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El bebé de Carolina

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Foto: EFE

Como Gueina vuestra que soy, me han invitado a participar en un debate de rabiosa actualidad.

Carolina Bescansa se ha presentado en el Congreso con su bebé. Y el bebé ha pasado de mano en mano de sus señorías a lo largo de la mañana. Nada extraño, el bebé es precioso y achuchable.

Desconozco las razones por las que la Sra. Bescansa se ha llevado al bebé. Sus exegetas dicen que ha sido un gesto, un acto reividicativo como representante de todos aquellos padres (y cuando digo padres, me refiero a padres y madres, pero como buena tuitera hay que abreviar porque los caracteres obligan) que no pueden pagarse una guardería. Puede ser que le hayan fallado a última hora los recursos familiares/vecinales/cuidadores y, no teniendo con quién dejar al bebé en casa se lo haya tenido que llevar al trabajo. Puede ser que sea de esas madres amantísimas que no conciben estar en ningún sitio sin sus bebés y que son defensoras a ultranza de la lactancia materna a demanda y reniegan de los sacaleches y biberones, o puede que todo sea por el espectáculo.

Yo soy Gueina, mi realidad debe ser la del 0,0001% de los españoles, pero como Gueina vuestra que soy, os voy a dar mi opinión.

Muchas mujeres nos han precedido y luchado para que, como mujeres, tengamos más papel que el de madres. Para que seamos libres a la hora de decidir nuestras vidas sin tutela alguna. Podemos ser madres, profesionales, trabajadoras, personas, amigas, compañeras. Todo eso al mismo tiempo, pero no necesariamente a la vez.

Como mujer trabajadora que soy (la realeza no está para tirar cohetes en los últimos tiempos y, si no, que se lo digan a la infanta Cristina) cuando llego a mi trabajo, no soy madre, soy una mujer que se dedica a trabajar. Aunque pudiera, que no puedo, no traería nunca a este espacio de trabajo a mi bebé. Estaría más preocupada de él que de mi trabajo que exige atención y reflexión. Estaría pendiente de su gateo, de darle de comer, de cambiarle el pañal y de cogerle cuando llora. Pensaría también en los otros, en mis compañeros y en qué necesidad tienen ellos de aguantar a mi niño, o qué necesidad tengo yo de aguantar a los niños de los demás.

Aparte de por estas cosas de intendencia doméstica, tampoco me traería a mi hija al lugar de mi trabajo. Se es madre/padre para siempre, y ahí está mi madre, que con 70 años se sigue desviviendo por sus hijos cuarentones, pero yo no quiero ejercer de madre las 24 horas del día. Soy una madrastrona (sí, a veces nos hacen sentir malas madres) porque creo firmemente que hay vida más allá de mi hija en lo personal y en lo profesional. De modo que me parece sano que en el trabajo aparquemos la maternidad y nos centremos en otra faceta de nosotras.

Cuando salgo del trabajo, soy otra mujer, la mujer/madre que quiere estar con los cincos sentidos en esas cosas tontas que son la vida de nuestros hijos. Esas cosas que son sus amigos, sus primos, sus deberes, sus actividades extraescolares, sus cumpleaños y esas horribles funciones escolares que me aburren hasta la muerte.

Si Carolina Bescansa se ha llevado al bebé para concienciar sobre la necesidad de conciliar y reivindicar una implicación urgente y decidida de los poderes públicos, perfecto. Ahora bien, más allá del gesto, Carolina ya no es gente corriente, es miembro del poder legislativo de España. Le toca ponerse manos a la obra.

¿Cómo podemos combinar estas dos cosas, padres trabajadores? Con algo que han llamado "conciliación" que no sé lo que es, pero que a mi juicio no consiste en que nos llevemos a los hijos al centro de trabajo sino que tengamos tiempo para disfrutar de ellos en el espacio que merecen, los parques, la calle, los cines, la casa y el Burguer King (la familia me tira). Y que esto no lo tengan que hacer los abuelos (hay que levantar un monumento a los abuelos en este país) ni las personas a las que, previo pago, confiamos el cuidado de nuestros hijos, sino nosotros, sus padres, que para eso les hemos traído al mundo.

Para ello, para los que han renunciado a tener hijos porque no se lo pueden permitir, para los que siendo padres han renunciado a trabajar porque cuesta más una guardería que el salario que se va a percibir por el trabajo, para los que no tienen apoyo familiar, todos los recursos públicos necesarios para que la paternidad/maternidad sea fomentada a través de ayudas públicas, escolarización de 0 a tres años o guarderías públicas con plazas suficientes y jornadas laborales flexibles que nos permitan a mujeres y hombres que podamos ser todo lo que queramos sin que tener que renunciar nunca a nada...

De modo que:

Si Carolina Bescansa se ha llevado al bebé para concienciar sobre la necesidad de conciliar y reivindicar una implicación urgente y decidida de los poderes públicos, perfecto. Ahora bien, más allá del gesto, Carolina ya no es gente corriente, es miembro del poder legislativo de España. Le toca ponerse manos a la obra.

Si se ha llevado al bebé porque le ha fallado todo a última hora ¡qué putada! y ¡qué suerte, Carolina! La mayoría de nosotros, cuando nos falla todo a última hora, tenemos que pedir un día de permiso para quedarnos en casa con los hijos porque no podemos llevarlos al trabajo.

Si se ha llevado al bebé porque le gusta tenerlo todo el día a su lado, que lo disfrute, se pasa volando, tanto, que cuando aparecen en casa con el primer tatuaje, te preguntas: ¿cómo es posible que haya pasado tan rápido el tiempo si antes de ayer les estabas cambiando los pañales?

Si es por la defensa de la lactancia materna, es una opción personal absolutamente respetable, tanto como la contraria. Por cierto, los biberones son todo un invento, permiten hacer participar a los hombres (o a las mujeres, porque también hay parejas del mismo sexo que son madres) en la crianza de los hijos compartiendo esa tarea, la de alimentar.

Si ha sido por la foto, ¡enhorabuena! Lo ha logrado.

Mi querido pueblo, sed indulgentes conmigo, es la primera vez que escribo, ya sabéis que los discursos me los escriben siempre otros.