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A quienes juzgan a la madre del niño que cayó al recinto de los gorilas

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HARAMBE
REUTERS
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Harambe, un gorila de 17 años, fue asesinado de un tiro en el Zoo de Cincinnati, Ohio (Estados Unidos) después de que un niño de cuatro años se colara en el recinto del animal. [Fotografía de Reuters]

En algún punto, perderéis el control de vuestros hijos. Quizá durante un momento, quizá durante una hora. No importa el cuidado con el que los vigiléis. Y creo que es más difícil si vuestros hijos tienen cuatro años.

Con cuatro años, mi hija mediana concebía la vida como un escondite gigante. Todavía recuerdo el alivio que sentí cuando un guardia de seguridad me la trajo después de haberla perdido en un jardín botánico. No se había perdido, solamente se escondía detrás de una planta grande (y sus alegres risitas la delataron).

Los niños de cuatro años se meten en problemas donde quiera que vayan.

El sábado 28 de mayo oí la historia del niño de cuatro años que había caído en el recinto de los gorilas del Zoo de Cincinnati. El gorila, de unos 200 kilos, cogió al chiquillo; primero lo agarró con cuidado, pero luego se puso agresivo por el ruido que hacían los atemorizados espectadores. Cuando pasaron unos diez minutos, el personal del zoo disparó y mató al gorila para proteger la vida del pequeño.

Lo único que sentí fue empatía por la pobre madre, así que estuve pendiente del caso; y lo único que pude leer en Facebook fueron comentarios en los que se le condenaba por no vigilar a su hijo. ¿Qué?

Lo único que sentí fue empatía por la pobre madre, así que estuve pendiente del caso; y lo único que pude leer en Facebook fueron comentarios en los que se le condenaba por no vigilar a su hijo. ¿Qué? ¿Cómo podía una madre haber previsto eso? ¿Quién iba a pensar que un niño sería capaz de colarse en algún lugar en el que estuviera cerca de un gorila en un zoo? Y cualquier padre que se precie os puede asegurar que, cuando se trata de escaparse, un niño de cuatro años no tiene nada que envidiar a Houdini.

O cualquier niño, es más. Incluso mi hija mayor se ha perdido varias veces, aunque es bastante prudente. El año pasado, la perdí en el Museo Real de Ontario. Por aquel entonces, tenía siete años y era una niña muy cautelosa y responsable. Estábamos esperando al ascensor y, cuando se abrieron las puertas, salió una muchedumbre de él. No pude avanzar entre la multitud con el carrito, pero mi hija no tuvo problema en atravesarla. Cuando las puertas del ascensor empezaron a cerrarse, me di cuenta de que ella era la única pasajera. Vi el miedo en sus ojos y ella me vio luchando por llegar hasta ella. Y la perdí de vista.

No había ningún tipo de indicador que permitiera saber si el ascensor subía o bajaba. Miré a mi alrededor buscando unas escaleras, porque pensé que si corría lo suficiente la alcanzaría (aunque parecía poco probable, dado que llevaba a otros dos niños en brazos. Me puse a llorar porque no sabía qué hacer. Mi hija de cuatro años me notó distraída y, llena de malicia, intentó salir corriendo a esconderse, con su típica risita de deleite. La agarré por el brazo y la senté en el suelo al lado de su hermano pequeño.

"¡No os mováis!", ladré.

Todo me daba vueltas. Tenía que pensar. ¿Debería bajar las escaleras con los niños para ver si mi hija había bajado del ascensor? ¿Y si seguía montada y estaba volviendo? ¿Y si había subido en vez de haber bajado? Mi niña de cuatro años se disponía a salir corriendo otra vez.

Volví a sentarla en el suelo y le grité: "QUE NO OS MOVÁIS".

Detrás de mí, oía a la gente comentar entre murmullos mi no demasiado estelar actuación como madre. Alguien dijo que acababa de perder a mi hija en el ascensor. Me di la vuelta para ver al grupo de personas que me estaban mirando. Nadie se ofreció a ayudarme. Señalé a una persona al azar y le grité que bajara por las escaleras para comprobar si mi hija me estaba esperando en la planta de abajo. Cuando se acababa de marchar, se abrieron las puertas del ascensor y todos nos giramos para mirar. Se hizo un extraño silencio.

Nadie salió de él. Miramos a los pasajeros y ellos nos devolvieron la mirada. Pasaron unos segundos y pregunté si alguien había visto en el ascensor a una niña sola. Una mujer me contestó que sí y que la niña estaba bastante enfadada y esperando con un guardia de seguridad en el piso de abajo.

No entiendo por qué nadie me lo hizo saber en el momento en que se abrieron las puertas y me vieron la expresión de pánico y la cara llena de lágrimas. Mis hijos y yo cogimos el siguiente ascensor para ir a la planta de abajo. Vimos a mi hija de inmediato, que vino corriendo a mis brazos. Ambas lloramos y el guardia de seguridad que la había encontrado se me acercó para decirme que intentara vigilar a mis hijos, como si me estuviera contando algo que no supiera. Le di las gracias por el consejo. Después de todo, soy canadiense.

Ahora, cada vez que cogemos un ascensor, mis hijos y yo recordamos qué hay que hacer en caso de que nos separemos. Como madre que soy, hago todo lo posible por proteger y preparar a mis hijos, pero sé que no lo puedo prever todo. Los ascensores no forman parte de nuestra vida cotidiana, así que nunca se me había ocurrido hacer un simulacro de ascensor antes de esa visita al museo.

No hay necesidad de juzgar: todos perdemos el control de nuestros hijos en algún momento. Algunos con unas consecuencias más dramáticas que otros.

Tampoco hemos ensayado ningún protocolo para escapar de un gorila, ya que es una situación más que inesperada. Por eso es tan importante que, como padres o como personas, nos unamos cuando suceda lo inesperado. No hay necesidad de juzgar: todos perdemos el control de nuestros hijos en algún momento. Algunos con unas consecuencias más dramáticas que otros.

A la madre del niño de cuatro años que cayó al recinto de los gorilas del Zoo de Cincinnati: oí cómo le decías a tu hijo con calma "Mamá te quiere", cuando yo solo con ver el vídeo estaba de los nervios. Eres el tipo de madre que me gustaría tener cerca en los momentos de crisis. Como madre de dos ex niñas de cuatro años y de un niño de cuatro años en potencia, me alegro mucho de que tu hijo esté a salvo.

Tamara Watson escribe (en inglés) sobre la paternidad, la educación en casa y la vida en la vía lenta en www.unhurriedhome.com

Este post fue publicado originalmente en la edición canadiense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.