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Alemania: la letra pequeña de la gran coalición

26/09/2017 07:23 CEST | Actualizado 26/09/2017 07:23 CEST
EFE

Las elecciones alemanas han sido menos analgésicas para los retos que afronta la Unión Europea de lo previsto. La victoria pírrica de Merkel se ha visto agravada por la irrupción como tercera fuerza del partido de ultra derecha AfD. Las encuestas situaban al partido de Ángela Merkel como la gran vencedora de los comicios, algo que pudo espolear el voto hacia otros partidos con una oferta electoral conservadora menos desdibujada, que garantizaría un menor coqueteo de la canciller con políticas socialdemócratas, en especial con lo referente a su política de acogida de los refugiados.

La irrupción con fuerza de un partido filo nazi en el Bundestag, por primera vez desde los años 50, confirma la tendencia iniciada por Amanecer Dorado en Grecia, Jobbik en Hungría, FPÖ en Austria, el Ukip en Reino Unido, PVV de Wilders en Holanda, Trump en EEUU o del Frente Nacional en Francia. Los discursos nacionalistas de rechazo al migrante como culpable de los males de las clases populares y el rechazo a las organizaciones supranacionales está inoculando a las sociedades avanzadas del mayor mal del siglo XX, el nacionalismo totalitarista y que parecía haber sido superado gracias a los valores de igualdad y libertad, de la razón y la verdad, que con gran maestría describe Tzvetan Todorov en su libro "El espíritu de la ilustración".

En el caso alemán, según los sondeos, el crecimiento del AfD ha sido fundamentalmente a costa de los dos grandes partidos que integraban la gran coalición, CDU/CSU y SPD, y por lo tanto, de los votantes decepcionados con las políticas puestas en marcha durante la última legislatura. Una pérdida electoral que sumando los dos partidos se ha reducido del 67,2% de la cámara hasta el 53,7%. En el caso francés, los dos grandes partidos mayoritarios, republicanos y socialistas, ni siquiera tuvieron la confianza de los electores para pasar a la segunda vuelta a favor de Le Pen, y en el caso estadounidense, el discurso de extrema derecha de Trump ganó las elecciones.

Los partidos gubernamentales más moderados se han quedado desdibujados a nivel ideológico debido a las constricciones del gobierno y a las limitaciones de la política.

La tendencia de crecimiento de los partidos de extrema derecha es 'trans ideológico' y multipartidista, proviene de votantes decepcionados, desengañados, incrédulos, castigados por los efectos de una crisis económica que ha azotado con fuerza a clases medias/populares. Su porcentaje en términos absolutos es significativo, hasta tal punto que pueden suponer movimientos tectónicos significativos en el sistema de partidos, llegando incluso a su implosión, como en el caso de Francia. Son votantes que necesitan creer - que no razonar- en soluciones concretas, en liderazgos fuertes que que señalen culpables tangibles y que les prometan un futuro que los considere como un objetivo político prioritario. Ante estas demandas de claridad, los partidos gubernamentales más moderados se han quedado desdibujados a nivel ideológico debido a las constricciones del gobierno y a las limitaciones de la política. Ante esta política líquida, los votantes buscan opciones sólidas aunque solo supongan un trampantojo espeluznante que azota el germen del odio a la alteridad.

Tras conocer los resultados, Merkel y Schulz renegaron de la gran coalición conscientes de que diluirse ideológicamente en el centro les ha podido pasar una factura histórica. Alemania confirma un riesgo real sobre el espíritu de la ilustración,

sabedores de la dimensión de la tragedia que supone la irrupción como tercera fuerza de un partido filo nazi, el SPD anunció su salida del gobierno la misma noche electoral, debe asegurar que la visibilidad de la "jefatura de la oposición" para construir una alternativa real de gobierno. Según los resultados, la gran coalición tenía letra pequeña.