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Seis cosas que desearía no haber dicho a mi hijo

17/08/2015 07:17 CEST | Actualizado 16/08/2016 11:12 CEST
Seb Oliver via Getty Images
Mother and sons looking out from hotel balcony, Fethiye, Turkey

Mi hijo mayor acaba de terminar el instituto y ha llegado la hora de que comience una nueva etapa en ese viaje que le va acercando, cada vez más, a la vida real. Llegados a este punto, me doy cuenta de que hay muchísimas cosas de las que desearía poder retractarme.

Espero que se dé cuenta de que esos pequeños consejos que le di (o que otros le dieron, con las mejores intenciones) tenían por propósito empoderarle, ayudarle a madurar, aunque... no son completamente ciertos.

1. No le debes nada a nadie.

Tienes una responsabilidad principal: la de ser parte de un cambio positivo en este mundo. Si no estás de parte del cambio, estás en su contra. Le debes a todo el mundo (incluso a ti mismo) un mínimo de amabilidad, compasión, paciencia, respeto y empatía. Todo el mundo está enzarzado en su propio tipo de lucha. Todo el mundo tiene un capítulo de sus vidas que preferiría no leer en voz alta. Es posible que intervengas en mitad de la batalla más dura de la vida de alguien. Nunca sabes si una persona puede estar pasándolo mal, luchando por intentar mantener un poco de estabilidad en su vida, como poco, así que no pierdes nada teniendo una actitud cordial. ¿Es tan difícil?

2. El respeto se gana, no te lo regala nadie.

Es una cuestión parecida a la de "¿qué fue primero, el huevo o la gallina ?", solo que más ridícula. ¿Acaso tendrías que esperar a que alguien se ganara tu respeto antes de que tú le respetes? ¿Deberías dar por sentado que nadie va a respetarte hasta que te hayas ganado claramente su respeto? ¿Puedes ser respetado sin que tú seas respetuoso? ¿Puedes ser respetuoso y automáticamente asumir que por ello mereces recibir el mismo trato? Si no te ganas el respeto de alguien, ¿deberías faltarle al respeto? Eres responsable de la forma en que guías tus actos, independientemente de si los demás son o no respetuosos. Así que, por favor, aprende a respetar.

3. Sé tú mismo y de inmediato los demás se darán cuenta de tu intelecto, tu talento y tu encanto.

Hay otras sabias recomendaciones que dejan a esta en el ridículo: sal de tu zona de confort; haz notar tu presencia; aprende cuándo ser pelota y cuándo ser crítico. Si nunca preguntas, la respuesta siempre será "no". La persistencia, la humildad y el esfuerzo deliberado te ayudarán a despuntar y a convertirte en un ser humano productivo.

Pero por favor, por favor, no te dediques sólo a mariposear por el mundo esperando recibir aquello que quieres por tu cara bonita. Además, debes ser consciente de que habrá veces en las que te dejarás la piel haciendo algo que nadie podrá o sabrá apreciar. Por cierto, esta idea nos lleva a la siguiente...

4. El trabajo duro tiene recompensa.

Menos cuando no lo tiene. En ocasiones, el más duro de los trabajos y el más diligente de los esfuerzos cosechan el más miserable de los resultados: nada. La vida es injusta a veces. Sin embargo, tienes que dar el callo igualmente porque, eso sí, si no te esfuerzas, NUNCA habrá recompensa.

5. Tienes que perseguir la carrera de tus sueños para poder ser feliz.

Busca a quince personas y pregúntales si tienen el trabajo de sus sueños. Luego, pregúntales si son felices con sus vidas. Las respuestas te sorprenderán. No todo el mundo necesita una carrera maravillosa y gratificante para poder tener una vida feliz. Algunas personas trabajan en lo que siempre habían querido y son miserables. Algunas personas tienen un trabajo cualquiera y, aun así, viven unas vidas espectaculares y satisfactorias. Algunos otros aman sus carreras, pero aspiran a más en el ámbito personal de sus vidas. Persigue tus sueños, pero da prioridad a tu sostenibilidad. Trabajar duro para mantenerte puede ser más satisfactorio que tener treinta años y estar esperando a que llegue el trabajo ideal mientras sigues viviendo en casa de tus padres. La forma de evitar un futuro así es asegurarte de que eres capaz de ganarte la vida incluso sin hacer aquello que más te gustaría.

6. ¡Eres especial!

No eres ni mejor ni peor ni más ni menos que cualquiera de este mundo. Todas las personas que conoces son mejores que tú en alguna cosa. Todas las personas que conoces tienen que esforzarse al hacer cosas que a ti te resultan facilísimas. Usa tus puntos fuertes para hacer de este mundo un sitio mejor, más placentero (porque cuando es mejor para los demás, también es mejor para ti). Pide ayuda y acéptala cuando la necesites. Nunca te comportes como si cualquier persona, tarea o circunstancia estuviera por encima o por debajo de ti.

Esta historia de Tina Plantamura apareció por primera vez en ravishly.com, un sitio web alternativo de noticias y cultura para mujeres.

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Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno

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