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La gran coalición contra la actividad física y el deporte

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Foto: ISTOCK

La idea de 'cuánto más duro trabajes, mejor serás', es una mentira. Los mejores progresos se obtienen entrenando mejor. Bill Bowerman.

Resulta desalentador el panorama que presentan los partidos políticos españoles en relación con el tema de la actividad física y el deporte. El hecho de que España sea una potencia internacional en deportes de equipo no puede esconder una realidad palmaria; los éxitos deportivos en estas disciplinas (fútbol, fútbol sala, baloncesto, balonmano etc.) no se han traducido en un aumento de la actividad física regular en el conjunto de la población. Es muy curioso observar cómo nuestros políticos apelan continuamente a los países con mayor índice de desarrollo y bienestar (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, USA, Canadá, Francia, Japón etc.) al tiempo que ignoran una de las características más relevantes de su sistema educativo: la enorme importancia que conceden a la educación física y deportiva. La calidad de las instalaciones deportivas de sus centros educativos, bien equipadas y dotadas de profesionales cualificados, supera con creces a las de la mayor parte de municipios españoles.

En aquellas latitudes es inconcebible desvincular la formación académica y la investigación del desarrollo del carácter y la personalidad de los futuros ciudadanos. Entienden que no existe situación pedagógica igualable a la exposición de un ser humano ante el reto de superarse a sí mismo, a enfrentarse a la oposición y/o colaboración con otros o a superar la incertidumbre que pueda presentar cierto medio natural cambiante. No es casualidad que tanto la Educación Física como la tecnificación deportiva sean monopolio de institutos y universidades y una cuestión de estado de primer orden.

En 1904, el presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, intervino personalmente e instauró las bases del deporte universitario norteamericano que hoy conocemos. En los países nórdicos prima la formación utilitaria y no hay alumno que no sepa nadar o esquiar con destreza después de pasar por su sistema educativo. Tienen claro que el desarrollo de la motricidad, además de implicar maduración cognitiva y emocional, es, como mínimo, tan importante como el resto de las materias. Y no es sólo esto, es que también la evidencia científica está concluyendo que aquellos estudiantes que realizan actividad física obtienen un mejor rendimiento académico en comparación con los que no la hacen.

En España, cualquier persona con una titulación obtenida en un fin de semana puede ejercer de entrenador personal y poner en peligro la integridad física y psicológica de los ciudadanos.

En España, la llegada de la Transición, supuso una renovación de la confianza en las Federaciones Deportivas, entes de carácter privado en las cuales se delegó, ya de manera oficial, las funciones públicas de desarrollo de la tecnificación y la competición deportivas. Lejos queda el eco de voces como las de José María Cagigal, que ya en 1981 denunciaba que la apreciación del deporte como cultura en España es muy baja. Es uno de los antecedentes que explican que, a día de hoy, España sea junto a Turquía el país europeo con menor número de horas de Educación Física en las aulas, algo especialmente acusado en Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Dejaron el solomillo para las Federaciones y los restos para el sistema educativo, justo al revés de lo que estaba sucediendo en los países punteros de nuestro entorno. Y lejos de cesar, la brecha entre aquellos países y el nuestro sigue creciendo.

Frente al fomento de la actividad física en el entorno laboral para aumentar la productividad y disminuir el absentismo, en España, la Administración no contempla medida alguna al respecto. Frente a la masiva práctica deportiva de las mujeres en Estados Unidos o los países nórdicos, la pobreza y las dificultades de las españolas para ejercer como deportistas amateurs, y no digamos ya como profesionales. Frente a los más de 6.000 millones de euros de costes anuales directos e indirectos sólo de enfermedades asociadas al sobrepeso y la obesidad en nuestro país, ninguna medida efectiva al respecto. Frente al desarrollo de la regulación de las profesiones del deporte en los países avanzados, la salud del ciudadano español se encuentra totalmente desprotegida al no contar con una ordenación, registro e inspección de profesionales cualificados.

En España, cualquier persona con una titulación obtenida en un fin de semana puede ejercer de entrenador personal y poner en peligro la integridad física y psicológica de los ciudadanos. El desarrollo de la receta médico-deportiva o la participación de los socios y aficionados en la gestión de sus clubes, algo demandado por organizaciones como FASFE, serían otras de las grandes asignaturas pendientes hasta la fecha.

Ante esta situación, los partidos políticos no ofrecen apenas soluciones. Además de relegar a la actividad física y el deporte a algo marginal, conservadores, pseudo-liberales, social-liberales y comunistas han configurado una gran coalición para mantener el statu quo imperante y que nada cambie en este ámbito. Ninguna voz firme, apenas algún movimiento del partido de Albert Rivera y nada de contundencia o decisión del resto para realizar algún tipo de propuesta relevante. Sólo retórica para felicitar al campeón de turno y frases sacadas del contexto deportivo, al más puro estilo de coaching motivacional, para jalear a la parroquia de correspondientes acólitos de partido. Un país que no se mueve no crece, no rinde y, tarde o temprano, languidece y se marchita. Se lo debemos a nuestras nuevas generaciones, nos lo debemos a nosotros mismos.