunca, desde el inicio de la democracia, se ha intentado regular las aportaciones de cada autonomía. Parece como si los diferentes gobiernos centrales hubieran pretendido poder disponer del dinero recaudado en las autonomías sin tener que dar explicaciones a éstas y así convertir la aportación del Estado en las autonomías en un elemento más de las negociaciones políticas.

En Polonia también hay regiones ricas y pobres. El este, el cual estuvo entre los años 1795 y 1918 bajo dominio ruso, es la parte pobre del país frente al oeste, que estuvo abajo dominio prusiano. Esta divisón es visible en muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, solo hay que ver en un mapa lo desarrollada que está la red ferroviaria en una zona y en otra o cuál es el partido más votado en todas las elecciones. El este vota a Ley y Justicia, un partido democristiano radical y el oeste a Plataforma Cívica, un partido liberal. Varsovia, la capital, es una isla en el este y su alcaldesa pertenece a Plataforma Cívica.

Pero a pesar de esta divisón, el problema de la balanza fiscal lo resolvieron hace mucho tiempo, y siendo una democracia más joven que la española, de la siguiente manera: las regiones y los Ayuntamientos que superan en ingresos el 150% de la media del país de los dos últimos años, aportan la cantidad con la que se supere esa media. Así, si una región o Ayuntamiento tiene un 178% de ingresos de media, aporta el 28% al Estado.

La ciudad de Varsovia en Polonia, como la Comunidad de Madrid en España, es la que más aporta al Estado. Evidentemente, se debe a que es la ciudad donde se halla la sede central de muchas empresas, y por lo tanto donde tributan, a pesar de estar presentes en diferentes ciudades y regiones. Aparte, claro está, de los beneficios de ser el centro administrativo del país.

Últimamente en Polonia ha surgido un movimiento en contra de esta forma de gestionar la balanza fiscal. Las regiones y ciudades ricas, con Varsovia a la cabeza, se quejan de que el hecho de que sea un porcentaje fijo fomenta que las regiones y ciudades pobres no se movilicen, sino que esperan su donación anual. Lo que se ha propuesto es que el porcentaje se reduzca gradualmente, para así incentivar a las regiones menos favorecidas y no convertir el trasvase de dinero en una especie de limosna eterna.

Una propuesta similar del Estado español a las autonomías sería muy interesante. Desde luego, quitaría peso a parte de las reclamaciones en las que se basa la deriva independentista de Artur Mas. Otra cuestión es que los políticos españoles no quieran aprender de lo que se hace en otros países porque prefieren disponer del dinero y de los presupuestos como arma de negociación política. Ese me parece realmente el problema y no el ficticio egoísmo de los catalanes.

Quizá de esta forma se dejaría de ver a los catalanes como insolidarios, porque así, todos sabrían a qué atenerse.

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