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Con Austria se han librado por los pelos, pero la verdadera prueba para Europa es el Brexit

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AUSTRIA ELECTIONS
Leonhard Foeger / Reuters
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Las recientes elecciones presidenciales austríacas han dado vida al sueño de Altiero Spinelli de una Europa unida... de momento. La victoria de Alexander Van der Bellen, el candidato independiente apoyado por los Verdes, sobre el ultraderechista Norbert Hofer parece un juego del destino, pues coincide con el 30º aniversario de la muerte de Spinelli, autor del Manifiesto de Ventotene Por una Europa libre y unida.

Hasta quienes no creen en el azar deben admitir que los resultados de las elecciones en Austria traen buenos augurios.

Los siguientes 30 días serán un tiempo de prueba para la Unión Europea: hasta el 23 de junio, todo el mundo de este lado del Atlántico que crea en el sueño de Spinelli de una Europa unida pasará por un buen número de complejas pruebas. Las elecciones austríacas se han convertido en un símbolo del actual conflicto entre Austria e Italia en el paso del Brennero, que se ha cerrado por motivos que están más relacionados con las elecciones que con la emergencia real.

En el próximo período deberán superarse, al menos, tres obstáculos.

El primero, la conclusión de otra (nueva) versión del plan de rescate para Grecia, ya que se ha hecho evidente que el Gobierno de Atenas nunca será capaz de pagar el último préstamo de 86.000 millones de euros, pese a las medidas draconianas impuestas por el Gobierno de Tsipras.

Las elecciones pendían de un hilo porque el país se ha visto muy afectado por el miedo a que vengan extranjeros de tierras lejanas.

En segundo lugar, Bruselas tiene que tomar una decisión sobre el fondo de garantía de depósitos en la Unión Europea. (Los alemanes han condenado el plan e insisten en absurdos techos de deuda soberana).

Por último, el 23 de junio se conocerán los resultados del referéndum en el que Gran Bretaña decidirá si quedarse o no en la Unión Europea. No podemos predecir las repercusiones que tendría el Brexit, pero seguro que serían similares a las de un Grexit.

El camino que tenemos por delante no es fácil. La victoria de los Verdes y los pro-Europa en Austria fue una sorpresa. Las elecciones pendían de un hilo porque el país se ha visto muy afectado por el miedo a que vengan extranjeros de tierras lejanas.

Sin embargo, las cifras cuentan una historia diferente, una que parece haber calado en muchos austríacos. Según el informe sobre las Previsiones demográficas mundiales, 1,2 millones de migrantes se asentaron en Europa entre 2000 y 2010, lo que supone un 0,2% de la población de Europa. Esta cifra parece afrontable, teniendo en cuenta que Estados Unidos recibió a un millón de inmigrantes en el mismo período. Entre 2010 y 2015, el número de migrantes cayó dramáticamente a 400.000 al año, y entre 2000 y 2015, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España acogieron, respectivamente, a entre 100.000 y 200.000 refugiados.

Como señaló Thomas Piketty, el famoso economista que se opone a la austeridad, hasta el año pasado no se alcanzó el récord de un millón de migrantes que llegaron a Alemania. Puede que esa afluencia sea el principal motivo de las preocupaciones de Austria, y del cierre de la frontera con Italia. Ahora, es Italia la que ocupa titulares.

Austria ha dado a Europa un respiro, pero no podemos ignorar el hecho de que el plan de migración que la Comisión Juncker está preparando no progresa como se esperaba. Su fracaso sólo alimentará las llamas de los partidos xenófobos, que han convertido la frontera de Brennero en un símbolo que tiene más que ver con la ideología que con crear un muro de verdad.

Sin embargo, pese a la batalla contra la migración en Austria, ahora que parece que ha pasado lo peor, hay que tomarse un tiempo para reflexionar. Entre todas las naciones europeas, Austria es una de las que tiene mayores tasas de voluntarios que han partido a las regiones del ISIS para luchar: en una población de 8,5 millones de habitantes, hay más de 260 militantes yihadistas.

Según el censo de 2014, la población musulmana del país alcanzó un total de 600.000 personas (el 7% de todos los austríacos), entre las que se incluyen 120.000 turcos, 51.000 bosnios y 34.000 afganos. Hay una parte de la población austríaca que utiliza estas estadísticas para sugerir que todos los migrantes musulmanes son terroristas en potencia. Probablemente todos los partidos nacionalistas saquen a colación este argumento en las próximas elecciones europeas, así que hay que contrarrestarlo con una idea mejor, una que convenza a los europeos a elegir el camino de una mayor integración. La tarea no será fácil.

Este post fue publicado originalmente en la edición italiana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano